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Verona, una ciudad para soñar

Carmen en la Arena

Septiembre 2022

Al cruzar I Portoni della Bra o La puerta del reloj, que da acceso a la extensa Piazza Bra, el visitante accede a un espacio inmenso y mágico, y como en Amarcord de Fellini, se sumerge desde ese instante en un universo especial, donde conviven acogedoras cafeterías y restaurantes, jardines y espacios verdes con cedros y pinos que protegen del sol a la fuente de los Alpes; el Palazzo Barbieri, sede del Ayuntamiento; el comienzo del callejeo de un enredado centro histórico y la colosal Arena, el anfiteatro romano que celebra cada año el Festival Arena Verona y donde se representan varios títulos operísticos, conciertos y ballet para todo tipo de públicos.

Si Verona ofrece suficientes motivos para su visita, a los espectáculos que Arena Verona ha representado en la 99 edición difícilmente se le pueden poner reparos sobre su variedad y accesibilidad a todo tipo de público: Carmen, Aida, Nabucco, La Traviata o Turandot, además de danza con Roberto Bolle and Friends, una Carmina Burana y la gala Domingo in Verdi Opera Night.

La Fondazione Arena di Verona, de la que es directora artística Cecilia Gasdia y director artístico adjunto Stefano Trespidi, tiene claro que la ópera es un espectáculo destinado a todos (“escenificamos espectáculos grandiosos que hacen soñar a la gente, tanto a los aficionados a la ópera como para los que están menos familiarizados con ella”, afirmaba Stefano Trespidi en una entrevista concedida a RITMO), por lo que al asistir al majestuoso Arena y caminar por los sombríos accesos que dan paso al imponente anfiteatro, el espectador disfruta de un conjunto de atractivos irresistibles: los entornos históricos, el grandioso escenario, los títulos conocidos, los prestigiosos intérpretes y la escenografía espectacular y clásica del maestro Franco Zeffirelli, que Trespidi respeta parte por parte y que, esté uno de acuerdo o no con lo que ve, mantiene la acción teatral y musical en consonancia con lo que ocurre en el escenario, sin plantear excesivas preguntas al espectador.

En esta edición también se ha recordado a dos figuras excepcionales de la ópera italiana en sendos centenarios natales, la soprano Renata Tebaldi y el barítono Ettore Bastianini, manteniendo la Fondazione Arena di Verona su vocación de servir a la ópera italiana desde la creación a la interpretación.

 

Carmen nocturna

Carmen comenzaba a las 21 horas de uno de esos primeros días de verano, donde la luz solar se resiste a dejar paso a la noche, que comienza a oscurecer la ciudad pasadas las 10, cuando la acción de Carmen ya avanza inexorablemente hacia el fatal desenlace final. Cenando en la plaza Bra, se advierte la presencia de los espectadores en las terrazas, por sus vestuarios y diálogos, que muchos centran en la ópera que en menos de una hora comenzará a sonar dirigida por ese magnífico maestro que es Marco Armiliato. Armiliato deja destellos de gran artista y mantiene un pulso firme; sus tempi se mueven en función del cantante que tenga enfrente, si Brian Jadge hace de su Don José un sufrido protagonista (en el cast, para otras funciones, se alternaban Alagna y Grigolo), con escasa posibilidad de salvación, Armiliato lo mantiene siempre firme; pero si es Carmen por la excelente Clémentine Margaine (para el debut de Elina Garanca había que esperar al mes de agosto), Armiliato embellece la voluptuosidad de los fraseos y la inmensa calidad de la música de Bizet se agranda a cada compás, convirtiendo esta ópera en lo que es, un milagro de la primera a la última nota, a pesar de que la acústica de la Arena difiere de un cómodo escenario cerrado. Otro elemento que enriqueció la parte musical fue la Micaela de Gilda Fiume, cantante en proyección de enormes recursos expresivos.

Pero la ópera no es solo el motivo de una visita a una ciudad mágica, que más allá de congregar a los visitantes a sus calles, en los restaurantes que flanquean el rio Adigio, ofrece algunas de las iglesias más bellas de Italia: San Fermo, el Duomo, Santa Anastasia o San Zeno, una experiencia que supera cualquier expectativa, que añadida a un paseo nocturno por la Plaza Bra y los alrededores de la Arena, contemplando como descansan almacenadas las esfinges, columnas o ibis egipcios de la próxima representación operística, le hace a uno pensar si está en un estudio de Cecil B. DeMille o en una ciudad italiana en la cuna del Véneto.

por Gonzalo Pérez Chamorro

www.arena.it

Foto: La Arena anocheciendo mientras avanza la representación operística.
Crédito: © Ennevi / Fondazione Arena di Verona

 

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