Con el mundo marino y sus misterios ocultos, como contraposición a lo material de la tierra firme podríamos decir, la temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España junto a su director Kent Nagano presentaron este fin de semana un muy bien conjuntado programa que ponía sobre el escenario de la sala sinfónica del Auditorio Nacional músicas de Claude Debussy, representado por medio del preludio La Cathédrale engloutie, en orquestación de José Luis Turina, y los tres bocetos sinfónicos que conforman La Mer.
Además, se pudo reescuchar una suite de la versión definitiva de La Atlàntida, de Manuel de Falla, que completara su discípulo Ernesto Halffter y que se recupera en el sesquicentenario del nacimiento del genial compositor gaditano. Compareció en su interpretación un notable elenco de cantantes que contaba con la soprano Nuria Rial, en su rol de Reina Isabel, la mezzo-soprano Maite Beaumont como Pirene y el barítono José Antonio López como Corifeo. Junto al Coro Nacional dirigido por Miguel Ángel García Cañamero, se unió el grupo coral Barcelona Ars Nova que dirige Mireia Barrera.
Justo antes de comenzar el concierto del pasado viernes 30 de octubre, el maestro Nagano pidió a los presentes un minuto de silencio y dedicó el concierto a las víctimas de accidente ferroviario de Urda, entre quienes se encontraba la estimada compositora Marisa Manchado, Premio Nacional de Música 2024, que tuvo una fructífera relación con la Nacional, cuya música ha encargado, estrenado e interpretado, siendo su Mar de Hielo, suite sinfónica de su ópera La Regenta, su última obra sinfónica en los atriles del auditorio durante el pasado mes de abril.
Inspirado en la leyenda bretona de la catedral de Ys, Debussy elaboró La Cathédrale engloutie, décimo de su primer libro de preludios publicados en 1910, que el compositor español José Luis Turina ha orquestado por encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España.
Música de raíz modal que Debussy desarrolla en forma de variación progresiva mediante acordes graves y ecos de campanas, La Catedral sumergida evoca la fantasmagórica emergencia del templo a través de la bruma para volver a desaparecer. Lejos de la conocida y ampulosa orquestación que Leopold Stokowski creara, Turina ha optado no solo por resaltar los aspectos más arcaizantes del original debussysta, sino por establecer un arreglo en el que la gradación dinámica se acompasa con una orquestación de brillo creciente en la que los tonos oscuros, sombras y penumbras, se acomodan a la gestualidad de las orquestaciones del propio Debussy creando una atmósfera muy en sintonía con el simbolismo de La Mer.
Sensible al sonido amplio y diáfano de Debussy, Nagano, al frente de la ONE, ofreció una lectura matizada, de arquitectura creciente, que dio relieve a la muy bien urdida recreación de Turina que enfocaba y desenfocaba el material original en un equilibrio de colores cambiantes, ya fuera desde la cuerda grave, las maderas o a una percusión de toques exóticos.
Quizás no sabes que fui destinado para ser un marino y que solo por azar me alejé de ello aunque todavía hoy guardo una sincera pasión por el mar, le escribía Debussy a André Messager en 1903, justo cuando, desde el más vívido recuerdo infantil, recreaba su propia mirada marina lejos de la costa y rodeado de viñedos en la Borgoña. Aunque no formara parte del grupo de compositores marinos franceses como Cras, Roussel o Mariotte, Debussy nos regaló una metáfora simbolista con más fuerza que la del mismo significado sensorial. Solo así, ese sonoro devenir sin direccionalidad aparente que es La Mer conforma una personalísima sinfonía, en la que el misterio insondable, el cambiante y caleidoscópico color de la superficie marina o la expandida sensación de amplitud y la luz del primer movimiento, se solapan en texturas junto a la efímera y burbujeante espuma de las olas en el juego del tiempo central, al igual que en el agitado, turbulento y dramático tercero en una de las más brillantes músicas del siglo XX.
