Entre la diversidad de propuestas que ha ofrecido la tercera semana del Festival de Música Antigua (FeMÀS), ha terminado por imponerse una idea común que, de manera intencionada o no en la programación, ha vertebrado las propuestas, la del solista como eje del discurso musical. Y no únicamente entendido este como brillante figura aislada en la soledad del escenario, sino también como presencia capaz de emerger con claridad, desafiante, desde la textura colectiva.
Un día antes de lo habitual, la imponente iglesia del Salvador acogió un programa homenaje a Francisco Correa de Arauxo, organista del mismo espacio —que no edificio— en el siglo XVII. Con motivo de los cuatrocientos años de su Facultad orgánica, de la reciente restauración del órgano de la iglesia y también de la estrecha vinculación del intérprete con la misma, se previó un sobresaliente monográfico con Andrés Cea Galán que llenó las naves de público. Con un simpar instrumento que condensa tanta pluralidad de voces, el virtuoso y sensible músico jerezano expuso, impecable el equilibrio y asombrosa la articulación, un repertorio de tientos que transcurrió con total fluidez desde la introspección a la expansividad; o, quizás mejor, a la inversa, dada la original idea de finalizar desde el recogimiento. La «belleza abstracta e inefable» que, en palabras del propio solista, plasma esta monumental obra supuso una inmejorable bienvenida a la tercera semana del FeMÀS.
Y si de expresividad se habla, el concierto de Mario Brunello en el Espacio Turina, a pocas calles de distancia, recogió el testigo con otro monográfico, esta vez de quien se erige presencia destacada en la XLIII edición: Johann Sebastian Bach. Subir la misma montaña desde dos laderas diversas, así justifica Mario Brunello su adaptación a violonchelo piccolo de las sonatas y partitas para violín de Bach. Registradas íntegramente por suerte para Arcana, porque la interpretación es sobresaliente, aquí nos ofreció una cuidada selección de tres que plasmaba a la perfección la tensión estructural que define al conjunto. Fraseo variado y siempre adecuado a la danza o al ambiente, brillante virtuosismo, ritmos ágiles fueron la marca de la casa a lo largo del programa, que culminó con la archiconocida y aquí espectacular chacona de la segunda partita, plagada de matices y de trepidante y muy reflexionada narración.
De Alemania, viaje matinal a la Toscana, que vio desarrollarse el cuarteto de cuerda en paralelo a Viena gracias a la presencia de compositores como Nardini y Boccherini. Bajo el título Il Quartetto Toscano, fue un homenaje a músicos como los anteriores —también implícitamente a Manfredi y a Cambini— el de Auser Musici, liderados por el flautista Carlo Ipata. La compenetración y el equilibrio mostrado por los dos violines —preciso y elegante Angelo Calvo—, la viola y el violonchelo —expresivo y sumamente teatral Marco Ceccato— fue constante a lo largo de las obras en la Iglesia de Santa Clara; especialmente durante el lírico cuarteto de Nardini, de contrastes muy acertadamente marcados, o el contenido largo del Op. 2 n.º 1 de Boccherini. Pero no solo se interpretaron obras del Boccherini «italiano», e Ipata contribuyó con su fraseo elegante en las obras del periodo español. Los cinco se —y nos— divirtieron regalando contrastes muy estudiados asimismo en el simpar quinteto de Las parejas.
De vuelta a Bach y al Espacio Turina la noche del sábado 21 para un tributo a Nikolaus Harnoncourt, figura imprescindible dentro de Concentus Musicus Wien. La obra, clave, tanto en la historia de esta formación como en la de la música: los conciertos de Brandeburgo. El cierre de la que ha sido gira fue celebrado desde el inicio, aunque la lectura no estuvo tan marcada por el contraste como por el realce a la figura del solista. En unos conciertos en los que hay múltiples oportunidades de destacar la precisión de los instrumentistas por separado —y el empaste en los que prevén únicamente la cuerda—, se pudo comprobar la solidez de los integrantes desde el primero al sexto. La violinista Theona Gubba Chkheidze asombró con su dominio y juego de dinámicas en el cuarto concierto, acompañada por las elegantes flautas dulces de Rahel Stoelleger —bravísima dialogadora también en el segundo— y Patricia Nägele; impecable afinación en las trompas de Dániel Pálkövi y Viktor Praxmarer y desafiante la trompeta de Gabriele Cassone; más solista que director, original, con clase y articulación precisa, Stefan Gottfried al clave.
Y quien asistió al último evento de la semana en el mismo espacio recordará por mucho tiempo —para quien esto escribe, así será al menos— el especialísimo ambiente que Mahan Esfahani consiguió recrear con su (casi) monográfico de Domenico Scarlatti. Ya de las notas al programa, escritas por él mismo, se destilaba una profunda curiosidad por entender los resortes de un repertorio tan vasto como fascinante, y se vislumbraron en la posterior ejecución destellos de las lecturas sacadas de cada sonata del compositor italiano. Minuciosidad y atención al detalle en cada variación, perfección y expresividad siempre presentes y un hilo conductor muy bien ideado que recorría con criterio todo el universo melódico que sirvió al napolitano de inspiración. Si no tuvieron la suerte de asistir a su recital en la madrileña Fundación March en enero del 2025, no se pierdan los extractos disponibles en línea de este, pues podrán comprobar cómo un año antes se repitió mucha de la magia que aquí se describe con el de hace una semana.
Pedro Coco
FeMÀS, XLIII Festival de Música Antigua de Sevilla
Del 6 al 29 de marzo (tercera semana)
Diversos intérpretes y escenarios (Sevilla)
Foto: El concierto de Mario Brunello en el Espacio Turina fue un monográfico Johann Sebastian Bach / © Lolo Vasco