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Festival Perelada

40 años de esplendor musical

Mayo 2026

El Festival Perelada está de aniversario, pues lleva sumados 40 años de vida y milagros. Hermanado con su certamen veraniego, esta edición de Pasqua, que lleva ya transitados cuatro años plagados de imborrables momentos, sigue brillando entre los eventos musicales europeos programados en Semana Santa. Un acogedor Festival cuyo epicentro es el conjunto medieval del Castell alzado en la ciudadela de Peralada y su privilegiado entorno, donde sobresalen el impresionante Celler o la bellísima iglesia del Carmen con su claustro románico, iluminada de manera ejemplar para los espectáculos. Una invitación irresistible para cualquier amante de la música y para esos viajeros que buscan el esplendor patrimonial y cultural del Empordà al calor de la gran música, esa que traspasa el espíritu y aspira a hacernos mejores personas.

 

Cinco fueron los conciertos engarzados sabiamente por ese aventajado orfebre que es Oriol Aguilà, que nos propuso un circundante viaje sonoro por la vieja Europa. De Francia a España y de Alemania al corazón de Austria. Como es ley, para la inauguración se desempolvó una partitura maltratada por el olvido. Este año el turno fue para al Oratorio Cristo Condannato de Antonio Caldara, estrenado también un Jueves Santo, pero en la Corte Imperial vienesa de 1717. Pese a un texto bastante dubitativo y reiterativo (donde el coro por desgracia es un mero jarrón decorativo), la belleza y musicalidad de algunas de sus Arias estuvieron muy bien desplegadas por el conjunto residente, Vespres D’Arnadí, bajo la equilibrada y contenida dirección de Dani Espasa, al que le faltó algo más de contraste y tensión en los momentos más dramáticos de la acción, que gira alrededor del juicio a Jesucristo y las dudas de un Pilatos bien cantado por el bajo Nicolas Brooymans. Ana Quintans, que daba vida al Alma Compungida, exhibió una voz delicada y hermosa, de elegante musicalidad, regalando los momentos más luminosos y bellos del oratorio. Todo un acierto esta exhumación.

William Christie fue el amo y señor del Viernes Santo. Antes de recibir la Medalla de Honor del Festival, dejó su firma en el libro de oro del certamen con unas Leçons de Ténèbres de Couperin de esas de guardar en vitrina museística. Desde el órgano y junto al trío de cuerdas de sus inseparables Les Arts Florissants, volvió a dar una lección atemporal de estilo, con texturas etéreas, naturalidad sonora y esa seductora desnudez formal, demostrando que tiene una conexión muy especial con el Barroco francés. La Tercera y más conmovedora de las Lecciones, con las estupendas voces de Lucía Martín-Cartón y Rachel Redmond, supuso una cúspide emocional y uno de los momentos de mayor éxtasis musical de esta edición.

El sábado arrancó con el memorable concierto de Vox Luminis, que consiguieron dar visibilidad a esos compositores barrocos alemanes que, tras el paso de los siglos, siguen aún escondidos tras las gigantescas espaldas de Bach. Con “Ein Deutsches Barockrequiem”, recuperaron piezas sacras de los injustamente olvidados: Scharmann, Selle, Schein, Geist, Michael, Briegel, Hammerschmidt, Schwemmer y Förtsch. El poder de ensamblaje, la precisión del canto, la magnitud del contrapunto, su inhumana afinación y empaste hacen del conjunto belga una fabulosa experiencia sonora. Todo un espectáculo ver como Lionel Meunier los dirige desde dentro, como si fuera uno más, pues, aunque ninguno de sus compañeros esté pendiente de sus gestos, todos parecen estar cosidos por un hilo invisible que convierte la multiplicidad sonora en una única y poderosísima voz. Memorable.

Escuchar a Tomás Luis de Victoria en una iglesia es como oír Parsifal en el Festspielhaus de Bayreuth. Jamás una música ha ido tan íntimamente ligada a la arquitectura. Penetrante misticismo, sobria expresividad, desgarrado cromatismo y esas texturas en claroscuro que se fundieron a la perfección con los muros de una església del Carme iluminada apenas por un puñado de velas, a través del Officium Defunctorum, junto a un instrumento de extática y profunda musicalidad como fue O Vos Omnes, dirigidos fervientemente, desde ese cuadrilátero montado en el centro del templo, por el bajo Xavier Pastrana. Una música que traspasa la carne encogiéndote el corazón y consiguiendo que algunos nos elevemos unos centímetros del suelo. Inmortal.

La matinée encargada de clausurar el certamen pascuense nos trasladó hasta la Viena clásica con dos Misas de un par de creadores tan llenos de vida como de muerte: Mozart y Schubert. Tras las sombras de días pasados, por fin vislumbramos la luz y la esperanza, ya que se tratan de dos obras de juventud repletas de vida, optimismo y luminosidad. Missa Brevis KV 49 y la Missa en sol mayor D 167 que contaron con la participación del Coro Frances Valls, la Franz Schubert Filharmonia bajo la dirección afable de Guillermo García Calvo y un grupo de estupendos solistas premiados en el Concurso de Canto Tenor Viñas, donde destacó la brasileña Marcela Rahal. Un áureo colofón a este admirable Festival Perelada de Pascua que, en tan solo cuatro añitos, se ha hecho ya con un aventajado sitio en la primera fila musical del escaparate semana santero.

por Javier Extremera

 

www.festivalperalada.com

 

Foto: La bellísima iglesia del Carmen con su claustro románico, iluminada de manera ejemplar para los espectáculos del Festival Perelada.
© Miquel González - Shooting

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