Hay pianistas que interpretan obras y pianistas que, además, imaginan mundos. En el caso de Antonio Galera, el piano parece ser apenas el punto de partida de una aventura más amplia: un instrumento desde el que proyectar ideas, reunir disciplinas y convertir un concierto en una experiencia, como un pianista de un film de Tornatore, que convierte la música en su territorio de experimentación emocional.
La trayectoria de Antonio Galera se mueve entre la tradición y la curiosidad. Conoce el lenguaje de los grandes compositores, pero no parece dispuesto a quedarse únicamente dentro de los márgenes de esas fronteras. Como nos muestra en “Cordes”, álbum que acaba de publicarse en el sello Aria classics, donde vincula el piano con la guitarra, entrando de lleno en el repertorio de Manuel de Falla o Ginastera, a los que suma Francisco Coll, Vicente Asencio o Mariangeles Sánchez Benimeli, una de las tías de Antonio Galera, de la que ha transcrito la Suite Melódica.
En el caso de Antonio Galera, cada nuevo proyecto, y en esta entrevista hay varios reseñables, nace de una pregunta: qué puede ocurrir cuando la música clásica dialoga con una historia, una imagen, un espacio inesperado o una forma distinta de escuchar y pensarla. La respuesta está en estas páginas.
¿Cómo es la naturaleza creativa del pianista Antonio Galera?
Busco combinar proyectos locales con entidades que conozco desde hace muchísimos años y con las que colaboro desde hace tiempo, con nuevos proyectos, algunos de ellos en el extranjero. Siempre me he sentido muy vinculado al lugar donde vivo, de modo que busco ese equilibrio. Busco motivaciones con raíces diferentes, aunque como pianista, el repertorio lo estudio igual: me levanto por la mañana y me siento y toco Preludios y Fugas de Bach, toco mi repertorio romántico, mis sonatas clásicas, todo esto lo voy a seguir haciendo siempre. Otra cosa son los proyectos que presento como proyectos propios u otros proyectos que muchas veces me piden. Eso de que no soy “un pianista al uso”, es más lo que dicen los demás de mí que lo que yo siento; hago lo que creo que debo hacer. No busco una estrategia, es lo que voy sintiendo cada día.
Hemos empezado bien... como usted, que comienza todos los días con Bach, la mejor manera de empezar el día... Su naturaleza, la suya, no la de Bach, le lleva a explorar territorios que nos sorprenden, ya que, hace poco, le tuvimos en un recital con Elvira Lindo en el Teatro La Zarzuela...
Esta es otra parte de las cosas que me gusta mucho, que es la investigación. No como musicólogo, pero siempre me gusta rebuscar en archivos. Desde hace unos años me dieron la oportunidad de tener una residencia en la Hispanic Society en Nueva York. Rebuscando entre todos esos archivos, tenía que diseñar una programación que conectara con la colección del museo. Una de las cosas que pensé fue, a través de los documentos que se encontraban allí, de la correspondencia, hacer un proyecto con Elvira Lindo. Elvira y yo nos conocemos desde hace muchos años por historias previas. Pero Elvira enseguida dijo, “sí, sí, la correspondencia... Vamos a basarnos en las cartas”. Luego, como todos sabemos, la situación cambió en Estados Unidos y aquel proyecto no se pudo hacer en Nueva York. Pero esta adversidad hizo que lo transformara en otro proyecto, manteniendo el querer hacer un trabajo sobre españoles y españolas que viajaron a Nueva York. Y Elvira tenía esa idea de intentar, desde sus ojos, desde su mirada, que nos contaran qué habían sentido cuando llegaron allí. Encontramos testimonios de artistas de todo tipo, poniendo yo la música. Y lo presentamos y el Teatro de la Zarzuela nos encargó este proyecto.
Música y palabras...
Exacto, es eso, es una lectura, por un lado, de correspondencias narradas desde la palabra y desde la música. Pero luego nos salíamos un poquito de esta línea narrativa, ya que invitamos a Sheila Blanco, que hizo varios de los números musicales. Yo me lancé a cantar también, hice Speak Low de Kurt Weill... Y Elvira también... Y a día de hoy tenemos muchas ganas de poder seguir rodándolo porque lo pasamos tan bien construyéndolo. Miguel Sánchez Lindo, el hijo de Elvira, hizo todos los diseños. También tuvimos a Jorge Torres, que nos hizo la dirección artística y yo me encargué de la dirección musical. Resumiendo, ese tipo de proyectos me gustan mucho; siempre que tengo la posibilidad, me gusta mucho trabajar en este tipo de cosas.
