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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Una Tosca sin resquemores - por Ramón García Balado

A Coruña - 02/11/2026

Tosca de Puccini volvía esta vez tras la producción ofrecida en la temporada del año 2000, en ese mismo lugar y en la que destacaron como solistas Margarita Lister (Tosca), Francisco Casanova (Mario Cavaradossi), Joan Pons (Barón Scarpia), con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Kamal Khan, en una producción del propio festival.

Para esta cita, con una producción de la Opéra del Théâtre Métropole, de Metz, contamos con Miren Urbieta-Vega (Tosca), presencia esperada de esta cantante y reconocida por su asunción del personaje, gracias a su dominio de este rol, dentro un equilibrado tratamiento de acentos intensos y su mordente expresivo en beneficio de las agilidades requeridas; Ragga Eldin (Cavaradossi), tenor con centro amplio que sugería los dominios propios de un tenor di forza, Carlos Álvarez (Scarpia), la veteranía de este cantante que siempre supo encarnar los dramatismos exigidos por repertorios veristas, repartidos entre óperas como la ofrecida, cercana si cabe a cargados de dramatismo penumbroso y Javier Agudo (Angelotti), completando los roles señeros, un bajo de rocosas aristas para encumbrar las agudas exigencias, a los que se añadían Valeriano Lanchas (Sacristán), Enrique Martínez (Spoletta), Pedro Martínez Tapia (Sciarrone), Daniela Quiza (pastor), Antonio Facal (Carcelero), junto al Coro Gaos, de Fernando Briones y el Coro Cantabile de Pablo Carballido y la OSG, dirigida por Paul Êmile Fourny, conocedor por lo seguido del enfoque otorgado a esta Tosca, y una puesta escénica de Patric Méeüs, una ambientación que se movía en tiempos del Art Déco, ciertamente intemporal, próxima al Estilo Imperio, el vestuario de Giovanna Fiorentini, entremezclados con un complemento figurativo de la Escuela de danza Druida.

Puccini tuvo conocimiento de la Tosca teatral de Victoriene Sardou a comienzos de 1889, en los Filodramáticos de Milán, en interpretación de la mítica Sara Bernhardth, que daría pie a incontables especulaciones, calando profundamente en su interés, lo que motivo la tentación de convertirla en ópera, probando a ponerse en contacto con Giulio Ricordi y con quienes serían sus libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Otra experiencia anterior sobre esta obra nos llevaría a un trabajo de Alberto Franchetti, compositor unido a esa causa tras haber realizado dos óperas de cierto éxito: Asrael y Cristoforo Colombo, quien definitivamente claudicaría y la première pucciniana se ofrecería en el Teatro Constanzi (Roma), en enero de 1900, con las voces de Hariclée Darclé y los italianos Emilio de Marchi y Eugenio Giraldoni, con dirección de Leopoldo Mugnone, con un éxito dudoso antes de recibir la consiguiente aceptación en producciones posteriores.

Luigi Illica (1857/1911), que había formado grupo con Arrigo Boito, llegó a escribir casi un centenar de libretos, cuatro para Puccini, entre los que se encuentran La Bohème, Mme Butterflfy o Tosca, mano a mano con Giuseppe Giacosa (1847/ 1906). Sardou acabaría alabando sus trabajos, gracias al tratamiento que sabría darle, con la reducción de los cinco actos a tres, logrando la unidad de un texto bien tramado y condénsalos en los acontecimientos de un solo día, luchas de conflictos sociales y amorosos. El mundo del momento no sonaba tan armónicamente como le hubiese gustado al compositor, para quien el trabajo no podía demorarse: Veo en esta Tosca una ópera que parece escrita especialmente para mí; no es excesivamente larga y es dramáticamente eficaz, permitiendo una música plena, escribió a Giulio Ricordi.

El ambiente de su Tosca, no es ni romántico ni lírico, sino apasionado, penoso y oscuro. Aquí no se trata de buenos hombres amables, sino de miserables y mezquinos personajes como Scarpia y Spoletta. Cavaradossi, el fugitivo, está enamorado de la bella Tosca, y Scarpia le hará torturar en presencia de la Diva. Puccini no dudó en reducir los cinco actos a tres. En lugar de 23, fueron reducidos a nueve los personajes. Los tres famosos: Tosca, Cavaradossi y Scarpia, entre los que culmina el drama y junto a ellos, el estudio del grotesco-cómico Mesner y el desdibujado Angelotti, al que se olvida después del Primer acto. Se afirma insistentemente que Tosca supone una aceptación secreta del verismo, un compromiso con el estilo de Cavalleria o Andrea Chénier, una concesión posible. Música teatral en grado sumo, la impresionante tragedia amorosa se desenvuelve entre los pliegues de una pompa sombría y solemne de un floreciente sonido melodioso, de pulso ardiente y fuerza diabólica. Pero junto a lo estridente y sórdido, se acompaña la belleza de una religiosidad totalmente ingenua que recorre la ópera. El antagonismo entre una acción que sobresalta el estado hipersensible, ofrece una música que se extasía entre melodías subyugantes, contando con la presencia del elemento femenino que posee, y que recuerda el lirismo de otras óperas suyas.

