Jesús Rueda concibe el mundo de manera especial, con una sensibilidad palpable en sus creaciones. La literatura y la música van de la mano en su obra y la poesía añade una capa de contexto más a sus composiciones. En un mundo caótico que va a toda velocidad, al compositor le inspiran los contrarios: tanto el ruido de una gran cuidad como la soledad de un lugar remoto y, ante todo, busca con su música traer al público de vuelta al presente, para que pueda encontrarse tras el bullicio o el silencio.
Desde que comenzó sus estudios de piano en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con Joaquín Soriano y su formación en composición con Luis de Pablo y Francisco Guerrero, Jesús Rueda ha buscado expandir constantemente los límites de la música contemporánea española. Su curiosidad lo llevó a perfeccionarse con maestros como Luigi Nono, Manzoni y Gentilucci, y a explorar la música electroacústica de la mano de Horacio Vaggione, construyendo un lenguaje propio que combina intensidad sonora, reflexión y una estructura precisa.
Ahora, tras el estreno internacional de su Concierto para piano n.º 3, Rivers in Winter, en Bratislava, el compositor regresa a España para presentar la obra en el ciclo de Ibermúsica el próximo 5 de marzo, donde será interpretada por la pianista Noelia Rodiles y acompañada de la Filarmónica Eslovaca, ofreciendo al público madrileño una nueva oportunidad de adentrarse en su universo sonoro. Un universo lleno de referencias literarias, figuras sonoras y naturaleza.
Tras el estreno del Concierto para piano núm. 3 en Bratislava, ¿cómo afronta el estreno en España de esta obra el próximo 5 de marzo?
El estreno en Bratislava fue muy inspirador, me dio confianza en el camino musical que voy construyendo y me ayudó a hacer algunas correcciones esenciales –esto siempre y en cualquier caso– para la mejora de la obra. La experiencia eslovaca fue maravillosa: una gran orquesta, un gran director, una gran pianista y un auditorio y público inmejorable. Me gustaría que el estreno madrileño sea fresco, directo y creativo, que la música le cuente al público cosas que le resulten actuales e interesantes; que haya sido capaz de reflejar en esta música algo próximo a estar presentes en el mundo de hoy.
No es la primera vez que sus obras se presentan en Ibermúsica. Es el caso de este Concierto para piano num.3, o de la Sinfonía num. 4 “July” ¿Cómo describe su relación con el ciclo?
Es una historia que se remonta a muchos años atrás. Al principio fueron varios conciertos con la Orquesta de Cadaqués, una orquesta increíble, y posteriormente con otras grandes orquestas como Finnish Radio Symphony Orchestra., Filarmónica de Hamburgo, Orquesta de Castilla y León o Gustav Mahler Jugendorchester. Es un verdadero privilegio haber formado parte de la programación de lujo de Ibermúsica. En 2017 Llorenç Caballero -director de Ibermúsica- me nombró compositor en residencia y esto fue algo muy importante en mi trayectoria como compositor. También le estoy muy agradecido a Alfonso Aijón por haber creído en mí.
Su Concierto para piano núm. 3 se titula Rivers in Winter y está inspirado en buena medida en los poemas de Jorge Manrique. ¿Qué lugar ocupa la literatura en su proceso de creación?
No entendería el mundo que percibo sin la ayuda de la literatura. Pensé que le debía algo a Jorge Manrique por haberme hecho feliz con su poesía, pero también a Horacio y Fray Luis. En realidad, hablan de lo mismo, de lo esencial. Pero si echo la vista atrás veo que hay bastantes obras con referencias literarias en mi producción: Garcilaso, Quevedo, Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, Cervantes, Schnitzler, Raymond Roussel, Lorca, T. S. Eliot y tantos otros. No sé por qué, pero cada vez el mundo se me va convirtiendo más en literatura, o tal vez contemplo el mundo a través de ese filtro.
Tanto su Sonata para piano The Butterfly Effect como Rivers in Winter han sido pensadas para una pianista en concreto: Noelia Rodiles. ¿Cómo influye la relación compositor-artista a la hora de crear una pieza? ¿Cómo describe esta colaboración con ella?