¿Y cómo fue la residencia en una Hispanic Society en la que hay mucho Sorolla? Con el que tiene una vinculación especial, como mínimo comparten ciudad natal...
Solo ya esa sala, el Landmark, que contiene “Visión de España”, hay que verla, porque tiene mucho que ver con la luz. Todas esas regiones de España, donde hay una luz tan singular, están representadas ahí, en esos Sorolla. Recuerdo que cuando las restauraron y vinieron a Valencia, yo era adolescente, aquello ya me había sorprendido. Por ejemplo, recuerdo cómo me impresionó el panel de La pesca del atún. También en la Hispanic Society tenías el manuscrito de la ópera Goyescas, con algunas de las últimas cartas de Granados, documentos de Blasco Ibáñez, de Juan Ramón Jiménez, de Zenobia Camprubí, de Gabriela Mistral; lo que tienen allí es precioso y fue muy emocionante pasar tanto tiempo navegando entre estos archivos. Luego vino la etapa de programar los conciertos: por ejemplo, con Leticia Moreno hicimos “Spanish Landscapes”.
Otro proyecto que ha desarrollado...
“Spanish Landscapes” ya existía, es el disco de Leticia Moreno que grabó con Ana María Vera. Y lo que hicimos fue ese programa, trasladarlo y vincularlo a “Visión de España”. También colaboró Enriqueta Somarriba, que es una pianista que vive en Nueva York, escribiendo los textos. Luego hicimos otro de los programas con la propia correspondencia que había allí en la Hispanic Society, junto al equipo que ellos tienen de educadores, de documentación. Además de este proyecto, preparé otro que llamamos “Cuadros de una exposición” con Christopher Rothko, el hijo de Mark Rothko, que también está muy vinculado a la Hispanic Society; Christopher ofreció una conferencia mientras que yo le ponía la música.
Otro vínculo surge entre la música para piano y música para guitarra. Hablemos precisamente de “Cordes”, porque este mes de octubre publica su segundo álbum en solitario, “Cordes”, editado por Aria classics...
Este es un proyecto que ha salido tal y como pretendía... Está la parte del repertorio, donde interpreto la Fantasía baetica de Manuel de Falla y las Danzas argentinas de Ginastera, es decir, repertorio canónico, por así decirlo. Pero luego pongo estas obras en comunicación, en diálogo, con otras obras en las que yo siento que hay esos vínculos con la música para guitarra. Hago música de Francisco Coll, las Tres piezas “after Turina”, obras que compone inspiradas en tres de los cinco movimientos de Turia, su concierto para guitarra y ensemble. Una vez el oyente del disco conecta con toda esta música y escucha estas referencias a la guitarra, los llevo a un territorio nuevo, con obras de Vicente Asencio, un compositor valenciano, casado con la también compositora Matilde Salvador, y muy relacionado con mi familia a través de mi bisabuela y de su hermana, que eran pianistas. Tengo varios manuscritos en casa de algunas de estas obras, e interpreto algunas de las piezas que compuso para piano, como la Elegía a Manuel de Falla o la Albada i Dansa, esta última transcrita para guitarra. El repertorio de Vicente Asencio ha quedado como uno de los repertorios canónicos para los guitarristas, y creo que era interesante también ubicarlo por esa admiración a Manuel de Falla y por la conexión de su lenguaje con esa figura enorme para todos aquellos compositores valencianos que fue Falla.
Pero “Cordes” también tiene algo de su corazoncito...