Tres actos, primero en la Iglesia de Sant’Andrea della Valle, que nos presenta al pintor Cavaradossi, que descubre oculto a Cesare Angelotti, cónsul de la República de Roma, perseguido por razones políticas tras evadirse de presidio, recibiendo la promesa del pintor de ayudarle, antes de aparecer Tosca, amante de Mario, y acordar ambos una cita para la noche. El anuncio de una victoria sobre Napoleón, atrae a los paisanos mientras en el templo se canta un Te Deum. Surge Scarpia, el pérfido policía que está obsesionado con Tosca. Según acto, en el despacho de Scarpia, en el Palacio Farnesio, pertenece a la tortura a la que es sometido Cavaradossi, tras su detención, siendo Tosca, forzada a presencia la amarga sesión de tortura, situación que no podrá  resistir, por lo que jura salvarle, aceptando las humillantes tentaciones de Scarpia. El Tercer acto- Castillo San’t Angelo-, Cavaradossi escribe una carta de despedida a Tosca, que aparece confesándole que la anuncia ejecución será simulada, lo que les permitirá huir. Los acontecimientos se precipitan ya que el fusilamiento será real, y cuando Tosca se acerca comprende que fue engañada. La diva se acerca a Scarpia, para vengarse con el asesinato del causante de tanta desgracia, supuestamente secundado por sus esbirros, y definitivamente Tosca se arroja al foso desde lo alto del parapeto.

Scarpia, quien desencadena la mayoría de los acontecimientos, se mueve como el amo absoluto, es un despiadado perseguidor de oponentes políticos liberales, al que se describe con los peores rasgos, tanto por Sardou como por propio Puccini. Su turbia personalidad queda esbozada desde el comienzo de la ópera. Tosca, es mujer apasionada, celosa, de carácter delicado que ya descubrimos en otras óperas, una figura desmedida que reclama un auténtico papelón. Frente a ellos, Cavaradossi, una pobre víctima que su único y aparente delito, será el de querer ayudar al fugitivo Angelotti, un juguete entre el amor de ella y la perversión libidinosa de Scarpia. El tratamiento orquestal y armónico de Puccini, queda incorporado a la acción, otorgándole un tejido cromático y una indefinición tonal, que busca y logra con singular pericia.

Entre los números- Recordita armonía, del Primer acto-, un estilo de romanza, tras un breve diálogo Cavaradossi, compara la figura que aparece, que le recuerda a la marquesa Attavant, hermana de Angelotti. Un canto lánguidamente sutil con un aria que concluía en un tenso Si b. Vissi d´ arte- Segundo acto-, súplica de Tosca, sobre una actitud de reproche contra sí misma, una especie de recitativo con una línea melódica acompañada a contratiempo, un desliz que se convierte en una súplica de exclamación con un hiriente Si b agudo. E lucevan le stelle- Acto tercero- lamento desesperado del que se siente condenado cuando más le aprieta el deseo; un recitativo secundado por el clarinete que nos traslada a una época pasada, con Oh, dolci baci! mágica melodía que abre y cierra el acto, evocando en la repetición un lamento y el grito contra la propia suerte: ¡Muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!, una ascensión entre sollozos.  El fluir continuo se reafirma en el dúo inicial Quale occhio al mondo può star di paro- Cavaradossi suavizando los celos de Tosca, una entrega absoluta de los amantes. El Te Deum, fin del Primer acto, un apunte efectista en la voz de los presentes, con el repicar de las campanas, en oposición al canto de Scarpia. Cavaradossi aportaba en el segundo acto un detalle de lucimiento en Vittoria!, pórtico de una cabaletta que reclamaba la libertad enfrentándose a Scarpia. El preludio del Tercer acto, nos descubría al Puccini paisajista y melodista, con un fondo de campanas, destacando en el Acto el dúo de los protagonistas que cantan antes de la escena de fusilamiento, con su dúo O dolci mani, mansuete e pure, el momento fatídico o quizás el canto triunfal que entonaban esperanzados, bien secundados por la orquesta.

Ramón García Balado

 

LXXIV Festival Amigos de la Ópera, de A Coruña

Puccini, Tosca

Mirem Urbieta-Vega, Raaga Eldin, Carlos Álvarez, Javier Agudo, Valeriano Lanchas, Daniela Quiza, Enrique Martínez, Pedro Martínez Tapia, Antonio Fatal.

Orquesta Sinfónica de Galicia / Oliver Díaz.

Coro Gaos / Fernando Briones. Coro Cantabile / Pablo Carballido.

Dirección escénica / Paul-Émile Fourny

Producción Opéra-Théâtre Métropole de Metz

 

Foto © Alfonso Rego

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