La presencia de la Pasión según San Juan de Bach en la temporada de abono de la Filarmónica de Gran Canaria de la mano de su director titular Karel Mark Chichon constituyó toda una rareza y planteaba interrogantes, pues ni el conjunto grancanario ni Chichon son intérpretes habituales de la obra del alemán. Se recurrió a una versión de concierto con las certeras aportaciones escénicas de Mario Pontiggia que ideó un escenario sobrio y sutilmente iluminado, sobre el que se desarrolló la acción, con entradas y salidas de los cantantes de arias, salvo el evangelista y Jesús, siempre presentes delante del coro. La proyección sobre una pantalla situada al fondo de la escena de los textos en español fue todo un acierto que permitió seguir el desarrollo de la acción sin dificultad.
Para su acercamiento a la magna obra bachiana, Chichon hizo uso de su reconocida capacidad como director operístico, la pasión no deja de ser un drama musical sacro, en una interpretación de acentuado dramatismo y remarcados contrastes dinámicos. Muy meditada en los tempi, lo suficientemente ágiles para mantener el desarrollo del discurso sin caídas de tensión, pero dejando amplio espacio al desenvolvimiento melódico e introspectivo en las grandes arias. Para ello tuvo como base a una Filarmónica de Gran Canaria de plantilla reducida con una cuerda a 6/6/3/3/2, a la que se sumaron viola de gamba, archilaúd y órgano de cámara junto a parejas de flautas, oboes, fagot y contrafagot. Pese a su escasa frecuentación del repertorio barroco, la orquesta se desenvolvió con soltura y estilo, ofreciendo una sonoridad de gran limpieza y ricamente variada en su colorido tímbrico, tanto en conjunto como individualmente los numerosos solistas que intervinieron en las arias. Ajustada en la marcación rítmica, especialmente un bajo continuo siempre presente pero flexible para evitar la monotonía y una rígida pulsación rítmica.
La otra gran baza de la noche fue el Coro de la Radio de Letonia, constituido para esta ocasión por 24 cantantes, 6 por cuerda, impecables en la afinación, en su conjunto y desglosados por cuerdas, precisos en los ataques, de sonoridad redonda y empastada y gran claridad en los corales fugados, donde era posible seguir sin problemas el desarrollo de cada una de las voces. La amplia paleta dinámica que la batuta les exigió proporcionó riqueza y variedad a su lectura que culminó sin asomo de cansancio, después de dos interpretaciones de la pieza en días consecutivos.
El conjunto de solistas fue elegido con gran acierto por Chichon, comenzando por el evangelista de Mark Padmore. El tenor británico, reconocido interprete de las pasiones bachianas, apechugó con una parte extenuante y escasamente agradecida, que sacó adelante con diáfana dicción y una amplia panoplia de recursos expresivos, en una lectura de gran teatralidad que mantuvo el interés del oyente, pese a que su voz, aún en buen estado, no presenta la flexibilidad de otros tiempos y la insistencia en un incómodo registro de paso lo pusieron en más de un aprieto, que solventó gracias a su técnica y el bagaje acumulado en su amplia carrera.
La mezzo Adèle Charvet supo aprovechar la debilidad que Bach sentía por este tipo vocal, cantando con delectación, reconcentrada expresividad y calidez, exhibiendo un timbre oscuro, graves sugerentes, que la cantante tuvo el acierto de no forzar, y desahogadas subidas al agudo. Su conocida aria “Es ist vollbracht” con acompañamiento de viola de gamba -excelente María Barajas- constituyó una de las cumbres de la noche.
La soprano Kateryna Kasper afrontó con seguridad su participación en una parte compleja por el virtuosismo vocal exigido, de amplios intervalos y una afinación especialmente ardua, que la cantante superó holgadamente gracias a una voz de lírico-ligera de grata sonoridad manejada con solvencia y certeramente proyectada, lo que no evitó algún síntoma de cansancio en la segunda parte de su extensa aria “Zerfliesse, mein Herze”
Raoul Steffani se hizo cargo del personaje de Jesús y las arias para bajo, exhibiendo una voz de barítono lírico fresca y bien armada, muy flexible en su desenvolvimiento y de amplio fiato, lo que le posibilitó mantener amplias líneas legato, solventando con suficiencia y sin cambios de color sus bajadas al grave, siempre problemáticas cuando un barítono se hace cargo de esta parte.
Peter Harvey hizo valer su amplia trayectoria bachiana en unos convincentes Pedro y Pilatos, mientras el canario Gabriel Álvarez aprovechó su arioso para dejar constancia tanto de la calidad de sus medios tenoriles como de su expresividad.
Juan Francisco Román Rodríguez
Kateryna Kasper, soprano. Adèle Charvet, mezzosoprano. Mark Padmore, tenor. Gabriel Álvarez, tenor. Raoul Steffani, barítono. Peter Harvey, barítono.
Coro de la Radio de Letonia.
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Karel Mark Chichon.
Mario Pontiggia, director de escena.
Obras de Bach.
Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.