Pocos cantantes nos ofrecen un retrato tan sincero y una visión íntima sobre su trayectoria, como sucede en esta entrevista con Pablo García-López, un músico, como él se define, que reflexiona sobre su evolución artística tras veinte años de carrera profesional. El artista describe su transición desde una intuición juvenil hacia una madurez técnica que le permite abordar con solidez el nuevo repertorio barroco que se le ha aparecido, por “una serie de confluencias”, y la música contemporánea.
Durante la charla, se analiza su estrecha relación con instituciones como la Orquesta de Córdoba, con la que en mayo celebró un concierto conmemorativo especial, y la gran mayoría de los teatros escénicos españoles, así como su versatilidad para interpretar roles de gran complejidad, muchos de ellos presentes en su agenda más inmediata.
Además, el cantante subraya la importancia de la preparación intelectual de las obras y defiende con firmeza la necesidad de potenciar el género del Lied y la canción española. Finalmente, destaca que su voz ha ganado cuerpo y color de forma natural, permitiéndole disfrutar de una etapa profesional plena y polifacética. Y ante la pregunta de qué compositor escogería para una isla desierta... pasen y lean.
El mes pasado tuvo un regreso muy emotivo a Córdoba, 20 años después...
A Córdoba ha vuelto una persona totalmente distinta. Hace 20 años era un niño que lo único que sabía era que tenía una pasión por hacer música, por aprender; eso sigue. Pero era muy naive, muy inocente. Y cantaba porque tenía una intuición muy grande. Esa intuición tan grande la vieron muy pronto algunas personas, entre ellas Manuel Hernández Silva. Se convocó en Córdoba un premio por el año Mozart, que fue en 2006. Y yo me presenté, principalmente porque estaba en la ciudad. La llegada de Manuel a la orquesta fue una bomba atómica porque revolucionó mucho la ciudad. Y me presenté al concurso ideado por Manuel. Cuando me escuchó, me dijo: “tienes una voz muy especial, es una voz mozartiana y te vamos a conceder el premio Mozart”. El premio no tenía dotación económica, sino cantar con la orquesta. Y ese fue el primer concierto que hice.... Y con los años he seguido en contacto con la orquesta; para mí son como parte de mi familia y de mi formación. Porque he ido creciendo cantando programas distintos con ellos y con distintos directores que han ido viniendo. Ha sido una constante en estos 20 años, siempre haciendo programas con ellos. Pero ahora ha vuelto una persona distinta, con otro bagaje. En estos 20 años he tenido la suerte de hacer muchísima música con grandísimos directores y gente con la que he aprendido. Y ahora creo que he vuelto a disfrutar y hacer algo en homenaje a ellos.
Si aterrizara una nave de otro planeta y a la primera persona que se encontrara fuera a usted y le dijeran... ¿A qué se dedica? ¿Qué hace?
Pues yo le diría que me veo primero como un músico. Antes que cantante, soy músico. Una persona que le gusta investigar sobre música, sobre colores de voz, sobre intenciones del texto... Me veo cada vez más como un trovador, casi que como un cantante. Mi formación musical fue muy completa y me gusta trabajar y conocer muy bien lo que sucede en la música, en los textos y los subtextos. Y con ese ímpetu y con esa manera de ver la música es con lo que me enfrento a la obra. Ya sea un Lied, ya sea una Misa de Schubert o ya sea una ópera. Creo que esto es lo importante. Y dependiendo de la obra voy buscando el estilo, la manera de interpretarla, el color, la manera del texto. Asocio mucho la preparación del rol o de la obra, no solo al momento de los ensayos de interpretarla, sino a la preparación previa, que es muy importante y además tiene asociados muchos recuerdos que me gustan. Porque recuerdo cómo preparé, por ejemplo, mi primer Elixir de amor o cómo preparé mi primera Bella molinera, viajando a otra ciudad para preparar estas obras durante meses con alguien especializado.
Su agenda está repleta de compromisos. Por ejemplo, sin ir más lejos, ¿qué tiene en Les Arts?
