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Eduardo Fernández

Sumergido en el crepúsculo de Brahms

agosto 2013

ENTREVISTA

Tras el éxito de su trabajo discográfico con la Iberia de Albéniz para Warner, nos presenta ahora las últimas obras para piano de Brahms para Centaur ¿Qué le ha llevado a adentrarse en la figura de Brahms?

Este proyecto nace de un profundo respeto y admiración hacia Brahms. Durante años he ido trabajando prácticamente la totalidad de sus obras, no sólo la obra pianística sino también la de cámara, tanto con el piano como con el clarinete. Desde un principio me fascinó la figura de Brahms, su forma de tratar la polifonía; cómo es capaz de conseguir que desde un solo piano se oiga un lied, un cuarteto de cuerda o incluso una orquesta.

Al abordar otras obras de Brahms ¿Cómo entiende su trayectoria como compositor? ¿Cómo le han ayudado esas obras a entender estas últimas creaciones?

Después de haber trabajado en muchas otras obras de Brahms, descubres que toda la grandiosidad de su técnica compositiva plasmada en sus Sinfonías, Conciertos, Sonatas o el Requiem, se reducen a una mínima expresión en sus últimas obras para piano, pero sin perder un ápice de esa esencia, quedas atrapado y rendido a los pies de semejante belleza. Brahms ya había conseguido todo, no necesitaba de grandilocuencias para expresar su esencia. Tampoco hay que olvidar a Clara Schumann para entender estas piezas, cada una de ellas está rodeada de un halo de misticismo.

¿Entonces qué hay de Clara en ellas?  

Para empezar, todas las piezas están dedicadas a Clara. Pero, teniendo en cuenta que están escritas en los últimos años de vida de Brahms, y que para entonces llevaban muchos años sin verse, no están dedicadas a una Clara de carne y hueso, sino a una Clara admirada y soñada bajo el anhelo de todos esos años. Podríamos hablar horas de la relación espiritual entre ellos dos: de cuán importante fueron el uno para el otro, de los orígenes en el hogar de los Schumann (donde el joven Brahms fue acogido), del papel de Brahms como apoyo para el matrimonio Schumann durante la larga y difícil enfermedad de Robert, de su distanciamiento tras la muerte de Robert, seguramente condicionado por los convencionalismos morales de la época. Nunca podremos saber hasta dónde llegó esta historia, cualquier afirmación es mera especulación. Lo que sí sabemos es lo importante que la figura de Clara fue para Brahms, tanto musical como espiritualmente. En todas las cartas que se estuvieron escribiendo durante esos años de distanciamiento tras la muerte de Robert, Brahms se encontraba con Clara, la mujer a la que idolatraba y amaba, y él le escribía contándole sus reflexiones sobre la música, sobre sus obras, y encontraba en ella a esa persona que le complementaba, aunque fuera en la distancia. Por todo esto, estas últimas piezas son de un carácter tan íntimo. Yo las considero el testamento musical y sentimental de Brahms hacia Clara.

¿Cree que este cambio de registro implica una maduración en su interpretación?

Como pianista, como músico, eliges un camino del que sólo conoces su principio y que dura toda la vida. Cuando decides adentrarte en el universo de un compositor es un viaje en el que debes instruirte al máximo en su vida, obra, evolución musical, saber qué le llevó a escribir de forma diferente en cada época, y cuanto más consigas entenderlo, más veraz será tu interpretación. Claramente, hay compositores a los que todos tenemos más respeto porque consideramos que en los últimos años de su vida llegaron a una profundidad, detallismo y sabiduría excelsos. Éste es evidentemente el caso de Brahms y de sus últimas obras para piano. Mi interpretación de estas piezas nace desde el respeto a esta gran obra; pero puedo decir que a mayor respeto, mayor es mi exigencia e investigación. Por todo esto, pienso que la maduración no es un estado, sino una actitud.

Por otro lado, su nombre se ha visto ligado en varias ocasiones a organizaciones benéficas ¿Cree que su compromiso con los más desfavorecidos debería ser una obligación de todo artista?

Colaboro activamente con la Fundación Niños de Guarataro. Para un intérprete, la música debería ser también un modo de devolver a la sociedad lo que esta te da, y qué mejor modo que hacerlo ofreciendo conciertos benéficos que ayuden a construir posibilidades de mejora para gente desfavorecida, en mí caso, niños. Un músico debe ser sensible a los problemas reales del mundo y reaccionar en la medida de sus posibilidades, porque un músico debe ser, por encima de todo, un humanista. Me siento muy agradecido de poder ayudar y recibir el cariño de estos niños y las personas encargadas del proyecto.

¿Y nos puede adelantar cuál será su próximo “viaje” musical?

Durante los últimos años, ronda en mi cabeza (¡y en mi atril!) una fascinación compartida hacia Schubert y Scriabin. Con ellos estoy trabajando de la forma que he descrito anteriormente. Pero al adentrarme tanto en Brahms, y por ende, en los Schumann, no he podido resistirme a empezar a indagar más profundamente en Robert Schumann, de quien ya tenía obras trabajadas de mis años académicos… Así que, lo que sí te puedo adelantar es que mi próximo proyecto empezará por “Sc”.

Gracias, por “Sc” hay más que buena música esperando.

Gonzalo Pérez Chamorro

Foto: Tras Iberia, Eduardo Fernández ha grabado las últimas obras pianísticas de Brahms.
Acred: LUIS GASPAR

 
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