El pasado 25 de septiembre, el maestro Ramón Tebar debutó en la Metropolitan Opera House (Met) dirigiendo La bohème de Puccini en la mítica versión escénica de Franco Zeffirelli, estrenada hace más de 40 años y catalogada como la propuesta más representada en toda la historia del Met, en un compromiso que comprendió 13 funciones durante septiembre y octubre, y que confirma la consolidación internacional del director valenciano, con quien mantenemos este encuentro.
Tras completar sus funciones de debut en el Met con La bohème, ¿qué balance hace de esta experiencia?
Gratitud inmensa y reafirmación profesional. Llegar al Met valida años de trabajo. Es un coliseo icónico que exige máxima concentración y preparación. Dirigir una orquesta y coro de esa excelencia es un privilegio, y me han hecho sentir bienvenido y comodísimo. Fue hermoso comprobar que, aun habiendo tocado esta obra más de mil veces, se entregaron desde el primer ensayo a buscar nuevos matices conmigo. Conectar con esa flexibilidad mutua en un teatro histórico es una catarsis que obliga a entregar lo mejor.
Como uno de los poquísimos directores españoles e hispanos en ese podio histórico, ¿siente el peso de nuestra tradición cultural?
Lo definiría como un impulso, responsabilidad y profundo orgullo. España tiene una herencia musical descomunal, pero históricamente se nos ha asociado más a las voces que a la dirección orquestal. Estar en el Met representando nuestra cultura es significativo. Al subir al podio viajo con mi bagaje, mis raíces, mi familia y quienes me apoyaron. Mi objetivo era hacer arte y demostrar que los directores de nuestra tierra estamos capacitados para liderar las instituciones más exigentes del planeta, abriendo puertas a las siguientes generaciones.
Destaca en usted la capacidad de alternar al más alto nivel el repertorio sinfónico y el operístico. ¿Cómo se alimentan mutuamente?
Para mí esa dualidad es orgánica, aunque la especialización creciente haga generalmente difícil compaginar ambos universos. La ópera me da algo insustituible: flexibilidad, pulso dramático y capacidad de reacción ante lo imprevisto. Al llevar eso a la música sinfónica, la música respira de otra manera, se vuelve más narrativa. Al mismo tiempo, el rigor y la arquitectura formal, el equilibrio de planos y la búsqueda del universo tímbrico sinfónico elevan la calidad de la ópera. No concibo el uno sin el otro; alternarlos nutre mis intereses y expande mi identidad artística.
Al dirigir la mítica producción de La bohème de Zeffirelli en el Met, ¿cómo se gestiona este aparato escénico desde el foso?
Es un desafío logístico y musical. Se gestiona simultáneamente a más de doscientas personas entre escenario y foso. Como director, mi labor no es solo marcar el tiempo, sino convertirme en el eje e inspiración que cohesiona toda esa energía. Mantener la flexibilidad necesaria es esencial para que la música y el drama de Puccini respiren sin que el engranaje se desmorone. La acústica del Met ayuda al ser noble, pero mi prioridad desde los ensayos ha sido consolidar el contacto visual directo y la escucha mutua, que para mí es clave.
Su nombre no se ve frecuentemente en los escenarios españoles. ¿A qué se debe esta ausencia y qué espacio le queda para España?
Más que por falta de voluntad, es consecuencia natural del nivel de exigencia de mi carrera internacional concentrada en grandes proyectos estables fuera. El tiempo es mi recurso más escaso y trabajar en centros globales requiere semanas de permanencia e inmersión absoluta, lo que reduce el margen en la agenda. Sin embargo, mi vínculo con mis raíces nunca se ha roto y regresar siempre es una alegría. Si en el futuro coinciden las fechas y surgen proyectos interesantes y de calado donde pueda aportar mi experiencia artística, estaré feliz de aparecer con nuestras instituciones. Mientras tanto, cada debut en plazas internacionales me permite seguir creciendo y madurando.
Para terminar, ¿qué próximos retos le esperan tras cerrar este histórico capítulo en el Met?
La agenda sigue activa con debuts importantes. Regreso a Europa para compromisos en Alemania, Francia, Italia y países escandinavos. Continúan los planes de desarrollo y las temporadas en Estados Unidos y Canadá, junto a proyectos discográficos. Más allá de las partituras, entre los proyectos más importantes de mi vida sigue estando mi labor con la Columbus Children Foundation, ayudando a curar enfermedades raras en niños. Para mí, el arte y la música cobran otra dimensión cuando tienen un impacto social. Mi prioridad sigue siendo estudiar a fondo cada obra, cuidar la relación con las orquestas con las que colaboro y disfrutar del inmenso privilegio que es hacer música.
por Silvia Pons
www.ramon-tebar.com
Foto: Ramón Tebar ha debutado en el Met de Nueva York dirigiendo La bohème de Puccini.
© Maritere Casillas Rice