Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Una vera prima donna - por Francisco Villalba

Madrid - 28/07/2022

Más de uno pensó que la cantante más apreciada de nuestro tiempo regresaba al Teatro Real, junto a su marido, para ofrecer un recital de compromiso, sin dificultades, y en el que se luciría sin gran esfuerzo. Pero nada más alejado de la realidad.

Para demostrarlo comenzó con el endemoniado “Piangete voi?... Al dolce guidami castel natío…Coppia iniqua” con que finaliza la ópera Anna Bolena de Donizetti, famosa por la enorme versión de la Callas. La Netrebko estuvo inmensa, con un estilo impecable, una voz plena en todas las tesituras, portamentos magníficos, filados sin macula, agudos casi siempre perfectos y una interpretación de ese tour de forcé que es el Coppia Iniqua de tremenda fuerza dramática. Y esto después de que su garganta haya pasado por papeles veristas, por Turandot, por Lady Macbeth y por una extraordinaria Elsa del Lohengrin wagneriano.

Eyvazof, después, canto con más emoción que acierto, “Ah sì ben mio… Di quella pira” del Trovador, resolviendo los agudos no escritos, pero aceptados por tradición, con valentía.

De nuevo Netrebko, esta vez con el barítono azerí Elchin Azizov, interpretó el dúo “Udiste?.. Mira di acerbe lagrime…” del Trovador. Azizov ofreció una voz noble, de bello timbre y fue el perfecto compañero de una Netrebko en estado de gracia, que demostró que su evolución a papeles más dramáticos no ha hecho mella en su capacidad para desenvolverse sin problemas en las dificilísimas cabalettas verdianas.

Pero si quedaban dudas de su capacidad para moverse con igual soltura en el canto más lírico más refinado, el dúo final de Aida “O terra addio…” lo resolvió con maravillosos pianissimi, una voz delicada, evanescente y fue muy bien acompañada por Eyvazov. Un tanto pobre la corta intervención de Gemma Coma-Alabert.

La segunda parte comenzó con el conocido dúo para mezzo y soprano “Belle nuit, ô nuit d’amour” de Los cuentos de Hoffmann. Perfectamente conjuntado por Netrebko y Coma- Alabert.

Eyvazov, en solitario, se enfrentó a “Tombe degli avi miei”, de Lucia di Lammermoor de Donizetti. Tuvo valor en hacerlo porque no es una obra que parezca idónea ni a su voz ni a su escuela de canto. La defendió como pudo, pero pudo poco.

Después, en uno de los papeles en los que la soprano rusa ha dejado una huella imborrable, por lo menos en mí cuando se lo vi en directo, el de Julieta de Romeo y Julieta de Gounod, en la larguísima escena “Dieu! Quel frisson…”, donde sus virtudes teatrales y canoras lucieron de una forma esplendorosa. Fue exquisita y conmovedora.

Tras una interpretación valiente y atinada de la canción del “toreador” de Carmen, por Azizov como fin del programa,  el que se prometía como plato fuerte. La escena final el Acto I de la Dama de picas de Chaikovski. Y la promesa se hizo realidad. Tanto Netrebko como Eyvazov, supieron sacar de la maravillosa partitura sus resonancias más profundas y sentidas, con una entrega y brillantez de muchos quilates y una musicalidad excepcional.

Por supuesto tras las ovaciones vinieron las propinas. Netrebko nos regaló, fabulosamente cantada e interpretada, una canción que ella adora “Heia, in der Bergen” de la Princesa de las czardas de Kálmán. Y Eyvazov nos regaló el ya para mi insoportable “Nessun dorma” de Turandot de Puccini, bien resuelto.

Y para finalizar la velada Netrebko, Coma-Alabert, Eyvazov y Azizov cantaron al alimón “Non ti scordar de me” de Ernesto de Curtis y Domenico Furnó, cosa que fue de agradecer ya que no era el irremediable brindis de la Traviata.

Muy acertada la orquesta a las órdenes del maestro Mazza. Un concierto para disfrutar que demostró que la gran rusa tiene cuerda para rato y que cuerda.

Francisco Villalba

 

Recital de canto de Anna Netrebko, Yusif Eyvazov, Elchin Azizov y Gemma Coma-Alabert

Orquesta titular del Teatro Real.

Dirección musical: Michelangelo Mazza.

Universal Music Festival, Teatro Real, Madrid

 

foto © Universal Music Festival

223
Anterior Crítica / Formando y creando experiencia - por José Antonio Cantón
Siguiente Crítica / El Trío Guarneri de Praga al rescate - por Ramón García Balado