Muy atento a los pormenores de la obra, Kent Nagano desentrañó una lectura preciosista, en un continuo balance entre una apuntalada arquitectura sinfónica y el engarce de los detalles que encadenan toda la lógica de la obra -esa infinita sucesión de momentos musicales como denominó el músico André Boucourechliev- en pos de una transparencia discursiva bajo una idea de amplia escena sonora, de cuidados ataques instrumentales y texturas de color pastel con contrastadas pero muy comedidas dinámicas evitando a toda costa cualquier vacuo exceso. La Orquesta Nacional rindió a un excelente nivel técnico brillando en todas su secciones, especialmente en las maderas, cuyos solos en los movimientos impares fueron sensacionales.
Admirador de Jacint Verdaguer, Manuel de Falla eligió su poema Atlàntida, hito de la Reinaxença publicado en 1877, como base para una panteísta y ambiciosa cantata escénica con el mismo nombre sobre la que trabajó desde 1926 con la intención de presentarla al tiempo de la Exposición Universal de 1928. Como sabemos, el compositor gaditano dilató su gestación durante veinte años dejándola sin terminar al fallecer, en el exilio, en 1946.
Revisada y concluida por su discípulo Ernesto Halffter en 1961, quien sintetizaría de nuevo el material para ofrecer su versión definitiva en 1976, la música entreteje la telúrica visión mitológica de la Atlántida hundida por Hércules y la de la cultura cristiana que presenta a Cristóbal Colón y el descubrimiento de América como consecuencias de un plan divino. En lo que a la música se refiere, Atlàntida, con sus enormes efectivos, representa, tal vez, al Falla más sobrio, místico y neoclásico, pero también al más internacionalista al proyectar un lenguaje en el que las maneras de la polifonía renacentista y el austero canto gregoriano se dan la mano con la música simbolista francesa.
Recuperada al final de la pasada temporada por la Orquesta Sinfónica y Coro RTVE dirigida por su anterior titular Christoph König que presentó una selección de diversos números de las tres secciones que preparó Rafael Frühbeck de Burgos, Kent Nagano, maestro no ajeno a la partitura ya que la presentó en versión completa en 1988, a sus 36 años, al frente a la Orquesta de la Radio de los Países Bajos en un concierto en Utrecht del que existe registro sonoro no oficial, se ha decantado por una selección alternativa que ha contado con el prólogo, la primera parte, y la tercera.
A tal efecto, el director norteamericano enhebró una versión apolínea, de buen envoltorio sinfónico y excelente equilibrio entre secciones instrumentales que se propulsó con agilidad, en aras de una narrativa asertiva, con la épica necesaria y el regusto mineral que esta música solicita para desvelar sus secretos. Además, la flexibilidad interpretativa de Nagano se amoldaba a las complejidades de la partitura al alternar con excelente criterio sendas aproximaciones, sinfónica y camerística, que se colmaban con los ataques precisos y claros, de buena proyección y empaste vocal del Coro Nacional y el Barcelona Ars Nova o bien arropaban a los solistas. El buen papel del versátil corifeo del barítono José Antonio López, cuyo solemne rol enunciaba y enmarcaba la dramaturgia musical y que desempeñó de forma airosa, se sumó a la eficaz, convincente y trágica, sin estridencias, Pirene de Maite Beaumont, a quien ya escuchamos en el mismo papel hace unos meses, y a la notable y limpia voz de Nuria Rial como la Reina Isabel, que, cómoda en su tesitura, supo delinear con arcaizante gusto las elongadas líneas vocales de El sueño de Isabel. Por último, mostraron buen oficio por sus breves pero eficientes intervenciones, los miembros del Coro Nacional María Morellà, alto, como dama de corte, la soprano Delia Agúndez representando a un paje, el tenor Diego Blázquez y Eva González en su rol de niño.
Justino Losada
José Antonio López, barítono
Nuria Rial, soprano
Maite Beaumont, mezzosopran
Diego Blázquez, tenor
Eva Badía González, soprano
Delia Agúndez, soprano
María Morellà, mezzosoprano
Barcelona Ars Nova
Mireia Barrera
Coro Nacional de España
Miguel Ángel García Cañamero
Orquesta Nacional de España / Kent Nagano
Música de Debussy y Falla
Orquesta Nacional de España. Temporada 2026/2027
Auditorio Nacional, Madrid