En Les Arts estoy haciendo el rol de Pang en Turandot. En su día me formé en el Centro de Perfeccionamiento del Palau de Les Arts, que ahora lleva María Bayo, grandísima amiga. Y Les Arts es una de mis casas porque me formé allí en 2012. Y creo que ellos están orgullosos de cantantes como yo, que nos hemos formado allí y que luego han ido contando con nosotros. En su día tuve la oportunidad, gracias a Helga Schmidt y Zubin Mehta, de debutar allí Turandot, pero era en el rol de Pong, que se grabó en disco para Decca. Y la última producción que se hizo en Les Arts también volví a hacer Pong. Y ahora he cambiado de rol, ahora soy Pang. El grupo humano que está en Les Arts es una parte esencial de mi formación y de mi vida, y en los que tengo grandes amigos.
¿Qué diferencia hay entre esos tres personajes tan curiosos, Ping, Pang, Pong?
Muchas veces pensamos que son iguales, pero no lo son. Son muy distintos, pero a la vez son un personaje único. Es curioso, porque muy poca gente sabe que ellos son los que más cantan en Turandot. Mucho más que todos, más que Turandot y que Calaf, por ejemplo. Ping es un barítono y Pang y Pong son dos tenores. La diferencia entre los dos que yo he cantado es el color vocal, y cada uno tiene una función en el reino de Turandot. Digamos que Ping es el jefe de los tres, es como el que pone el centro de gravedad. Luego está Pong, que es el tenor un poco más agudo, que es el que yo he interpretado muchos años. Es como el más divertido, el que ve la vida mucho más chispeante. Y Pang es el que se encarga de los funerales de todos esos príncipes que van muriendo, que es un drama para ellos, porque están hartos de esta vida. Y es por eso el más melancólico... Tiene un sentido de la vida especial, ya que es el que está más en contacto con la muerte. Por eso, estos tres personajes, en cierto modo, son la vida y la muerte.
Y de Turandot pasamos ni más ni menos que a Falstaff...
Canté Fenton cuando tenía 20 años y lo hice en el Teatro Villamarta. Fue mi primer rol protagonista, siendo muy joven. Y ahora sigo teniendo una voz de lírico-ligero y sigue estando muy clara y bastante fresca. No me ha cambiado con los años. Pero en este caso voy a hacer Bardolfo en el Teatre del Liceu, como me lo pidió Víctor García de Gomar. Es una producción de Laurent Pelly, con el que también tengo mucho cariño. Y querían una voz así, fresca y con mi personalidad. Estoy haciendo ahora estos roles comprimarios en las óperas de Puccini y Verdi, porque son óperas que me atraen musicalmente. Falstaff es una obra maestra y tiene muchos detalles en el texto, que es muy especial. Es muy silábica, como un reloj suizo. Por otra parte, al cantar Bardolfo no me encasillo en un tipo de tenor que es como una “clase social”. Me gusta la combinación de papeles y que los cantantes nos vayamos simultaneando. Puedo y canto papeles principales de Mozart, y canto oratorio, Lied, antigua, etc. No es salir de una zona determinada, es ampliar para mejorar.
¿Es deseable un cambio de voz para asumir quizá un enfoque diferente de su carrera o prefiere mantenerse como está para tener un perfil muy claro?
La voz está más redonda, con más color y creo que con más cuerpo. Sigo trabajando mucho técnicamente, pero creo que la voz va evolucionando. Si vas trabajando técnicamente y escuchando tu voz, va evolucionando de una manera natural. Y mi voz ha quedado con un color que es claro, que sigue siendo bastante claro. Aunque hora tengo cuerpo y tengo un color de voz especial, creo que es un poco diferente. Dije que no a ciertos roles que tal vez no me convenían, cerrándose unas puertas pero abriéndose una gran ventana, que fue el mundo del Barroco.
Si tuviéramos que hacer una pequeña encuesta sobre su voz... ¿Óptima, satisfactoria...?
Estoy en un momento muy feliz. Desde hace unos años está evolucionando cada vez mejor; mi voz está en un momento en el que he podido hacer cosas que no he podido hacer antes. Y eso me da una gran alegría porque, por ejemplo, lo he notado de una manera bestial en mi primera Pasión según San Juan que canté hace unos meses en el Festival Internacional de Arte Sacro en Madrid con Josetxu Obregón. Las arias de tenor de la Pasión según San Juan son de las más difíciles del mundo de la música; Bach no escribía pensando en la voz, para él era un instrumento más, que sube, baja, con coloratura y con una respiración que es casi imposible... Aquí me di cuenta de la evolución técnica que había conseguido. Es decir, contestando a su pregunta, podríamos decir que la palabra es óptima y versátil. Y ya que hablamos del Barroco... Entrar en otro repertorio que no sea la ópera es asumir riesgos, porque ahora ya hay que entender la música de otra manera. Cuando hice ese Bach, al ver la foto que tengo en casa de mi profesora de Salzburgo, Helena Łazarska, que me apoyó mucho para que hiciera repertorio alemán, pensé que ella estaría muy orgullosa, porque creía que podría hacer esto, no sé cuándo, pero que llegaría. Y al recordarlo se me saltaban las lágrimas.
