Música clásica desde 1929

Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
Haciendo "clic" en el título de cada disco o sobre la foto, accederá a su ficha y a la crítica publicada en Ritmo y, cuando es posible, a las diferentes tiendas donde podrá adquirir el disco físico, o a las plataformas digitales desde donde podrá escucharlo en "streaming" o descargarlo online.

Ritmo OCTUBRE 2016 - Núm. 900

HERBERT VON KARAJAN: MAESTRO FOR THE SCREEN

(Bonus: La Orquesta Filarmónica de Berlín interpreta Bach). Un documental de Georg Wübbolt.
CMajor, 737608 (DVD)



La crítica

BERNHARD FLEISCHER: EL HOMBRE QUE MIRA

Hacía falta en este submundo cinematográfico donde la palabra es sustituida por el sonido, una personalidad tan fresca y entusiasta como la del productor austríaco Bernhard Fleischer, promotor independiente de ojo avizor. Sus producciones, dotadas de gran flexibilidad, son capaces de posar su mirada sobre una función de ópera, concierto o recital, rendirse ante las piruetas de un ballet o recoger las confesiones más íntimas de los aventajados del oficio. Sus multipremiadas aventuras audiovisuales han supuesto un soplo de aire fresco a esa industria encallada ante los nuevos desafíos mercantiles, sumida en un perpetuo sonambulismo. Del ya extenso catálogo (www.bfmi.at) hemos ido informando (con la boca bien grande) desde esta trinchera fílmica. Su nombre vuelve a la actualidad, gracias a dos documentales de incuestionables valores históricos, fílmicos y musicales. Testimonios que engrandecen (aún más si cabe) la figura ya inmortal de los retratados.

Rey Midas

Karajan sigue siendo un efectivo y rentable reclamo publicitario. Su propagandística figura es el único eje por el que gravita la reeditada “Karajan: Maestro de la Pantalla” (2007), un soberbio trabajo de eficaz maquinaria narrativa que nos descubre a ese obsesivo director de cine que llevaba muy dentro de sí. El documental (con subtítulos) hace un meticuloso recorrido temporal por sus registros fílmicos más emblemáticos (todo comienza con el blanco y negro de 1957). De entre los numerosos y sabrosos testimonios de primera mano destacan: Peter Uehling (biógrafo), Werner Resel (Wiener Philharmoniker), Ewald Markl (DG), Norio Ohga (Sony, presente cuando el salzburgués sufrió el ataque al corazón que le costó la vida), Lore Salzburger (asistente) o los directivos de Unitel, Horant Hoflfeld, Herbert Kloiber y Fritz Buttenstedt.

Desde sus primeros pasos y encontronazos junto a la gigantesca sombra del cineasta Henri George Clouzot (vecino suyo en Saint-Tropez con el que filmara cinco películas), vemos evolucionar su estilo y manías, así como su peculiar universo visual. Su socio Leo Kirch (con quien fundó Cosmotel) certifica que “nunca hacía nada sin estar seguro de que iba a ganar mucho dinero”, lo que no le impidió intentar dejar para la posterioridad algo grande, rozándolo junto al experimental Hugo Niebeling (realizador) y Ernst Wild (iluminador), que fueron capaces de articular un nuevo lenguaje sobre ese medio aún en pañales. Juntos sentaron las bases del futuro videoclip (con el inevitable play-back), donde las esclavizadoras imágenes llegaban incluso a aplastar la música. Todo debía de pasar por las manos de este adicto a la tecnología, lo que provocaba muchas tensiones y un tiránico control (incluso obligaba ponerse peluquín a los músicos más alopécicos), recompensado a posteriori con el cuantioso pago de royalties.

En los extras dedicados a un sinfónico Bach con brillantina (1967-68), podemos escuchar una desincronizada, romantizada y narcisista Segunda Suite para orquesta, de dinámicas embrutecidas y sonido difícil de fagocitar en nuestros días (jamás lo moderno resultó más vetusto).  La divinidad, sentado al clave, no para de chupar cámara. De antología los neurasténicos encuadres robados a la nouvelle vague (no en vano el gran Raoul Coutard ejerce como operador). El Tercer Concierto de Brandeburgo de empalagosa ornamentación y vibrato, resuena como un elefante en una cacharrería. El Rey sigue vivito y coleando.

Javier Extremera

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