Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Hacia la memoria: el exilio como olvido y mordaza - por Justino Losada

Madrid - 16/03/2026

Si en el anterior concierto, acaecido hace un mes justo, de la edición del Focus Festival 2026, Pioneras y Exiliadas, preparado por la musicóloga Elena Torres (ver entrevista en RITMO), la Orquesta Nacional de España y Carlos Miguel Prieto reivindicaban la producción y el exilio mexicano de Rosa García Ascot y María Teresa Prieto, el pasado viernes se ampliaban las geografías y los anhelos de las compositoras transterradas a los territorios de Argentina y Puerto Rico y, también, al más traumático de los exilios, el interior, aquel que hace ajeno hasta la casa propia y cuyo concepto, ya viejo, precisa hoy, en pleno 2026, menos eufemismos para explicar lo que fue una realidad amordazada. Fueron así protagonistas las músicas de las compositoras María de Pablos, Montserrat Campmany y María Rodrigo junto a obras de Alberto Ginastera y Roberto Sierra, que ejemplificaron el carácter anfitrión de los países de acogida y, en cierta manera, la influencia del legado artístico de la diáspora española de posguerra resaltándose un nexo global común: el empleo de la música popular. Para conducir este complejo programa se contó en esta ocasión con el director valenciano Francisco Valero-Terribas, inquieto músico de gesto preciso, técnica al servicio de las partituras y gran musicalidad junto a la ya mencionada musicóloga, Elena Torres, que glosó con excelente criterio y de forma sintética las vidas y contextos de unas mujeres que luchaban por hacer valer su propia voz.

El breve Ave verum, motete para coro, órgano y orquesta que la segoviana María de Pablos escribiera a sus 23 años, abrió el concierto. Fechado en 1927 y concluido –junto a su poema sinfónico Castilla- como trabajo fin de carrera, fue clave para obtener el primer premio de composición en el Real Conservatorio de Música de Madrid, lo que le permitió  ser la primera mujer becada por la Academia de España en Roma al año siguiente. Desde Roma, París fue  el destino en el que sería valorada, en una sociedad más tolerante, por Paul Dukas o Nadia Boulanger. Diez años después, y por causas no esclarecidas, sería recluida de por vida en el psiquiátrico Esquerdo de Carabanchel hasta su muerte en 1990 malográndose su prometedora carrera.  Pese a sus compactas dimensiones, el tripartito Ave verum muestra, sobre un austero armazón neoclásico, un muy equilibrado despliegue de las voces y sencillez melódica sobre armonías transparentes, elementos que Valero-Terribas supo delinear y resaltar con buen criterio para obtener una notable lectura por parte de la Orquesta y Coro Nacionales de España.

Resultaba de enorme interés la presentación–más bien el redescubrimiento- en Madrid de Visión sinfónica, obra de 1929, de la barcelonesa Montserrat Campmany. Residente en Argentina desde 1909, donde estudia piano, violonchelo y composición, retorna a España en 1928 para estudiar el método Dalcroze de educación musical. En ese tiempo presencia el estreno de su Visión sinfónica, obra episódica de lenguaje inmediato -cuasi cinematográfico- que acusa la influencia de la tímbrica raveliana y el exótico esquema sonoro de las escalas pentatónicas, propias del folklore incaico, en un discurso de carácter melódico, bien urdido, y de cuidadas transiciones que tradujo un muy inspirado Valero-Terribas, atento a los detalles y a la expresividad melódica de esta creación, frente a una bien matizada Orquesta Nacional.

Estrenada por la Orquesta Pau Casals en el marco de la Exposición Universal de 1929, Visión sinfónica es jalón de un éxito efímero de alguien que, tras una década trabajando como pedagoga, ha de volver a Argentina al finalizar la guerra civil.  De ese mismo país, que también acogería a Julián Bautista, Jaume Pahissa o al mismo Manuel de Falla, surgiría su principal creador y, en definitiva, uno de los más importantes compositores americanos, Alberto Ginastera, de quien escuchamos las Danzas del Ballet Estancia que extrajera en 1943 de su ballet homónimo datado dos años antes.  Música de un vigor stravinskiano sin igual, de marcados ritmos repetitivos, y envuelta en una orquestación colorista y luminosa es, posiblemente, una de las partituras de mayor éxito en las que el folklore más telúrico se encuentra con los efectivos de la orquesta sinfónica. Con notable empaque, la Orquesta Nacional de España ofreció una buena interpretación con un Francisco Valero-Terribas preciso en todos los detalles de esta frenética obra aunque, quizás, faltó algo más de depuración sonora y equilibrio entre familias instrumentales así como una proyección sonora algo más ventilada.

La segunda parte del concierto nos llevó a Puerto Rico, país donde se radicó la madrileña María Rodrigo. Talento precoz y pionero de la música española, la también políglota Rodrigo se formó por Francia, Alemania y Bélgica para regresar a España como concertadora y docente donde se interpretó Becqueriana, logrando el primer estreno de un ópera compuesta por una mujer en nuestro país. El estallido de la guerra la lleva a un periplo entre Cannes, Ginebra, Bogotá y, finalmente, San Juan donde trabajaría en la Universidad de Puerto Rico y residiría hasta su fallecimiento en 1967.

De ella escuchamos con fantástica claridad, mucho mejor equilibrio y prestancia de la Orquesta Nacional una lectura animada de sus Rimas infantiles de 1930, que el director valenciano desgranó en una muy cuidada recreación, rica en matices, que exhibió la gran paleta instrumental de esta música. Organizada como suite en cinco movimientos, Rodrigo aúna, al estilo de Respighi en I Pini de Villa Borghese o, posteriormente, Esplá en La Pájara Pinta, diferentes canciones infantiles cuyas melodías entrelaza con sofisticados juegos rítmicos y armonías bitonales, para crear amplios desarrollos y variaciones en estructuras canónicas que evidencian un eclecticismo –de excelente factura, eso sí- a caballo entre el neoclasicismo de la época y las formas tradicionales.

Aunque el puertorriqueño Roberto Sierra no llegara a las clases de María Rodrigo, el legado del exilio hispánico se siente ante la mirada de la tradición que ejerce en sus Fandangos para orquesta del año 2000, al transformar el conocido fandango de Antonio Soler –suerte de moto perpetuo por el que también transitaron Cristóbal Halffter, Claudio Prieto o Tomás Marco- en un conjunto de variaciones sobre su propia paráfrasis a las que añade gestos de Boccherini, Scarlatti y de su propia factura. El resultado es una suerte de concentrado hiperfandago, como gusta denominar el mismo compositor, por la superposición de materiales melódicos con su juego de densidades y, sobre todo, por su orquestación brillante y su culminante conclusión. A ello se dieron Valero-Terribas y la Orquesta Nacional de España en una versión bien contrastada,  con muy acertado swing, y de brillante realización con el que cerró el concierto. Una vez más, cabe agradecer encarecidamente a la Orquesta y Coro Nacionales de España por recuperar un repertorio que, siendo muy infrecuente, enriquece la memoria de quienes somos.

Justino Losada

 

Orquesta y Coro Nacionales de España / Francisco Valero-Terribas

Obras de De Pablos, Campmany, Ginastera, Rodrigo y Sierra

Focus Festival -  Orquesta y Coro Nacionales de España. Temporada 2025/2026

Auditorio Nacional, Madrid

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