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40 Festival Perelada

Cuatro décadas de esplendor musical

Septiembre 2026

Tras una nueva y exitosa edición de Pasqua, que ha conseguido hacerse un hueco entre los grandes certámenes ofrecidos en Semana Santa, regresaba en julio la edició Estiu del Festival Perelada, que este año cumple 40 años de vida y milagros. Cuatro décadas dedicadas a la música y a repartir esplendor desde ese faro patrimonial que es el ensoñador Castell de Peralada. 40 años de música, de emociones y de encuentros inolvidables. Un aniversario que no solo invita a mirar atrás y homenajear a unas gentes y a un gigantesco legado, sino también a celebrar la renovada apuesta por un presente construido con pasión, esfuerzo y compromiso al calor de esa música que nos regocija el alma, mientras miramos juntos al futuro con la misma ilusión con la que todo echó a andar un lejano día de 1987.

Para este año el Festival ampurdanés diseñó catorce espectáculos, en los cuales la voz, como es ley en el certamen, tuvo una presencia vital entre su programación. Ahí están para confirmarlo: Benjamin Bernheim, Ermonela Jaho, Bryn Terfel, Sara Blanch, Michael Spyres o Núria Rial. Para esta soñada efeméride y aprovechando su gira, el Festival Perelada puso una enorme guinda en el pastel de 40 cumpleaños, contando con la Orquesta del Festival de Bayreuth, al mando de Pablo Heras-Casado, con un wagneriano concierto de clausura celebrado en el Palau de la Música Catalana. Todo un lujo para finiquitar esta edición tan especial y festiva.

En la bella Església del Carme, maravillosamente iluminada para los conciertos, asistimos al recital lírico ofrecido por Michael Spyres y Sara Blanch. El Festival ha sido testigo de la evolución de la soprano desde que hace una década debutara en él. Uno de los primeros mandamientos en Perelada es el de, aparte de contar con la participación de voces consagradas, apoyar a las jóvenes promesas del mundo de la lírica. Blanch hoy es ya toda una estrella.

Con un programa batiburrillo, la voz del norteamericano resulta imposible de catalogar, pues es capaz de dar vida al Duque de Mantua, Nemorino, Fígaro o Tristán. Forjador del término “baritenor”, su enorme flexibilidad, extensión y versatilidad, junto a unos agudos robustos y naturales, consiguieron solventar con brillantez un divertidísimo “Largo al factotum” rossiniano. Pero por desgracia le faltó algo de química en los dúos junto a la catalana, como el poco chispeante “Caro elisir, sei mio” de Donizetti. Su introducción en el repertorio de la zarzuela (con un esmerado español) lo solventó con eficacia y rotundidad, aunque donde regaló el momento más imperecedero fue en las propinas con un deliciosamente fraseado “La donna è mobile” de Rigoletto.

La emisión clara y fresca de la tarraconense, de agudo brillante y ágil coloratura, fulguró en el “Je veux vivre” del Roméo et Juliette, desbordándose en la teatralizada escena de la locura de Ophélie del Hamlet de Thomas, en un derroche de belcantismo, ornamentación, expresividad y ternura. Su propina del Vals de Musetta fue de una encantadora musicalidad.

El Barroco de Savall

Jordi Savall es ya un coloso de nuestro patrimonio musical, confeccionando un delicioso programa barroco con Venecia como epicentro (Vivaldi, Albinoni, Ferrandini). Estuvo acompañado del privilegiado violín de Lina Tur Bonet (con algunos problemas de afinación debido al intenso calor), la voz cristalina de la soprano Núria Rial y unos Musiciennes du Concert des Nations de exclusiva presencia femenina. Savall desplegó su sapiencia en este repertorio, con una dirección equilibrada, de homogénea articulación, cargada de contemplación, espiritualidad y color.

La voz refinada y elegante de Rial, se fundió a la perfección en su ensamblaje sonoro. La emisión natural y transparente, íntima y sutil, trenzada con terciopelo, resplandeció en las dos obras vocales de Vivaldi: Salve Regina y Salmo 112. Su delicado y exquisito “V'adoro, pupille” del Giulio Cesare que cerró el concierto, nos hizo pensar el porqué demonios no ha cantado más ópera a lo largo de su carrera. Si como decía Gardel en su tango, veinte años no es nada, los cuarenta de Perelada lo son aún menos. ¡Larga vida al Festival!

por Javier Extremera

www.festivalperalada.com

Foto: Sara Blanch y Michael Spyres, en su recital lírico del Festival Perelada. © Miquel González

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