Me ha pillado (risas). En “Cordes” he transcrito unas piezas de una de mis tías, Mariangeles Sánchez Benimeli. Esta es la sorpresa del disco. Mariangeles no tuvo hijos, por entonces era como un verso libre de mi familia, viviendo en Berlín muchísimos años, donde fundó la Cátedra de Guitarra de la Universidad del Arte en Berlín. Fue compositora y estudió con Carl Dahlhaus, Walter Jens o Carl Orff, viviendo todo aquello como alguien que nació en la Valencia en 1934... Mariangeles escribió mucha música de cámara y hay parte de su repertorio por estrenar, como una ópera; tiene repertorio que adoro, como la música que compuso para guitarra y órgano, una configuración muy interesante... También escribió muchísimo repertorio para guitarra, que sí se toca, y me escribió alguna pieza para piano. Sin embargo, a mí me gustaba la idea de intentar recrear con mi piano ese sonido suyo a la guitarra, el que yo le recordaba cuando la escuchaba estudiar en casa. La Suite Melódica fue la obra que compuso cuando falleció Andrés Segovia, de la que yo he hecho la transcripción para piano y está incluida en “Cordes”. Debo anotar que el productor del disco, Fernando Arias, nos da una pequeña sorpresa en la Suite Melódica, ya que recuerdo que Mariangeles, cuando la tocaba, a la vez golpeaba la guitarra como una pequeña percusión, y Fernando ha hecho esa parte (“Fernando Arias es también percusionista”, indica Antonio Galera para aclarar el conocimiento y el valor de este aporte), en una búsqueda de esas sonoridades y en homenaje a mi tía. Podría decir que en la Suite Melódica está el centro emocional del disco, al conectarlo con mis propias vivencias y con lo que significa la importancia que tiene la música en mi vida.
Para cualquier intérprete realizar una grabación es como testamentar un poco su situación actual como músico, porque ahí se refleja en sus propias experiencias, en su bagaje, pero en este caso añadimos ese plus de alguien vinculado a usted...
Totalmente. Además, cuando estaba montando este proyecto, coincidió por fechas con la DANA en Valencia, una DANA que afectó a mi familia, ya que mis padres viven en Picanya; a ellos personalmente no les llegó el agua, porque estaban en pisos superiores, pero sí nos afectó en la parte del sótano, donde entraron casi dos metros de agua, que es donde guardábamos el archivo de Mariangeles, con todos sus manuscritos y todos sus libros, que he trasladado en parte a la universidad, a la espera de indicaciones sobre su restauración.
“Cordes” nace además en el año que tenemos los aniversarios de Manuel de Falla...
Exacto, de hecho el disco se cierra con otra transcripción propia, que es una pequeña transcripción de una melodía de Atlántida, “El somni d’Isabel”. Para mí, el “Somni” suena a una albada y, además, se basa en un texto en catalán de Jacint Verdaguer. Me gusta mostrar este otro repertorio de Falla que he hecho como pianista, ya que hicimos Atlántida dirigidos por Josep Pons, con el Cor de la Generalitat y la Orquestra de la Comunitat Valenciana el Palau de les Arts y, al interpretarla, me dije: “aquí hay cosas que me gustaría buscar en más detalle, investigarlas y pensarlas a nivel de sonoridades”. Por eso este es un cierre interesante para el álbum, ya que hacemos el viaje de Falla a la Argentina; está mi propio viaje en este disco, desde lo personal, a estos otros viajes de estos grandes artistas.
¿Qué importancia le concede a las grabaciones discográficas?
Como ha dicho antes, es dejar un registro de un momento. Como me considero una persona muy perfeccionista, la gente que ha trabajado conmigo lo sabe, el momento de la grabación es donde dejas todo el registro de materiales, pero después hay toda una parte de escucha, de acabar de afinar, de pulir, de buscar desde dónde se escucha el disco. Esto también me gusta mucho, ya que una grabación es un registro en el que hay una reflexión más allá del recital.
Salgamos entonces de un espacio cerrado desde donde se realiza una grabación, para hablar de un espacio más abierto, porque este verano ha tenido lugar la octava edición del Festival dels Horts, del que es fundador y director artístico...
