Cuarteto Casals.
Harmonia Mundi HMM902735 (CD)
Réquiem sin palabras
En Wozzeck, la sombra de la muerte pivota alrededor de la nota Si. El interludio orquestal tras el asesinato de Marie es un grito de la orquesta levantado alrededor de esa única nota. El ostinato con el que finaliza el Cuarteto n. 13 de Shostakovich (también rematado con un grito que nace en pianissimo y muere en ffff) es uno de los momentos culminantes de la integral cuartetística del gigante de San Petersburgo, y también uno de los instantes más dramáticos y sentidos de este álbum del Cuarteto Casals. Inolvidable Vera Martínez. Cómo se puede expresar tanto con tan escaso material sonoro (un Si bemol agudo, creo que el más largo e intenso de la generosa discografía).
El Cuarteto n. 13 Op. 138 es una obra escrita en un único trazo, de menos de 20’, dividida en 6 breves adagios encadenados y dedicada a la viola. El papel elegíaco y solista de la viola tiene un significado añadido en este disco, ya que supone la despedida en lo fonográfico de Jonathan Brown, sustituido en la actualidad por Cristina Cordero. Una versión nocturna y poética del Op. 138, finalizada de una manera acertadamente teatral.
Cada miembro del Cuarteto Casals tiene su momento. Con el Cuarteto n. 14 Op. 142, le llega el turno al violonchelista Arnau Tomàs, un turbador anunciante del material melódico y buen guía para atravesar la oscuridad del último Shostakovich, más críptico, más melancólico, de trazos más abreviados.
La música se fragmenta en el Allegretto conclusivo del Cuarteto n. 14. Los sonidos se debilitan, parece que este movimiento está a punto de resquebrajarse. Es el ocaso de lo tangible, expresado en lo musical por un hombre con una enfermedad neurológica que limitó sus movimientos y para la cual nunca obtuvo un diagnóstico definitivo. La música se vuelve menos densa que en los Cuartetos intermedios. La partitura obliga al Cuarteto Casals a alejarse unos de otros, a apenas insinuar citas musicales, a deshilacharse.
Los epítetos laudatorios pueden sonar muy vacíos a la hora de explicar con palabras cómo de emotiva resulta la introducción del segundo violín Abel Tomàs en la Elegía que abre el Cuarteto n. 15 Op. 144. Bastan unas pocas notas para sentir que estamos de nuevo solos y a oscuras.
Un réquiem sin palabras. Una pintura negra, dibujada a través de 6 largos adagios, 6 movimientos vinculados los unos con los otros. Una novela sonora cuyos 6 capítulos giran, todos ellos, alrededor de Mi bemol menor. Una larga monodia, más que una polifonía, escrita para 4 instrumentistas que durante la audición parecen un coro de 16 voces. El Cuarteto más largo de Shostakovich y uno de los más conmovedores, si no el que más, aunque paradójicamente da la impresión de que no sucede nada. El Cuarteto Casals convence en la recreación de esa mística casi religiosa que propone el Op. 144. Sensacional remate de estos músicos de cuerda con el que concluye un ciclo muy recomendable. Enorme Shostakovich en esta despedida. También una de las grandes interpretaciones del Cuarteto Casals.
Daniel Pérez Navarro