Sigue viento en popa la programación de Ibermúsica con la visita de la Orquesta Filarmónica Eslovaca, una orquesta no muy habitual por nuestras tierras y que con Ibermúsica solo había venido en 1973 y en 1994. En los atriles, un programa exigente y variado con dos obras muy conocidas, que cualquier aficionado medio sabe tararear, una obra magistral de obligado conocimiento, y un estreno en Madrid de un compositor español.
Comenzó la velada con el poema sinfónico más famoso de Smetana, El Moldava, homenaje al río que atraviesa Praga, y que con sus diferentes escenas nos muestra el trascurrir del río desde su nacimiento hasta su desembocadura. Versión notable la de la Orquesta Filarmónica Eslovaca que mostró desde el principio su buen nivel, caracterizada por unos tiempos rápidos, quizá demasiado, y a la que faltó un punto de sutileza en la escena nocturna.
A continuación, el estreno en Madrid del Tercer Concierto para piano de Jesús Rueda (ver entrevista en RITMO), que lleva unos años con una producción musical incesante y extensa como demuestran sus 16 cuartetos de cuerda escritos entre 2019 y 2023, o los tres conciertos de piano de fechas recientes, el primero de 2022, el segundo de 2023 y el tercero de 2025.
Dividido en los clásicos tres movimientos propios de esta forma musical desde el Barroco, despliegan un pianismo formidable, lo cual no es de extrañar siendo él mismo pianista, y también una dificultad extrema, - un año ha estado preparando Noelia Rodiles esta obra-, pues al virtuosismo técnico exigido se añade que no hay patrones repetidos y que cada repetición tiene alguna mínima diferencia, lo que obliga al intérprete a no descuidarse. La orquestación de la obra es excelente, con multitud de ideas interesantes en el continuo diálogo entre solista y orquesta, y tiene una duración de 31 minutos, siendo el segundo movimiento, Adagio, el más largo con doce minutos, y que quizá podría haber sido estructurado de manera menos extensa. En cualquier caso, la interpretación fue óptima, gracias a la complicidad y entrega de Raiskin en su dirección, y a una intérprete de la talla de Rodiles, que hizo lo difícil fácil y musical.
La segunda parte se inició con una versión memorable del último ciclo de Mussorgski, Cantos y danzas de la muerte, escrito entre 1871 y 1877 y orquestado por Glazunov, Rimski-Korsakov y Steinberg, el yerno de Rimski-Korsakov. Nunca habíamos escuchado en directo al joven bajo-barítono Marko Mimica, y es una voz de primera línea, bien pertrechada de buena técnica y musicalidad, homogénea en sus registros y de buen volumen. Cantó, de memoria, una versión memorable de esta impactante música. Aquí brilló especialmente la dirección atenta de Raiskin con una orquesta entregada.
Y finalmente un colofón de oro como son las Danzas Polovsianas, auténtica prueba de virtuosismo para cualquier orquesta, y que, de nuevo, nos hizo ver que la Orquesta Filarmónica Eslovaca es una orquesta de auténtico nivel. Especialmente bello el timbre del oboe con un sonido bien proyectado que llenó la sala grande del Auditorio. Los aplausos numerosos obligaron a director y orquesta a regalarnos una propina, una danza eslovaca, que fue un acertado cierre al concierto.
Jerónimo Marín
Orquesta Filarmónica Eslovaca.
Noelia Rodiles, piano.
Marko Mimica, bajo.
Daniel Raiskin, director.
El Moldava de Smetana. Concierto para piano nº3 “Ríos de Invierno” de Jesús Rueda. Cantos y danzas de la muerte de Mussorgski. Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor de Borodin
IBERMÚSICA. Auditorio Nacional, Madrid. 05-03-2026.
Foto © Rafa Martín - Ibermúsica