Entonces, ¿cómo ha sido esta puerta que se ha abierto, como decía antes, esta ventana?
He hecho ópera desde que tenía 18 años, muchas óperas. Como le dije, estuve en Les Arts y estuve en Berlín, donde he hecho muchas producciones. Y llegó un momento en la treintena en el que creía que tenía que hacer otras cosas. Mi manera de pensar la música es bastante intelectual y, por este motivo, hay cosas que no me satisfacían, por decirlo así. Quería trabajar la música en una manera más profunda. A veces, en ciertas producciones, eso quedaba un poco en el aire. Y el Barroco no es una música en la que haya dicho “ahora voy a cantar Barroco”. El Barroco es una música que escucho desde niño, en la que he sido un oyente, donde he trabajado las partituras y me he formado. Pero le tenía mucho respeto hasta que, de repente, por una serie de confluencias, se juntaron varios proyectos barrocos. Y de este modo, llegó el disco De sópitu (portada de RITMO en marzo -nota del editor-) o el proyecto que tengo en trío con Josetxu Obregón y Nacho Prego, así como algunos proyectos más que han ido surgiendo, motivos por lo que estoy muy feliz. Entonces, reconduciendo un poco esto, me di cuenta que el Barroco, el sinfónico o la música de cámara que yo ya venía haciendo tenían que tener más espacio en mi agenda.
Polivalencia y versatilidad con exigencia...
Eso es, porque que si no, no sería yo, ¿sabe?
Esta polivalencia también responde a que es valiente, que no tienes límites, por así decirlo, porque también trabaja la música actual...
Hay que tener valentía para salir de una zona de confort que tiene muchos recovecos. Y baches. Lo que me interesa es el acercamiento a distintos tipos de música. A distintos tipos de interpretación. Esto ha conllevado que mi ritmo de estudio haya subido exponencialmente. Me paso la vida estudiando partituras. Por suerte, como he dicho antes, tengo una gran formación musical en armonía y análisis. Esto me ha ayudado mucho. Musicalmente tengo una lectura casi a primera vista. Pero, dicho esto, se necesita tiempo. Por ejemplo, la interpretación del Barroco se ha empezado a conocer en los últimos años y en esto tiene mucho que ver con la música contemporánea; ambas están más cerca la una de la otra de lo que puede parecer, aunque estén lejos temporalmente. La música antigua y la contemporánea son casi hermanas, ya que la música contemporánea tampoco tiene una ejecución clara todavía. En cambio, sí toda la música que está en medio de ambas.
El público es muy decimonónico y los conservatorios son muy decimonónicos...
Exacto. Este tipo de música no tiene unos criterios todavía verdaderamente establecidos, aunque Harnoncourt, un pionero, comenzó a sentar las bases, pero incluso Harnoncourt decía que no podemos cantar la música barroca como se hacía entonces, porque en ese caso tendríamos que quitar todos estos 400 años de vida. Esto te da una especie de libertad en la que lo importante es el texto que trabajas sobre la música. Dicho esto, la contemporánea, como intérprete actual, como una persona que le gusta leer, que le gusta estar en contacto con lo que pasa en el mundo, tengo la obligación de hacer esta música. Y empecé a interpretarla y desde entonces he hecho mucho, estrenando canciones, como las que me dedicó Jesús Torres en un ciclo que estrené el año pasado; he cantado también su ópera Tránsito, y de Helena Cánovas estrené su ópera, que hice en Peralada y en Madrid; he hecho de Marisa Manchado La Regenta, he cantado de Francisco Coll su primera ópera que se estrenó en España, que fue Café Kafka en el Palau de les Arts; de Lorenzo Palomo estrené muchas obras con él en vida, ya que éramos grandes amigos, es decir, he hecho mucha música contemporánea, me siento muy a gusto y hay proyectos en el futuro para hacer más música contemporánea.
