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Crítica / Apertura bajo el virtuosismo de máxima expresividad del Romanticismo - por Luis Suárez

Tarragona - 01/11/2026

Primer concierto de abono de la Temporada 2026/2027 de la Franz Schubert Filharmonia, donde el pianista maltés Dmitry Ishkhanov ha llevado la interpretación del “Concierto para piano nº 1” de Tchaikovsky bajo la dirección de Gabriel Bebeșelea.

El concierto es una de las obras más célebres, interpretadas y analizadas de toda la historia de la música. Compuesto entre 1874 y 1875, la obra nació bajo una de las críticas más demoledoras del siglo XIX. Cuando Tchaikovsky le tocó el concierto a su mentor y virtuoso del piano, Nikolai Rubinstein, este lo tachó de "malo, trivial, vulgar, torpe e imposible de tocar". Herido pero firme, el compositor se negó a cambiar una sola nota y le envió la dedicatoria al director Hans von Bülow, quien lo estrenó con un éxito absoluto en Boston en 1875. Irónicamente, años más tarde, el propio Rubinstein rectificó, pidió disculpas y se convirtió en uno de los mayores defensores y ejecutantes de la obra. Arranca con los acordes de metales más icónicos de la música clásica, seguidos por un majestuoso tema en el piano y las cuerdas. Curiosamente, la crítica formal señala una anomalía estructural única: esta bellísima e imponente introducción dura no más de cuatro minutos y, tras disolverse, nunca más vuelve a aparecer en toda la obra. El resto del primer movimiento cambia radicalmente y se desarrolla sobre motivos folclóricos ucranianos con un carácter enérgico y galopante.

La interpretación de Ishkanov ha sido destacable debido a su madurez y virtuosismo precoz, llegó a convertirse con solo 11 años en el finalista más joven de la historia de Eurovisión de Jóvenes Músicos, con una combinación de técnica deslumbrante y una sensibilidad expresiva excepcional, abordando con gran energía el carácter sinfónico e impetuoso que exige la partitura de Tchaikovsky. Demostró poseer una habilidad ágil, seductora y con una enorme atención al detalle melódico, tejiendo transiciones fluidas y dinámicas. La relación Piano-Orquesta, a diferencia de los conciertos del Clasicismo donde la orquesta ejerce de mero acompañamiento, es como un choque frontal y sinfónico. El piano requiere una potencia titánica para no ser "devorado" por la masa orquestal, exigiendo al solista una musculatura y resistencia fuera de lo común. Esa exuberancia melódica, su dramatismo sin tintes trágicos y su libertad romántica lo que lo rescata del convencionalismo y lo vuelve inmortal.

La segunda parte del concierto se lleva a cabo con otras dos obras maestras de la historia de la música, en este caso de Richard Strauss:

El poema sinfónico "Don Juan, Op.20" de Richard Strauss, compuesto en 1888 y estrenado en Weimar en 1889, es considerado unánimemente por la crítica musical como la obra que catapultó a Strauss a la fama internacional y consolidó el género del poema sinfónico a finales del siglo XIX. Con apenas 24 años, el compositor no solo demostró un virtuosismo orquestal sin precedentes, sino que redefinió los límites de la música programática. A diferencia del mito tradicional de Don Juan (el cínico burlador de Sevilla retratado por Molière o Mozart), Strauss se basó en el poema dramático e inacabado de Nikolaus Lenau. La crítica destaca este cambio psicológico fundamental: el Don Juan de Strauss no es un simple seductor malicioso, sino un buscador idealista. Busca la encarnación de la mujer perfecta y, al fracasar en su búsqueda utópica, cae en el hastío, la melancolía y, finalmente, un deseo autodestructivo de muerte.

El inicio de la obra es uno de los arranques más electrizantes de la historia de la música. La orquesta ha mostrado un virtuoso e impetuoso ascenso de las cuerdas que establece de inmediato el carácter audaz, arrogante y enérgico del protagonista. Así pues, en su estreno la crítica conservadora se escandalizó por su audacia, pero los expertos modernos coinciden en que supuso un salto cuántico en la explotación de los timbres orquestales. Strauss exige a cada músico el virtuosismo de un solista. La interpretación mostrada se puede destacar por su transparencia, elegancia e idiotismo estilístico, el sonido opulento de las cuerdas, la precisión milimétrica, fuego rítmico y una sección de metales inigualable que dota al tema de los trompas de una potencia colosal.

El poema sinfónico "Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel, Op."28 (Till Eulenspiegels lustige Streiche)", compuesto por Richard Strauss entre 1894 y 1895, es considerado por la crítica musical como la cúspide del ingenio, el humor y la narrativa instrumental del Romanticismo tardío. Tras el éxito de Don Juan, Strauss demostró con esta obra que su dominio de la orquesta no solo servía para el drama grandioso, sino también para la comedia más afilada, el sarcasmo y la ironía. La obra toma como inspiración a Till Eulenspiegel, un personaje picaresco folclórico del norte de Alemania medieval conocido por sus bromas pesadas, su desprecio por las autoridades y su vagabundeo. La crítica destaca que, a nivel estético, Strauss realiza una brillante subversión: eleva un relato popular y bufonesco a la categoría de alta música sinfónica. En lugar de juzgar moralmente al personaje, el compositor se identifica con su espíritu rebelde y libre, utilizándolo como un dardo contra los críticos musicales y académicos puritanos de la época (a quienes retrata satíricamente en la obra).

Se puede calificar la partitura como un "milagro de la orquestación". Strauss exige una precisión milimétrica y un virtuosismo absoluto a la sección de maderas y trompas y así ha resultado en el concierto. Cada instrumento actúa como un actor de doblaje que narra la historia sin palabras. Gabriel Bebeșelea saca un máximo partido de la paleta orquestal, con una interpretación técnicamente rigurosa e intelectualmente brillante, pero al mismo tiempo es sumamente divertida, fresca y accesible, captando el peso dramático, la ironía y el trasfondo tradicional alemán de la partitura. Disecciona cada travesura con una nitidez técnica donde cada instrumento se escucha a la perfección. Así pues, la orquesta ofrece el color idóneo y la flexibilidad perfecta, extrayendo una opulencia y virtuosismo orquestal.

Luis Suárez

 

Dmitry Ishkhanov, piano

Franz Schubert Filharmonia / Gabriel Bebeșelea

Música de Tchaikovsky y Richard Strauss

Temporada 2026/2027

Teatre de Tarragona, Tarragona

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