Alfonso Gómez, piano.
Kairos 0022302KAI (3 CD)
LOS EMBAJADORES DE LA ALEGRÍA INMATERIAL
Decía Olivier Messiaen (1908-1992) que “la naturaleza era el recurso supremo al poblarse de inagotables sonidos, colores, formas y ritmos”. De ella, el canto de los pájaros, “esos embajadores de la alegría inmaterial”, como apuntara el músico francés, fue objeto de estudio científico e inspiración de los siete cuadernos que conforman el pianístico Catálogo de pájaros, escrito entre 1956 y 1958 a partir de las transcripciones de 77 aves de toda Francia y su respectivo paisaje sonoro asociado. El resultado es un gigantesco ciclo en el que gorjeos de ritmos endiablados se entretejen con las relaciones entre sonido y color de Messiaen, que el pianista vitoriano Alfonso Gómez defiende con feroz virtuosismo, diáfana polifonía y sentido dramatúrgico en este registro Kairos, al presentar las aves, también, con su especial carácter.
Sirvan de ejemplo los estridentes arranques de Le Traquet Stapazin, los soliloquios (que parecen filtrados por el gamelán indonesio) de Le Merle Bleu, alternados con meditativos interludios en un estilo reminiscente de les Vingt Regards que Gómez contrasta con flexibilidad y una sensacional paleta de colores. Los trinos y floreos, como de recuerdo lisztiano, de Le Traquet Rieur o en forma de risotada en Le Loriot, se compensan con el misterio y el solemne misticismo de L’Alouette Lulu y La Chouette Hulotte, que el músico gasteiztarra desgrana con pasmosa seguridad ante el desafío que suponen estos números. Otro fascinante ejemplo es el del canto madrugador y de ataque metálico de La Rouserolle Effarvatte, junto a su cohorte de ranas e insectos que el pianista vasco logra plasmar con tanta exactitud como poesía. El sentido religioso, trascendental, que arropa el canto de L’Alouette Calandrelle y La Bouscarle del quinto libro, se aprecia en la agilidad dinámica de esta versión, al igual que el jugueteo de los ritmos yámbicos de Le Merle de Roche.
Acompaña a esta obra el conjunto de Pequeños esbozos de pájaros de 1985, en unas maneras, quizás menos espontaneas aunque más sintéticas, que contraponen los diferentes estilos del compositor. Con una extensa y muy admirable competencia discográfica, el rango dinámico e íntima acústica del registro de Gómez se alinea con las propuestas de Hill en Unicorn y Austbø en Naxos, si bien el elegante pianismo, más afilado y polifónico, del vitoriano se alinea con el de Zehn para Arte Nova, Muraro en Accord y, sobre todo, Aimard en Pentatone.
Queda clara la propuesta en torno a un sonido recogido que favorece una gran paleta cromática en una grabación natural, pulcra, que evita el presentismo de la imponente lectura de Longobardi para PianoClassics o enfoques más flamígeros, de extracción romántica, como los de Ugorski en Deutsche Grammophon. Es en ese equilibrio en el que Alfonso Gómez sobresale por sus virtudes, refrendadas por una técnica sobresaliente, que posiciona esta versión para Kairos como una de las referencias discográficas ineludibles en este repertorio.
Justino Losada