¿Y qué tal se lleva con el Lied?
Mi primera Bella Molinera la canté en Londres y luego en Santander en el Centro Botín, no la puedo olvidar, porque fue uno de los momentos más emocionantes para mí. Poder cantar ese ciclo que era un sueño con esos poemas tan especiales, con esa relación tan especial de ese contador de historias con la amada y el amado, con el río, con el agua... fue una experiencia increíble. Sigo haciendo Lied, aunque son muy difíciles porque el concierto necesita mucho tiempo para ensayar y trabajarlo y encontrar el espacio en la agenda para tener hueco y hacer una preparación vocal especial. Necesitas también un pianista y un acompañante muy especial. Yo he tenido suerte con Simon Lepper o Maciej Pikulski, con los que pasa algo entre nosotros y todo funciona. Con ellos he hecho varios conciertos, también con Sylvia Schwartz el año pasado. Además del Lied, amo la música de cámara de Mendelssohn, de Brahms o de Schumann; los Lieder de Mozart son muy interesantes. Bueno, no solo el Lied, también la canción española. Siempre he recriminado un poco a los programadores de Lied que como es que no tenemos un ciclo de canción española en España.
Lo importante también son los textos...
A veces los textos no son tan buenos. Claro, pero esto ocurre con los libretos de las óperas, por supuesto. Pero ¿sabe qué pasa? Echo de menos que el cantante masculino haga más música española. Y esto lo dice Ian Bostridge, no voy a descubrir yo nada nuevo, lo dice además en su último libro, Pensar y cantar. Dice que tenemos que tener un lugar donde ponernos para interpretar algo que sea totalmente neutro. El problema de la canción española es que los textos muchas veces son textos en los que se hace referencia como si la persona que cantara fuera una mujer al amado. Y hay muchos barítonos y tenores españoles o de habla hispana que no los interpretan por este motivo. Interpretan tal vez un Lied de Schumann, porque esto no ocurre. Me parece, con perdón, que es algo un poco cateto para nosotros y que tenemos que quitarnos este complejo. La música española necesita un ciclo y necesitamos que los jóvenes que empiezan estén en un ciclo de música española y en un ciclo de Lied. No solo podemos traer a cantantes de habla extranjera, que lo hacen espectacular; necesitamos crear una escuela verdaderamente liederística en España. Esto es lo que yo creo... ¿Me estoy mojando mucho?
Esperaba que fuera así... Son palabras muy razonadas. Y hablando de teatros, tiene una relación muy especial con casi todos los teatros españoles, por no decir todos...
Estos teatros te acogen como si fuera tu casa, como si formaras parte de su propia compañía. Estas personas son como parte de mi familia. Y mi familia “real” es del Valle de los Pedroches, donde las cosas se hacen en comunidad y con buen humor. Es como una luminosidad al hacer las cosas. Por este motivo creo que he tenido y tengo grandes relaciones con los teatros, porque me muestro de una manera muy abierta y honesta desde el principio. Me ha pasado en Les Arts, como he dicho, y me ha pasado en el Teatro Real, que considero mi casa, porque además de vivir cerca, me han visto crecer, también me apoyan, me dan oportunidades y me ponen retos, sintiéndome como en casa. Y también en el Liceu, en el que debuté hace unos años. Tengo familia catalana, pero encontré, no sé, una ciudad maravillosa y un espacio de creación único. Y puedo añadir más ciudades y tetaros, como Oviedo o Sevilla, o en ciudades europeas como Lausanne, donde he estado cantando muchos años seguidos. He de decir que me gusta que me hagan parte del proyecto artístico, porque quiero formar parte de él, no quiero un rol porque sí y estar en la temporada, me gusta que me incluyan como parte de su proyecto artístico y de sus retos, incluso aunque sean proyectos que a lo mejor no son tan estupendos en el sentido de cara a la galería o que no están tan bien pagados, pero me gusta formar parte de este tipo de proyectos porque crezco mucho como artista y como persona; me considero una persona que se mueve por los proyectos, no por la parte económica, ni de fama ni de nada más. Me interesa el proyecto artístico.
¿Y de esos proyectos para el año que viene, cuáles son los que tenemos que estar atentos?
Me gusta formar parte de Las bodas de Fígaro del Teatro Real. He hecho Basilio muchas veces, pero esta vez voy a hacer Don Curzio. Para mí, Las bodas es la mejor ópera de la Historia....
