Música clásica desde 1929

Editorial

La música en los medios
Marzo 2020 - Núm. 938

La música en los medios

La información musical es ofrecida mayoritariamente en nuestro país por un grupo de revistas especializadas, diversas páginas Web, contadas emisoras de radio y singulares plataformas online, además de ciertos destacados blogs y foros. A todo ello habría que sumar los espacios que, sin frecuencia fija en la actualidad, aparecen en los distintos medios generalistas.

Centrándonos en primer lugar en los medios generalistas, deberíamos denunciar la continua desaparición de las secciones fijas sobre música clásica en sus ediciones, donde ya solo se publica información puntual de eventos y noticias sobresalientes, con reclamo popular, y con ausencia casi total de información discográfica, pese a que siguen apareciendo más de 100 títulos de novedad al mes; honrosa excepción son los periódicos locales. ¿Quizá se deba a la caída de inversión publicitaria de las discográficas?

Las emisoras de radio especializadas dan una información musical muy variada, con excelentes colaboradores, y una parrilla de audición musical amplia y habitualmente al día en retransmisiones de eventos, festivales, conciertos, así como de novedades discográficas y recuperaciones de registros sonoros de fondos de catálogo. En estas emisoras, aunque disponen de presupuestos muy ajustados (puesto que en la mayoría de los casos estos provienen del sector público), la actividad no está condicionada por los vaivenes del mercado publicitario.

Las páginas Web sobre música clásica, muy numerosas para la realidad del mercado español, presentan una mayor frescura y aires de renovación informativa acorde con los tiempos. El esfuerzo de todas ellas es encomiable pues, en su mayoría, depende del empeño personal, no remunerado profesionalmente, de jóvenes y no tan jóvenes críticos, musicólogos y periodistas musicales que buscan, además de los objetivos informativos, una salida laboral futura. Para ello solo cuentan con los ingresos de la venta de sus banners publicitarios que, a los precios actuales, imposibilitan la rentabilidad profesional del proyecto, a no ser que estén dentro de un grupo empresarial más amplio con diversificación de negocios.

Los blogs, los foros en Internet, así como distintas cuentas de carácter informativo en Facebook y Twitter, son acciones a título casi siempre personal (excepto las que van asociadas a los distintos medios profesionales) que dan otra visión de la realidad musical, bajo el prisma de los críticos independientes y de aficionados de a pie, como ya indicamos en su momento desde esta misma página editorial. Un área informativa muy activa que no precisa financiación, pues los costes del soporte son mínimos y el trabajo redaccional suele ser completamente amateur.

Las revistas especializadas, que ofrecen una información muy necesaria para el mantenimiento de la imagen de la vida musical en España, se encuentran en una difícil posición, pues no están soportadas por grandes grupos editoriales (son pequeñas empresas casi personales) y se han visto obligadas a abrirse al mundo de Internet, manteniendo sus ediciones impresas. Este esfuerzo les ha obligado a un incremento en la inversión, que por el momento no se refleja en el aumento de los lectores de pago, a lo que hay que añadir un mercado publicitario a la baja y el escaso apoyo institucional.

Además no podemos ocultar que dicho mercado publicitario es cada día más dependiente de organismos y entes oficiales dependientes de financiación estatal, algunos de ellos con continuas presiones a la bajada en sus tarifas y con, en determinados casos, querencias propias hacia medios y soportes concretos, muy lejos del justo reparto entre los distintos actores consolidados del sector y que debería ser, en todo caso, norma de actuación por parte de una empresa pública o de entes soportados con dinero público. Hablamos por experiencia propia, y reciente.

España es un mercado muy pequeño para la música clásica, por razones culturales e históricas, y sin la suficiente base educativa popular. Por ello, quizá seamos demasiado numerosos los actores que tenemos el deseo informativo, queriendo además profesionalizarlo. Quizá la oferta musical sea muy superior a la demanda real del mercado. Quizá la inversión publicitaria del sector sea mucho menor de lo que pensamos. Quizá la falta de nuevos lectores se deba al “gratis total” que promueve Internet. Quizá estemos escasos de patrocinadores culturales, ya que todavía no disponemos de una moderna Ley de Patrocinio. Ante tantas dudas, veremos lo que nos depara el futuro.

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