El Festival dels Horts es como devolverle la gratitud a Picanya, al pueblo donde empecé a estudiar música en la banda de música y donde viven mis padres. Es un proyecto que hacemos en un espacio patrimonial, un espacio protegido que son los huertos que hay al sur de Picanya, pero también un espacio muy amenazado por el crecimiento de la ciudad. Por un lado era poner en valor ese espacio y “dárselo al pueblo de Picanya”, en un huerto privado que abrimos, que llenamos de música y de otras actividades artísticas vinculadas al discurso musical; es un proyecto en el que ponemos en comunicación artistas locales, una parte pequeña de gastronomía y la música clásica en comunicación con otras artes y con músicas de raíz, siempre buscando el vínculo y que no sean compartimientos estancos, sino que todo el discurso del proyecto sea en diálogo. Y hay una parte preciosa del Festival, que es la convivencia de los artistas en el huerto de la familia Montesinos y que sirve para que se generen nuevos proyectos. Llevamos ya ocho ediciones e intento siempre que el proyecto se consolide a nivel de patrocinios; ya hemos consolidado un público, pero siempre está el miedo de los patrocinios. También es un proyecto muy artesanal, con la curiosidad del espacio, que es algo muy importante en un festival veraniego, que está al aire libre y nos enseña el cielo de Valencia a la vez que hay música. No buscamos la perfección acústica de una sala de conciertos, pero sí que la acústica sea idónea para cada proyecto. Por ejemplo, este año hicimos la Sonata para flauta, viola y arpa de Debussy en un patio precioso con una buganvilia enorme y con una acústica ideal. También hemos hecho cosas en espacios cerrados, como unas Goldberg con Ignacio Prego.
Y hablando de acústicas, en la temporada que comienza va a hacer su debut como solista en el Auditorio Nacional de Música, dentro de la temporada de abono de la Camerata Musicalis...
Hacía tiempo que no tocaba en el Auditorio Nacional y esta presencia como solista me hace mucha ilusión. Estoy muy agradecido por la invitación a participar como solista en un concierto muy divulgativo, como es el ciclo de conciertos de Camerata Musicalis. Me ilusiona esa parte de poder dialogar a nivel de divulgación con el público.
Doy fe que el público se sentirá encantado... Y hablando de conciertos, ¿qué opina del mundo del concierto a día de hoy? Es decir, ¿es demasiado protocolario? ¿Deberían cambiarse algunas etiquetas?
Por ejemplo, con los aplausos ocurre una cosa interesante, porque hay veces que nos reprimimos a la hora de aplaudir en lugares donde debería estar el aplauso, y finales en los que debería haber silencio en lugar de aplausos inmediatos, que apenas dejan respirar el final de la música. A veces me gustaría irme a casa en un silencio absoluto tras un concierto emotivo.
¿Dónde están sus referentes, sus maestros, sus inspiraciones?
Mis primeros maestros fueron mi bisabuela cuando yo tenía cuatro añitos, que me hacía tocar el piano cuando yo seguramente quería jugar o jugar con el piano, pero no los ejercicios que ella me pedía. Su hermana Carmen Benimeli, que fue alumna de Wanda Landowska, fue la siguiente que me hizo tocar el piano; fue una persona muy reconocida y con muchos contactos musicales importantes de la época. Siempre he tenido esa conexión con la música a través de mi familia; mis padres hicieron que la música formara parte de nuestra educación básica, de hecho me licencié igualmente en flauta y en piano. También tuve la suerte de estudiar con Philippe Entremont en París, entre otros muchos profesores durante mi formación previa, que me dejó un poso inolvidable con sus enseñanzas y enorme bagaje.
¿Dónde está el límite de Antonio Galera?
Pues la verdad no lo sé y no quiero saberlo (risas). Lo que sí me gustaría es dentro de 10 años seguir haciendo esto y quizá también dentro de 20 y dentro de 30... No me quiero poner ningún límite ahora. En el futuro iré evaluando qué es lo que hice entonces…
¿Y qué proyectos aparte de los que hemos hablado le esperan en esta próxima temporada?
Regresaré a México, al Festival Cultura UNAM, donde tocaré con la Orquesta Juvenil Eduardo Mata un programa doble con las Noches de Falla y la Fantasía de Debussy, una obra que se toca muy poco. También regresaré a Estados Unidos, entre otros compromisos que están por cerrarse definitivamente. Y no me olvido de que vamos a hacer un proyecto con Les Arts, Nixon in China de Adams, donde tocaré la parte pianística de una ópera que promete “sold out” en Valencia... Pero si he de centrarme en algo ahora, es “Cordes”, que girará en conciertos y presentaciones.
Gracias por su tiempo y estamos muy con-cordes a sus ideas.
por Gonzalo Pérez Chamorro
https://antoniogalera.com
foto portada © David Rodríguez Alfonso