El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) sigue mimando la programación de su ciclo ‘Universo Barroco’ con algunos de los grupos más destacados de la interpretación históricamente informada. En esta ocasión la cita correspondió a una de las agrupaciones vocales de cámara de más calidad del planeta, Vox Luminis, que presentaban por vez primera en España uno de sus programas más fascinantes, coherentes y espirituales de sus más de 20 años de carrera.
Debemos recordar que Vox Luminis es un grupo vocal de cámara que nos maravilló a todos los melómanos allá por 2004, cuando descubrimos a este joven grupo belga de espectacular sonoridad, conjunción milimétrica y belleza musical extrema. Sus interpretaciones, especialmente las de obras alemanas, italianas e inglesas de entre los siglos XVI al XVIII se convirtieron rápidamente en referentes globales del repertorio. Fue en 2012 cuando su grabación de Musikalische Exequien de Heinrich Schütz ganó el prestigioso premio ‘Gramophone’ a mejor disco barroco vocal, así como el ‘Gramophone of the Year’ (mejor álbum global de todos los discos premiados). El presente programa, Ein deutches Barockrequiem, ha sido la deseada vuelta a estos repertorios que tanto ama el ensamble. Ha sido el propio Lionel Meunier, junto a Jérôme Lejeune, el inquieto y activo director de la discográfica Ricercar, el sello de cabecera del grupo, quienes han rescatado estas interesantísimas piezas aquí recogidas, muchas de ellas primeras interpretaciones en tiempos modernos.
La unicidad de estas obras alemanas del siglo XVII reside en la utilización de los mismos textos que Johannes Brahms utilizaría siglos más tarde en una de las más icónicas obras sacras de la historia de la música, su Eine deutsches Requiem. Con ello, el programa nos permite comprender las raíces de los textos empleados por Brahms que hasta ahora solían relacionarse casi en exclusiva con los de Heinrich Schütz, además de redescubrirnos un repertorio de una belleza insólita y de un misticismo único, perteneciente inequívocamente al rito luterano.
La preciosa música de autores casi desconocidos en España, como Andreas Scharmann, Thomas Selle, Johann Herman Schein, Christian Geist, Tobias Michael, Wolfgang Carl Briegel, Andreas Hammerschmidt, Heinrich Schwemmer y Johann Philip Förtsch, sonó por primera vez en el Auditorio Nacional de Música y cautivó a todo el público que guardo un silencio sepulcral durante toda la velada, sin interrupciones entre obras, lo que convirtió al concierto en una oración humana y mística sobre la muerte.
Para los que conocemos bien el Réquiem de Brahms, la noche fue una auténtica delicia, ya que pudimos comprobar la fuerte tradición que estas oraciones luteranas tienen en la música germánica, comprendiendo precisamente de dónde viene la música de Brahms, pero sobre todo conociendo ahora que sus textos no son ideas magistrales del genio de Hamburgo, sino que son el resultado de una tradición centenaria. Éstos son mayormente fragmentos de los Evangelios, de las Epístolas, de numerosos textos del Antiguo Testamento y de los Salmos
Así, el orden de las piezas escogidas para el concierto hizo todo lo posible por respetar la estructura de la composición brahmsiana, comenzando con un motete de estilo madrigalístico de Johann Hermann Schein que musicaliza el texto de las Bienaventuranzas. La bellísima composición de Christian Geist, Die mi Traënen säen, sigue las palabras exactas del Réquiem alemán, y Die Erlöseten des Herren de Tobias Michael, incluye la sección final del texto, de Isaías, del segundo número de la obra decimonónica.
Para representar su tercer movimiento se utilizan tres obras: Herr, lehre doch mich, Ach wie gar nichts sind doch alle Menschen y Die Gerechten Seelen sind en Gottes Hand, las palabras que Brahms utilizó para su gran fuga final.
Para Der Tod ist verschlungen, el texto de Brahms de su sexto movimiento, la obra de Andreas Hammerschmidt fue la escogida. Es una auténtica maravilla que el doble coro, junto a dos violines, exaltan con sus vibrantes Alleluias.
Johann Philipp Förtsch fue el autor utilizado para concluir este original concierto con su cantata Selig sind die Toten, preciosa y extensa composición que demanda una gran expresión por parte del conjunto vocal y de los solistas vocales que cantan los versos.
Esta descripción del repertorio contenido es muy necesaria para comprender la enorme labor de investigación de Meunier y Lejeune, así como para poder apreciar la calidad de las interpretaciones de Vox Luminis, que sonó en todo momento natural, expresivo, y con las obras completamente interiorizadas, como si éstas formaran parte del repertorio habitual de cualquier agrupación germana.
Así pues, nos encontramos a Vox Luminis en toda su esencia primigenia, volviendo a mostrarse como un grupo absolutamente equilibrado, conjuntado, de una belleza extrema en su sonoridad y con una prosodia de la lengua alemana tan natural como inteligible, además de mostrar la justa expresión de los textos y de la música sin artificios. Cada interpretación suya fue tan convincente, que transformó el concierto en una verdadera comunidad luterana orante, en donde predominaron los pasajes homofónicos, tan característicos de su liturgia.
Debemos destacar individualmente a algunos de los intérpretes de Vox Luminis, tanto a cantantes como a instrumentistas, aunque la gran virtud de la música escuchada en Madrid fue su interpretación de música de cámara de conjunto. Así, el bajo Sebastian Myrus fue una de sus voces más destacadas, tanto por la belleza de su voz, como por la naturalidad de su emisión y la profundidad de su timbre grave, además de ser siempre convincente y coherente en la expresión. La soprano Erika Tandiono fue por su parte una voz tan prístina como precisa. La también soprano Sophia Faltas fue el contrapunto necesario a Tandiono, mostrando su cálido color vocal de gran riqueza de armónicos en los registros central y grave. Además, su expresión fue especialmente cercana y su alemán, transparente
Los cinco instrumentistas de cuerda frotada, dos violines y tres violas da gamba, conformaron un hermoso y compacto consort de violas. El organista Bart Jacobs, bien audible y lleno de recursos, fue el motor y el imaginativo bajo continuo que dio unidad al ensamble, además de conferir del precioso sonido sacro que esta música necesita.
Lionel Meunier dirigió a cantantes e instrumentistas de un modo natural, coherente y expresivo, siguiendo siempre la prosodia del texto y consiguiendo una conjunción absoluta de un a agrupación de auténtico lujo, de máxima afinación, equilibrio total entre todas sus secciones y coros, y de una disciplina ejemplar de todos sus componentes hacia sus directrices.
La velada fue un extraordinario descubrimiento sonoro para el respetuoso público, que respondió con acalorados vítores y sonoros aplausos a estos excelentes músicos al finalizar el concierto. Como propina Vox Luminis ofreció el bellísimo motete Ich hebe meine Augen auf zu den Bergen de Andreas Hammerschmidt, en donde el tenor Jacob Lawrence mostró su hermosa voz solista, así como su gran capacidad expresiva en un precioso diálogo con el coro y los instrumentos.
Simón Andueza
Vox Luminis, Lionel Meunier, bajo y dirección.
Ein deutches Barockrequiem
Obras de Andreas Scharmann, Thomas Selle, Johann Herman Schein, Christian Geist, Tobias Michael, Wolfgang Carl Briegel, Andreas Hammerschmidt, Heinrich Schwemmer y Johann Philip Förtsch.
Ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.
Sala de cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid.
25 de marzo de 2026, 19:30 h.
Foto © Elvira Megías