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Crítica / Una promesa del violín visita L’Auditori - por Juan Carlos Moreno

Barcelona - 16/02/2026

Entre el 13 y el 15 de febrero, L’Auditori acogió el Festival Emergents, dedicado a dar a conocer los mejores talentos jóvenes musicales de la escena internacional. La apertura corrió a cargo de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), con un concierto en el que actuó la violinista tarraconense Inés Issel Burzynska, ganadora de premios como el Wieniawski en 2021. Para su actuación en Barcelona escogió el Concierto para violín n. 1 de Prokofiev. Fue un acierto, pues se trata de una obra que reclama una gran flexibilidad por parte del intérprete, dada su calidad melódica, su vivacidad rítmica y un virtuosismo técnico que, si bien favorece el lucimiento personal, está en todo momento al servicio de la expresión. Issel Burzysnka brilló, destacando sobre todo la belleza de su cantábile, tan importante en esta partitura. Una cualidad esa que lució también en la cálida y muy emotiva versión que ofreció, ya como propina, de El cant dels ocells.

Al frente de la orquesta se situó Antony Hermus, quien arropó a la solista con un cuidado exquisito sin dejar de resaltar el vuelo melódico y el ingenio rítmico y tímbrico de la obra. Prokofiev siempre se quejó de lo mucho que le costaba orquestar sus composiciones, pero en esta hay que reconocer que hizo un trabajo primoroso.

El programa no se abrió con esta obra, sino con la obertura de El holandés errante, de Wagner. Ahí Hermus, quizá llevado por el deseo de empezar a lo grande, cargó demasiado las tintas, con una lectura rauda, muy potente en el plano sonoro, pero más efectista que dramática. Aun así, hubo detalles interesantes, sobre todo en el trabajo de las cuerdas.

En la segunda parte pudo escucharse la Sinfonía n. 2 en re mayor, op. 43 de Sibelius. Palabras mayores. La interpretación de Hermus estuvo a la altura. El maestro holandés prescinde de la batuta y gusta de gestos amplios, enérgicos, que le sirven para modelar de forma plástica el sonido que quiere y regular la intensidad, el volumen y el tempo. Lo que en Wagner sonó excesivo, aquí resultó óptimo. La lectura de Hermus fue más vital y dinámica que analítica, algo que agradece esta obra, tan aparentemente fragmentada, tan rica en silencios y cambios abruptos de carácter y sonoridad. En este sentido, el Tempo andante, ma rubato fue modélico por la inteligencia con que Hermus fue construyéndolo, sin prisas, a fin de mostrar su misterio, sus ambigüedades y, llegado el momento, hacer que la melodía surja como un rayo de luz. La OBC cumplió, de nuevo con una sección de cuerda que, imperiosamente exigida por el director, rayó a gran nivel.

Juan Carlos Moreno

 

Inés Issel Burzynska, violín.

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Antony Hermus.

Obras de Wagner, Prokofiev y Sibelius.

L’Auditori, Barcelona.

 

Foto © May Zircus

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