Música clásica desde 1929

Editorial

Matar al ruiseñor
Septiembre 2012 - Núm. 855

Matar al ruiseñor

Algunos, demasiados quizá en esta sociedad deprimida por los malos pensamientos y peores obras que estamos padeciendo desde que hemos verificado a ciencia cierta que somos económicamente muchísimo más pobres de lo que hemos creído (o nos han hecho creer) durante años, han perdido una cierta memoria emocional, y, arrebatados por los números y en exceso atiborrados de cifras macroeconómicas, han olvidado que, además del sol y la temperatura, este país y sus gentes poseen otros valores interesantes. Por ejemplo, la creatividad. Seguramente habremos de modificar (no cambiar) algunos hábitos, sobre todo en materia organizativa, pero, ni somos unos vagos (algún que otro europeo del norte tendría que darse una vuelta por las calles de nuestras ciudades a las siete de la mañana), ni desde luego unos lerdos a la hora de inventar. Y, por qué no decirlo, de improvisar, cuando tal cosa es indispensable para resolver un problema. Parece que esa palabra es anatema, cuando en realidad el auténtico problema es no saber qué hacer cuando, en un momento determinado, al variar las condiciones externas, no se tiene la capacidad para reformular rápidamente y con reflejos los procedimientos a seguir. La Europa del Norte siempre ha defendido la sistematización a ultranza, aun a costa de renunciar a la creatividad impensada; y por eso, como sus gentes conocen muy bien sus limitaciones, prefieren organizar su sociedad en un orden que por sus fueros sea irrompible, asignando al Sur la sucia tarea de convertirse en contenedor de diversión y buena vida. Claro que, dígase de paso, no solo para los habitantes naturales de tales irreductibles bolsas de “dolce vita”, sino para sus propios exiliados, que amanecen en las tierras cálidas cuando ya no son capaces de resistir el aburrimiento. Aun temporalmente.

Sí; sin duda lo países de la periferia sureña, y singularmente España, debemos replantearnos muchas cosas. Entre otras, por ejemplo, las maneras y formas de “vender” su más importante bagaje, no otro que esa cosa que en conjunto podríamos llamar cultura mediterránea. En ese sentido, debemos de plantear una severa autocrítica, pues lo hacemos francamente mal. Sirva como ejemplo, la espectacular –y muy preocupante para los medios de prensa– bajada en la oferta publicitaria de los productos culturales públicos. Es lógico que ante la brutal reducción de presupuestos, las asignaciones publicitarias para su promoción también bajen. Pero no nos parece correcto que se anulen, como está de hecho sucediendo. Y no queremos ahora denunciar el error pensando en nuestros propios intereses (parte de nuestra supervivencia forma parte de ese debate) sino en los de las propias instituciones que adoptan tales medidas. Creemos que es mejor ofrecer menos teniendo la certeza de que el consumidor sepa que el producto existe, que dedicar todo el presupuesto a obra, sin mayores matizaciones. Además ese procedimiento es sectario, porque a la postre definirá un consumo dirigido exclusivamente a los muy “conocedores”, es decir a la clientela fija, amén de suponer un aislamiento del producto, nacional e internacionalmente, con la consiguiente pérdida de imagen y. lo que es peor, de marca, algo que cuesta mucho tiempo crear pero que puede desaparecer en un plis plas. Dicho de otra manera: si cada vez se venden menos coches, la solución no es ahorrar en publicidad, sino explicar a través de ella las bondades de un producto que, bajo condiciones de mercado adversas, debe ser más competitivo. Hay que explicarlo.
 
Lo hemos expresado desde esta página varias veces. Hay que ser humildes, hay que trabajar todo lo que haga falta, hay que inventar cada minuto, etc. Estas son cosas que hay que hacer, y hacerlas bien. Pero hay cosas que no deben suceder. Por ejemplo, consentir que la Cultura caiga de nuevo en el provincianismo en que estaba sumida hace tres décadas. Para ello, a lo mejor debemos producir menos, pero con más calidad. Y lo que produzcamos, venderlo mejor. Esconderse tras los presupuestos es el mejor camino para matar al joven ruiseñor.
 
 
3634
Anterior Classical:NEXT
Siguiente Cuestión de concepto

Editoriales anteriores (hasta mayo 2011 - resto desde 1929 en "Ritmo Histórico")

25 años de la Fundación SGAE
Octubre 2022 - Núm. 965
CNDM 22/23, un torrente de música
Septiembre 2022 - Núm. 964
Temporada 2022/23, in crescendo
Julio-Agosto 2022 - Núm. 963
Música y cultura: necesidad vital
Junio 2022 - Núm. 962
Daños colaterales
Mayo 2022 - Núm. 961
Un legado único
Abril 2022 - Núm. 960
Competitividad, dinamización y digitalización
Marzo 2022 - Núm. 959
Apostando por el futuro
Febrero 2022 - Núm. 958
Queridos Reyes Magos por streaming…
Enero 2022 - Núm. 957
Música clásica “in crescendo”
Diciembre 2021 - Núm. 956
Presupuestos 2022: ma non troppo
Noviembre 2021 - Núm. 955
100 x 100
Octubre 2021 - Núm. 954
La nueva temporada 2021-22
Septiembre 2021 - Núm. 953
Festivales de verano con aires de normalidad
Julio-Agosto 2021 - Núm. 952
Y el "online" llegó para quedarse…
Junio 2021 - Núm. 951
Ritmo de 950 números
Mayo 2021 - Núm. 950
El Teatro Real gana la partida
Abril 2021 - Núm. 949
Música, cultura, entretenimiento y prensa
Marzo 2021 - Núm. 948
Grabaciones en tiempos de Covid
Febrero 2021 - Núm. 947
Queridos Reyes Magos...
Enero 2021 - Núm. 946
Campanadas de #CulturaSegura
Diciembre 2020 - Núm. 945
#CulturaSegura
Noviembre 2020 - Núm. 944
Cero contagios
Octubre 2020 - Núm. 943
Nueva temporada y seguimos
Septiembre 2020 - Núm. 942
123456