Creo que es determinante en la música que escribes la relación que tienes con la intérprete, en este caso Noelia. El primer encuentro fue en la Fundación Juan March en un evento musical que había preparado Polo Vallejo, uniendo música de la tribu Wagogo, que él tan bien conoce, con música del propio Polo, de Ligeti y mía. A partir de ese momento vino el encargo de Noelia para escribirle una sonata, la n. 7, The Butterfly Effect. En el proceso he ido conociendo su gran técnica y profundidad musical, lo que me empujó a escribirle el concierto Rivers in Winter. Ella no sabía que lo estaba componiendo y supongo que se asustaría cuando vio la barbaridad que le había escrito. Me gusta su frescura, su ligereza, su efervescencia, cómo se enfrenta al reto laberíntico de construir una obra de esas dimensiones. No es fácil, requiere entender los procesos intrincados en los que se articula el discurso sonoro. El resultado lo podremos ver el próximo 5 de marzo en el Auditorio Nacional.
Usted ha escrito obras para distintos formatos, en este caso nos enfrentamos a una gran partitura sinfónica, ¿cómo concibe la escritura para gran formato y cuál es su búsqueda personal en términos de color, textura, atmósferas o narrativas?
La orquesta me resulta un mundo fascinante por las posibilidades que presenta en su variedad instrumental y en el número de músicos que la compone. Te permite un sonido enorme y que, por su densidad, solo lo puedes conseguir con un número determinado de instrumentos. Creas mixturas que generan espacios sonoros únicos. Pero también espacios de una intimidad irreal. En este caso el contraste es palmario porque hay que enfrentar a toda una gran orquesta con un piano y conseguir un difícil equilibrio entre ambos mundos. Intento ir combinando texturas con timbres para modelar colores y formas que me resulten interesantes y evocadores.
¿Cómo ha sido trabajar con la Filarmónica Eslovaca y qué ha aportado esta orquesta a la obra?
En realidad, ha sido extraordinariamente fácil, gracias al profundo conocimiento del director, Daniel Raiskin, de la partitura. Tuvimos un primer ensayo Noelia, Raiskin y yo en Bratislava. Noelia tocaba su parte y Daniel dirigía y cantaba la parte de orquesta. Fue increíble. Al día siguiente, con la orquesta y solista todo fluyó de una forma natural. Hay que apuntar que el auditorio donde tiene su sede la orquesta es un espacio muy bello y con un sonido especial, y tanto director como orquesta lo conocen perfectamente. La aportación de la orquesta a la obra son las correcciones que he aplicado para el estreno madrileño, ha sido muy útil y productiva la experiencia.
Los títulos de sus obras, como Sinfonía n.º 2, “Acerca del límite” o Sonata n.º 4, para piano “Night Thoughts” son muy sugerentes y poéticos. ¿De dónde proceden sus ideas musicales y cuál es su relación con los títulos de cada obra?
Componer es manipular lo invisible, lo evanescente y en cierto modo lo abstracto. Es cierto que también usamos figuras sonoras, figuras que trazan dibujos e imágenes en el aire. Estas pueden proceder de un estímulo visual que queda formulado en alguna imagen sonora. A veces son estructuras, o texturas; otras, paisajes con personajes, o referencias a la tradición y su desarrollo en tu propio lenguaje. La más de las veces comienzas tirando de un hilo y va saliendo el resto mientras lo vas tejiendo. Los títulos a veces los pienso desde el principio, y determina el curso de la pieza; otras veces lo pongo al finalizar la obra, porque sin haber sido muy consciente del hilo de la música, esta determina al finalizar en qué consistió el trayecto.
¿En qué proyectos se encuentra trabajando ahora?
Actualmente me encuentro en la mitad de una sinfonía, la núm.17, una obra de alrededor de una hora de duración. También empiezo el segundo concierto para violonchelo y orquesta y una canción para voz, clarinete y piano sobre textos de José Hierro, un encargo que me ha hecho Carmen Esteban.
En su música conviven una gran energía sonora y momentos de intensa introspección. ¿Cómo trabaja ese equilibrio entre lo estructural y lo expresivo?
Para mí la música es un difícil equilibrio de fuerzas, inercias, dinámicas, fuertes contrastes enfrentados. Grandes densidades que resuelven en líneas muy delgadas, el fortísimo en pianísimo, el todo en uno, lo veloz en la quietud. Me atrae tanto el bullicio de una gran ciudad como la soledad en el lugar más remoto del mundo. Pero esta es mi percepción también del mundo actual.
por Sandra Barrientos