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39 Festival Perelada

Una invitación al paraíso

Septiembre 2025

Tras el Festival de Pascua que ha conseguido en tan solo tres ediciones hacerse un hueco entre los grandes certámenes de Semana Santa de nuestro país, regresaba en julio la tradicional y longeva (van ya 39) oferta veraniega del Festival Perelada en su edició estiu, que en espera de ese nuevo y ansiado espacio escénico al aire libre cuyas obras parecen inminentes, tiene como impagable escaparate el ensoñador Castell de Peralada y su privilegiado entorno, donde sobresalen el Mirador, su espectacular Celler o la hermosa iglesia del Carmen, iluminada de manera ejemplar para los conciertos. Una invitación al paraíso, como rezaba el eslogan de este año, irresistible para cualquier amante de la música y para esos viajeros en busca del esplendor patrimonial y cultural.

 

Este año el Festival ampurdanés diseñó una docena de espectáculos de audaces y ambivalentes estilos y escenarios, donde la voz humana, como suele ser ley en la bella Peralada, tuvo una importante presencia entre la acicalada programación, siempre diseñada bajo ese primer mandamiento de fusionar las voces consagradas de nuestro presente (DiDonato, Prégardien o Yoncheva), con jóvenes promesas como Angel Blue, cuyo recital cerró la segunda semana del Festival, lamentablemente pasada por agua, pues una copiosa dana, nos privó de uno de los platos fuertes de esta edición, el oratorio haendeliano Il trionfo del tempo e del disinganno del maestro William Christie, silenciado por la madre naturaleza.

A cambio, el 11 de julio visitaban la església del Carme las Hermanas Labèque con un programa repleto de fantasía y ensoñación titulado “Le jardín féerique”. Resulta asombroso comprobar la depuración, simbiosis y cristalinidad sonora que han conseguido Katia y Marielle tras toda una vida tocando el piano codo con codo. Nadie ha interpretado de manera tan ensoñadora en las últimas décadas una obra tan fascinadora como la raveliana Mi Madre la Oca, ejecutada como si las cuatro manos estuvieran insertadas en un mismo tronco y bajo un estado perpetuo de levitación sonora. Texturas de una limpieza y claridad que solo ellas son capaces de desplegar, consiguiendo momentos en que las notas parecen quedar suspendidas en el aire, pese a la inexorable acústica del templo (maravillosas en la atmosférica Pavane o en ese Jardín de las Hadas, que daba título al recital).

En la posterior Fantasía D 940 de Schubert, regalaron una interpretación delicada, sin enfatizar ni subrayar, cuidando mucho la línea de canto, casi recitada bajo susurros, hondamente interiorizada y de una pureza musical inolvidable. Su idilio con el compositor Philip Glass viene de largo, como manifestaron ante los rítmicamente exigentes Cuatro movimientos para dos pianos, demostrando que técnicamente siguen bebiendo del elixir de la eterna juventud.

Angel Blue

La joven Angel Blue, que debutó el 13 de julio en el certamen, posee un instrumento portentoso, pero que aún no sabe cómo usar. Voz densa y compacta, muy bien timbrada y de gran resonancia, centro robusto pero con un agudo por pulimentar. Su voz está forjada para un teatro de ópera, por lo que la Iglesia se le quedó pequeña. Desde el inicio, estuvo sentimentalmente desbordada (se le saltaron las lágrimas varias veces) en su homenaje a las víctimas valencianas de la dana, con un lacrimoso Ave María fuera de programa. En la primera parte dedicada a la ópera, sobre todo italiana, la estadounidense no estuvo cómoda, mostrando inseguridad, falta de expresividad y muchas prisas (a veces impuestas por su desigual acompañante pianístico Bryan Wagorn). Gélidas, impasibles y sin lustre Aida, Mimì y Tosca, pese a tener un instrumento privilegiado, al que deberá seguir amoldando técnicamente a este exigente repertorio.

Fue en la segunda parte, cuando su talento se desbordó con algunas canciones paridas en su patria por los Gershwin, Arlen y sobre todo Kurt Weill (deliciosa Youkali). Tras un par de guiños al público en forma de zarzuela (alguien debería de haberle informado en qué parte del territorio nacional se encontraba), cerró memorablemente el recital con dos soberbios Espirituales magníficamente cantados (Deep River y Ride on King Jesus) y poner el broche de oro con un atmosférico Summertime, de esos de recordar toda la vida. El paradís a l'abast de la nostra mà.

por Javier Extremera

www.festivalperalada.com

 

Foto: Desbordada por la emoción, la joven soprano estadounidense Angel Blue debutó en el Festival Perelada.
Crédito: © Miquel González

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