Fiesta de la Zarzuela en el Auditorio de San Lorenzo del Escorial con la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de José Luis López Antón.
Un completo y compacto concierto con una selección de entre los “cuarenta principales” de lo más granado (y lo más grabado, también) del repertorio coral e instrumental de lo que, al menos al día de hoy, seguimos llamando con cierto orgullo: zarzuela. Antología tradicional, realizada en el Ciclo de conciertos que se desarrolla en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, en colaboración con la Fundación Sociedad de conciertos de Alicante.
Catorce números que arrancaron con la energía de Barbieri y terminaban sobre el programa, con el Bretón de La Paloma (salvando un animado bis “pasado por agua” de Federico Chueca).
Fraseo y ajuste en los tempi, detalle y lógica formal en la conducción del podio en todas y cada una de las piezas. Versatilidad y fluidez que nos dejó una estimulante impresión ya de principio, con la brillante Introducción y el coro general de El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri: bien articulado, con gusto, y aquel cuidado en el fraseo que se mantuvo toda la tarde.
Un Preludio de La verbena de la Paloma de Tomás Bretón, hecho con detalle instrumental. Con sus enlaces entre episodios bien trenzados, sin fricciones.
El Pasacalle de El año pasado por agua de Federico Chueca, que después se ofrecería como bis, con la gracia y empuje que se le suponen, sin mermar en las anteriores cualidades.
Como en el Preludio de El bateo del mismo, flexibilidad de tempi y ecos que se sumaron a su vis cómica. Los aplausos festejaron la música de este autor, directo, intuitivo, inspirado e… indispensable de la zarzuela de este periodo.
La Ronda de los enamorados de La del Soto del parral de Reveriano Soutullo y Juan Vert se versó con trasparencia, limpieza y dinamismo desde el coro, aquí más lírico.
Amadeo Vives y su Coro de románticos de La Francisquita, es otra historia... Una obra que podría erigirse por su técnica compositiva y sutiles enarmonías, en toda una clase de composición (muy por encima de mucho de lo que se celebra, aquí y fuera de España, en repertorios operísticos supuestamente más… “regios”). Bella factura y resolución, pues. Por cierto, un detalle puntual, sigue siendo difícil, incluso a este nivel, encajar a todos en tempo en esa reexposición reforzada del tema tras una suspensión armónica especialmente comprometida… que llevó a la postre a un final de pulcra afinación.
El Preludio de El tambor de granaderos de Ruperto Chapí, una obra que tampoco tiene nada que envidiar a las que pueblan nuestros programas sinfónicos. Claro sentido de la progresión, de la forma en su conjunto, con episodios ejemplares sin perder un ápice de su espíritu y… un final espléndido. Detalle en toda su articulación general, lirismo cuando fue necesario y estadios dinámicos bien definidos desde podio y atriles esta tarde.
Chueca de nuevo desde la Ribera de curtidores, con el Coro de barquilleros de Agua, azucarillos y aguardiente, dio con el tempo giusto para ese efecto pretendido de pizpireto trabalenguas, así como algún detalle de agradecer, más castizo, en alguno de los ”versos”... Me estoy refiriendo más a los detalles que se abordaron como tal coro (de voces femeninas en este caso), que a los mostrados por las breves intervenciones “solistas” trufadas en la partitura, que esto último es más habitual.
Siguiendo con Chapí, el Coro de doctores de El rey que rabió fue la respuesta de las voces masculinas a la obra precedente, con su fresca vis cómica. Un número que quizás sea el que más extrañe su extracción de la trama cómico-dramática que le acompaña, adaptado a los usos propios de una antología.
Bueno… y si de preludios sobresalientes hablamos… (parafraseando…: “¡Hay preludio de mi vida!”) el de La revoltosa se lleva la palma… Chapí en versión detallista que trataba de dar un punto de mayor tersura (quizás compensando lo que precedió…). Emoción en su final: ¡chapeau a todos, abrazando con su sonido al trompeta solista en su última, “épica” y definitiva entrada!
El Pasacalle de El orgullo de quererte del propio director del Coro de la Comunidad de Madrid, Javier Carmena, fue la pieza más reciente del recital: optimismo en estado puro, si es que hasta ahora no se hubieran desbordado ya todos los atriles… y, eso sí, un envolvente sentido hímnico que siempre se agradece en lides antológicas.
Y… ¡cómo no…! el Intermedio de La boda de Luis Alonso de Gerónimo Giménez, quizás la obra más apreciada y repuesta en este afán de simplificación que acosa el concierto moderno. Y sí, la más tenaz y superviviente en este momento, en ciclos sinfónicos incluso. Al menos como bis… ¡que ya es algo! Calidad tiene de sobra para introducir una Sinfonía de los Beethoven, Bruckner o quien se tercie (de Bach no me atrevo), pero hoy se han escuchado muchas (y muchas más que hay) que no le andan a la zaga, incluso la superan (como los magistrales preludios de Chapí o el de Bretón… sin olvidarse del Barberillo…).
— ¡Venga otra copla!
Y no, no fue el final, nos quedaban dos hitos en este ejemplar hit parade de nuestro género operístico (que es lo que es al fin y al cabo) cuyas obras matriz (y autores por descontado) ya nos habían visitado hoy: las populares Sevillanas de El bateo de Chueca y las incombustibles Seguidillas de La verbena de la Paloma de Bretón.
Nada más que decir.
O sí…
— ¡Venga otra copla!
Pues sí. ¡Aquí viene otra!
El bis, interactuado con el respetable y sus palmas acompasadas al estilo de nuevo año vienés (el nuevo año de “San Isidro”: de San Isidro a San Isidro, que fundamos hoy… ¡Vaya que sí!): Chueca y aquel pasacalles de El año pasado por agua…
— ¿Viene otra copla?
Luis Mazorra Incera
Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid / José Luis López Antón.
Obras de Barbieri, Bretón, Carmena, Chapí, Chueca, Giménez, Soutullo, Vert y Vives.
ORCAM. Ciclo de Conciertos Teatro Auditorio. Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial.
Foto: Cartel del concierto.