Totalmente de acuerdo, perdón por la interrupción, pero el final del segundo acto puede ser una de las creaciones artísticas más perfectas y bellas de la Historia del Arte...
¡Desde luego! Y yo cantaría Barbarina, si hiciera falta, para estar presente en todas las producciones de esta maravillosa ópera... Volviendo a los proyectos, voy a volver a hacer La flauta mágica, va a ser mi primera vez en España haciendo un Monostatos, porque lo he hecho siempre fuera, en Francia, en Suiza; en el Liceu lo cantaré en una nueva producción de La Veronal, que creo que va a ser algo impresionante, y con el maestro Pons, al que le tengo una admiración absoluta. También voy a debutar Belmonte, del Rapto en el serrallo; canté Pedrillo años atrás y lo voy a hacer de la mano de Manuel Hernández Silva. Y le diré una primicia, que voy a volver a Córdoba, mi tierra, después de muchos años, para hacer un Barberillo de Lavapiés, el rol de Lamparilla, en su versión, digamos, más originaria de tenor. Como ve es todo muy variado. Iré también a la temporada de Tenerife, donde voy a hacer unas nuevas óperas contemporáneas. Y luego hay varios proyectos nuevos barrocos. Hay uno muy interesante, dedicado al Año Húngaro, que se hace el año que viene, con Nacho Prego y Tiento Nuevo. Va a ser una producción incluso escénica, donde yo voy a ser el eje y en el que tengo puestas muchas ilusiones. Y también estaré en el Teatro de la Zarzuela, en la producción de La Bruja, con el personaje de Tomillo, ya que es como si fuera yo mismo. No soy un cantante de zarzuela por mi voz, pero estos roles que voy a hacer el año que viene son roles que quería hacer.
Si tuviera que llevarse un compositor para estudiarlo y para disfrutarlo en una isla desierta, ¿cuál sería?
Hace unos años diría Mozart, sin dudarlo... Ahora puede ser que me llevara a Bach.
De 100 cantantes y tenores a los que les hiciera esta pregunta, 99 no elegirían Bach y me acabo de topar con el extraño 1% que lo escoge...
Pues sí, así es... Tal cual. Para que digan Bach, no lo diría ningún cantante. Pues se lo digo yo, Bach. Mi formación ha sido muy germana; he estado en Berlín varios años, en Austria, y aunque en España ha habido una formación Belcantista muy grande con la escuela Krausiana, o la de Teresa (Berganza) también, para mí es muy importante o más no lo que pasa en tu línea vocal, sino lo que ocurre debajo, qué orquestación hay, si una obra con continuo o con órgano o con ensemble. Bach es increíble, una cosa que no lo puedo explicar. Es inagotable.
¿Y dónde están sus referencias de cantantes?
No voy a decir a los típicos... A mí me interesan artistas como Ian Bostridge o Peter Pears, que me encanta...
Después de lo de Bach sabía que iba a ir por ahí...
También me encanta Wunderlich, por supuesto. Y me encanta José Antonio López (¡somos grandísimos amigos! -indica como si no estuviera siendo entrevistado-), que es una persona con la que me ha tocado vivir como si hubiera vivido en la época de Fischer-Dieskau. Me encanta Dieskau, por supuesto. Me gustan también cantantes como Anne Sofie von Otter o Bernarda Fink. Como me considero que no soy un cantante belcantista, ya que necesito que ocurran más cosas en la orquesta, me veo haciendo, es un deseo más que una realidad, los Evangelistas de las Pasiones de Bach, los cuales ya llevo estudiando años. En un futuro, cuando domine totalmente el texto, porque es algo muy muy especial, me gustaría hacerlo. Me gustaría seguir cantando repertorio un poco desconocido también de principios del siglo XX... Creo que eso será una evolución.
La palabra “óptima” antes escogida me parece la acertada, aún más acompañada de versátil...
De mi versatilidad es de lo que más orgulloso que estoy. Me ha costado llegar y me cuesta demostrarlo, porque dentro de la versatilidad, es muy difícil a veces hacer que no te etiqueten, especialmente si eres un tenor...
...un tenor de nuestro tiempo, al que le deseamos lo mejor por su amabilidad, simpatía, talento y calidad.
por Gonzalo Pérez Chamorro
https://pablogarcialopez.es
Crédito Foto © Gemma Escribano