Música clásica desde 1929


Un punto de encuentro de actividades musicales con artistas, instituciones y gestores


Kissinger Sommer 2022

Bienestar y buena música en la Baja Franconia

Septiembre 2022

En un mundo rodeado de ruidos, pasear por la elegante y pulcra ciudad alemana de Bad Kissingen, contemplar el mar de colores del Jardín de las rosas con sus más de 160 variedades y la arquitectura de sus emblemáticos edificios, detenerse en uno de los cafés y heladerías situados a lo largo del paseo fluvial o escuchar el canto de los pájaros a la salida de un concierto, resulta algo extraordinario y excepcional. Bienestar, históricos balnearios, relajación y buena música es lo que ofrece al melómano viajero el Kissinger Sommer.

El festival internacional de música clásica, que desde hace más de treinta años se celebra en Bad Kissingen, la ciudad-balneario situada en la región bávara de la Baja Franconia, celebró este año su trigésimo sexta temporada del 17 de junio al 17 de julio, de la mano de su nuevo Intendant Alexander Steinbeis. Llegar a un público más joven y amplio es el objetivo del director muniqués con sus nuevas propuestas para el festival, como los diez Prélude-Konzerte, que invitaron a disfrutar de conciertos gratuitos al aire libre, el primer “Symphonic Mob” del Kissinger, en el que músicos aficionados tocaron junto a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt o el nuevo formato “Tómate un café con” en la Weißen Saal del Regentenbau, para conversar con los artistas del festival.

55 conciertos

Un cartel estelar de 55 conciertos con figuras internacionales como Kent Nagano, Adam Fisher, Sir Simon Rattle, Magdalena Kozena, Patricia Kopatchinskaja, Janine Jansen, Frank Peter Zimmermann, Buchbinder, Trifonov o Lise Davidsen, entre otros, para el programa de este año que tuvo como lema “Viena, Budapest, Praga, Bad Kissingen”, en homenaje a las relaciones histórico-culturales entre Bohemia, Austria y Hungría (núcleo de la monarquía austro-húngara), y la ciudad-balneario de Bad Kissingen, por la que pasearon cabezas coronadas que acudían a recibir terapéuticos tratamientos termales y sus saludables aguas medicinales, como la emperatriz Elisabeth de Austria, el zar Alejandro II de Rusia, el rey Ludwig II de Baviera e ilustres huéspedes como el primer canciller del Imperio alemán Otto von Bismarck, escritores como Tolstoi o Bernard Shaw, el joven compositor Gioachino Rossini o un anciano Richard  Strauss.

Orquestas de primer nivel

La Max Littmann-Saal, en el icónico edificio neobarroco del Regentenbau, con sus paredes revestidas de madera de cerezo, fue el escenario para las actuaciones de orquestas de primer nivel como la Orquesta Sinfónica de Bamberg, la DSO de Berlín, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta Sinfónica de la WDR o la Filarmónica Checa, con el joven director Petr Popelka, que nos brindó el amor por su tierra natal con la música de Mi patria de Smetana, la Séptima Sinfonía de Dvorák y la interpretación del Concierto para violín n. 2 de Martinu, con la conocida violinista alemana Isabelle Faust.

Destacó también el regreso de la Orquesta Sinfónica de Viena (la orquesta del balneario de Bad Kissingen en los meses de verano de 1906 a 1918), que ofreció dos conciertos bajo la batuta del joven e inexperto director austriaco Patrick Hahn; en el primero, interpretó la obertura de Der Freischütz de Carl Maria von Weber, y de acuerdo con el lema del programa del festival, completó su actuación con música de Richard Strauss y Brahms (Sinfonía n. 1), dos compositores alemanes de nacimiento y vieneses de adopción; la famosa cantante Lise Davidsen interpretó los Vier letzte Lieder de Strauss.

El segundo concierto del festival con la Wiener Symphoniker se inició con la obertura de Die Fledermaus de Johann Strauss y finalizó con la suite de Der Rosenkavalier de Richard Strauss; dedicado a la metrópolis austriaca, incluyó también valses de Josef Strauss y Ziehrer, la Straussiana de Korngold y conocidas obras de Fritz Kreisler como Liebesfreud, Liebesleid y Schön Rosmarin, interpretadas por el aclamado violinista Dalibor Karvay, concertino de la orquesta.

La Rossini-Saal, con sus arcos de medio punto y su magnífico artesonado, acogió los conciertos de cámara, como el extraordinario concierto dedicado a Mozart, Schubert, Mendelssohn y Stravinsky que nos ofreció el entusiasta dúo de piano holandés formado por los hermanos Jussen (Lucas & Arthur).

Viajar desde fuera de Alemania a Bad Kissingen lleva, sin duda, su tiempo, pero el cartel estelar que cada verano ofrece el Kissinger Sommer es una oportunidad única, y disfrutar de su entono, un auténtico privilegio.

por Lorena Jiménez

www.kissingersommer.de

Foto: “Destacó también el regreso de la Orquesta Sinfónica de Viena, la orquesta del balneario de Bad Kissingen en los meses de verano de 1906 a 1918, que ofreció dos conciertos”.
Crédito: © Julia Milberger

93
Anterior Verona, una ciudad para soñar
Siguiente Florian Klaus Rumpf