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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Una orquesta veterana de sonido joven - por Jerónimo Marín

Madrid - 23/03/2024

La Bayerisches Staatsorchester, o sea, la Orquesta Estatal de Baviera, que es la orquesta del foso de la Ópera de Munich, cumple 500 años, - ¡ahí es nada!, y acompañada de su actual titular, Vladimir Jurowski, nos visitan para compartir ese aniversario. Sin lugar a dudas, hay que saber siempre valorar la fortaleza de estas instituciones en el mundo cultural europea, más teniendo en cuenta la endeble y delicada situación por la que atraviesa el apoyo al mundo artístico de manera permanente y crónica.

En cualquier caso, para este programa de la Serie Arriaga de Ibermúsica nos han regalado tres obras de tres autores sumamente conocidos, pero que, teniendo en cuenta su vasto catálogo, son obras poco tocadas. Para comenzar Mozart como aperitivo, su Sinfonía nº32 en SolM K318, de 1779, en absoluto interpretada por su escasa duración para nuestra idea de ‘sinfonía’ en el clasicismo, y que sus tres movimientos unidos, Allegro-Andante- Primo tempo, denotan su origen en la sinfonía-obertura de la ópera barroca en su corta duración de ocho minutos. Escrita para orquesta con vientos dobles y cuatro trompas, fue un modelo de elegancia su interpretación, con el cambio de trompetas y trompas por los instrumentos originales, sin pistones, que añadieron un toque de color auténtico, lo cual fue premiado con los aplausos dedicados a ellos en los saludos posteriores.

Si le pidiéramos nombrar conciertos famosos de violín, muy extraño sería que entre los diez primeros apareciera el Concierto gregoriano del boloñés Ottorino Respighi, escrito en 1921 y estrenado en Roma al año siguiente. Si usted es de los que se conoce el Brahms y Tchaikosvki de memoria, bien merece la pena que lo escuche. En tres movimientos, con un curioso Andante espressivo en tiempo quinario, y en un estilo posromántico, contiene mucha belleza melódica y una fina orquestación, siendo al mismo tiempo exigente en la escritura para el violín. Frank Peter Zimmermann ofreció una lectura luminosa, con un sonido que no ha perdido un ápice de calidad y proyección, y con un fraseo de primera, manteniendo Jurowski un acompañamiento exquisito en su apoyo al solista, y dejando espacio a cada uno de los solistas de la orquesta en los diálogos con el violín, como el ejemplar solo de timbal en el tercer tiempo antes de la reexposición del tema principal. Como propina, Zimmermann desató su virtuosismo con un Erlkönig de Schubert para violín solo en arreglo de Ernst que causó el asombro hasta de la propia orquesta.

Como cierre del concierto se interpretó la primera obra para orquesta que Brahms se atrevió a publicar, su Serenata en Rem Op.11, en seis movimientos, y que, aunque se le nota la filiación beethoveniana, contiene todos los rasgos estilísticos que harán famosos al autor con sus cuatro sinfonías bastante posteriores, como, por ejemplo, ese Menuetto que es un Liebeslieder walz anticipado, o esas melodías otoñales instrumentadas para clarinete y fagot al unísono. Aquí fue donde realmente pudimos saborear la calidad inmensa de la orquesta, y de Jurowski, uno de los mejores directores actuales con una inmensa variedad de gestos para conseguir siempre la mayor expresividad.

Con una formación en la cuerda poco habitual, 10 -10 -10 -6 -4, el sonido rocoso y dúctil al mismo tiempo, y, sobre todo, la flexibilidad en el tempo, característica propia de todas las orquestas de foso, además de una línea de bajo siempre presente que permitía construir la armonía y empaste desde abajo, pocas versiones mejores nos podemos imaginar de esta obra primeriza de Brahms.

La propina ofrecida, la Obertura de las Bodas de Fígaro, nos despidió sonrientes y agradecidos.

Jerónimo Marín

 

Bayerisches Staatsorchester.

Vladimir Jurowski, director.

Obras de Mozart, Respighi y Brahms.

Auditorio Nacional, Madrid. 20-03-24

 

Foto © Rafa Martín / Ibermúsica

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