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Josep Pons, nuevo director musical del Gran Teatre del Liceu

“No tenemos el instrumento afinado como yo quisiera”

enero 2013

Recién nombrado director musical del Gran Teatre del Liceu, y después de diez temporadas al frente de la OCNE, el músico catalán asume ahora las riendas del teatro barcelonés. Llega en el peor de los momentos posibles, con una crisis que no perdona y que acecha particularmente al mundo de la cultura. Y ante la decisión de un recorte del 33% respecto a la subvención que hasta la fecha recibía el coliseo de La Rambla. Si a ello sumamos la crisis interna del teatro, que la pasada temporada suprimió diversos títulos y que vivió sumido en un clima de tensión latente la situación de sus masas estables, la verdad es que Pons no lo va a tener nada fácil.

Fundador-director de la extinta Orquestra de Cambra del Teatre Lliure, Pons habla con entusiasmo, con convicción y con la cabeza bien amueblada. Responde preguntas aún no formuladas y se adelanta con inteligencia y agudeza a lo que el entrevistador tiene en mente. Y, con indudable simpatía pero con insobornable firmeza, no duda en afirmar que si su proyecto liceísta no puede tirar adelante en base a sus ideas, coge las maletas y se va. Porque para Josep Pons es básico un soporte estructural, que se traduzca en una actividad coherente con la tradición de un teatro con más de 150 años a sus espaldas; pero también con los retos del siglo XXI, que pasan por la internacionalización. El entente con el director artístico del Liceu es excelente, lo cual puede facilitar las cosas a todos los niveles y con todas las garantías. Eso sí, hay trabajo y mucho, cosa nada fácil habida cuenta de las dificultades estructurales.

¿Qué le aportó su reciente titularidad en la OCNE para abordar el reto del Liceu?

Muchas cosas, tanto estructurales como de mejora de la orquesta. Era un proyecto enorme y con una estructura administrativamente también muy grande. Todo ello es exportable al Liceu. Además, ahora se me ha pedido un nuevo proyecto en Barcelona. Existe una tradición y una definición de modelo. Pero el Liceu no está en primera división en cuanto a foso. Y ese es mi cometido.

A grandes rasgos, ¿cuál va a ser su tarea como director musical?

Dejando a un lado las producciones que dirija, el mantenimiento de la buena salud de los cuerpos estables para que los directores que vengan se encuentren la orquesta a punto para el trabajo que deseen realizar.

¿Cuáles son los aspectos a mejorar y cuáles los que deben mantenerse de las fuerzas estables del Liceu?

Ante todo, ahora es el momento de construir. Hay muchas cuestiones a tener en cuenta. Se debe trabajar con la orquesta. Pero hay también aspectos de reglamentación, estructurales, que se traducen en la formación de un departamento musical propio, cosa que conllevará un trabajo mucho más directo; está también el convenio laboral, ágil, moderno, que pide flexibilidad; se prevé igualmente una centralidad de los cuerpos estables, coro y orquesta, que deben ser los pilares sobre los que sustentar la base del teatro para conseguir el más alto nivel posible. Hasta la fecha, no tenemos el instrumento afinado como yo quisiera: el Liceu está en primera división en cuanto a presencia de cantantes o producciones equiparables a lo que se ve y escucha en el Covent Garden, el Metropolitan o la Ópera de Viena. Pero a nivel orquestal estamos aún muy lejos, por lo que hay que realizar una estructura moderna, sensata y racional.

Pero estamos en el peor de los escenarios posibles, y además con un modelo sindical complejo

Por ello yo pido unas cosas muy concretas, unas condiciones de trabajo y herramientas para poder construir. Cierto que llego en uno de los peores momentos de la historia y con reducción de personal en todo el teatro. No sé lo que pasará dentro de dos años, pero en el plan de viabilidad presentado esta mejoría es posible. Pero si no puede llevarse a cabo, no podré asumir el reto que me propongo y me iré. Y hay que insistir en una programación que compatibilice la ópera con el gran repertorio sinfónico. Para todo ello, hay que recuperar plazas hasta llegar a 102. Y esa es mi lucha, para poder tener una estructura adecuada y poder llevar a cabo mucha más actividad. Esto cuesta dinero, pero el teatro está dispuesto a llevar a cabo el proyecto, porque asume la centralidad de coro y orquesta. Además, no hay que olvidar que el incremento de plazas implica también aumentar la actividad y tener más presencia fuera del recinto del teatro. Hay que sacar a la orquesta del foso y al coro del escenario y darnos a conocer, que se nos vea: tenemos que estar en el mercado.

¿Pero cómo se trabaja a fondo cuando las estrecheces presupuestarias obligan a ceñirse al repeertorio de siempre y a abortar una programación de más riesgo y compromiso?

Parte de la pregunta no me concierne, porque afecta a la definición artística del teatro, que existe, sin lugar a dudas. No obstante, la formación de una orquesta a nivel sinfónico se hace a base de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert y Brahms. Cuanto mejor se toca Haydn mejor se interpreta Puccini, del mismo modo que cuanto mejor se canta Mozart, mejor se canta Wagner. Creo que en el Liceu hay suficiente diversidad, de amplio espectro, y un equilibrio en el repertorio, desde la gran tradición italiana hasta la ópera alemana, pasando incluso por el barroco o las propuestas más actuales. Claro que estas últimas son las que más me conciernen, de modo que si se suprimieran me quedaría sin trabajo. De todos modos, no creo que haya intenciones de cambiar eso, aunque no puedo saber lo que ocurrirá dentro de un par de años: llevo dos meses en el teatro y ya he visto dos planes de viabilidad. No es posible recortar más y lucharé hasta donde sea, pero si no hay condiciones para crecer estructural y artísticamente, mi cometido es imposible. Mi encargo es colocar al coro y la orquesta al más alto nivel y sin herramientas, esto no va a ser posible. Pero, a pesar de todo, tengo esperanza: trabajaremos duro, aunque hay que tener paciencia. 

Esta temporada empieza a dirigir El anillo del Nibelungo. ¿Qué representa para usted la obra wagneriana?

Hay una tradición de sobredimensionar sonoramente a Wagner, pensando en la acústica de Bayreuth. El anillo... es un mundo que se explica por sí mismo, escena por escena. Para abordar a Wagner, hay que tener en cuenta muchas cosas. Wagner pensaba en clave de teatro musical. Y para mí, lo esencial es que por encima de todo es muy melódico y muy cantable: la prueba es que siempre empezaba componiendo por la voz, es decir, por el elemento narrativo, teatral.

Por Jaume Radigales

Foto Acred.: A.Bofill.

 

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