El último programa de la temporada de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) tenía mucho de mágico, pues tanto la pequeña ópera L’Enfant et les sortilèges de Ravel como el ballet El pájaro de fuego de Stravinsky hablan de encantamientos y brujerías. Pues bien, alguna de estas últimas debió de darse el pasado 12 de junio. Solo así se explica que, con la orquesta ya sobre el escenario para interpretar la primera de esas obras, fueran pasando los minutos sin que entraran los coros, los cantantes solistas ni el director.
Al fin, la megafonía anunció que, por causas ajenas a la voluntad de L’Auditori, el orden del programa tenía que invertirse. Por lo que parece, uno de los cantantes se confundió de hora y no había llegado a tiempo…
Hubo que cambiar entonces la disposición de la orquesta, con el agravante de que algunos de los músicos que solo tenían que tocar en la segunda parte tuvieron que correr y, en algunos casos, como una de las arpas, incorporarse cuando la interpretación ya había comenzado… En fin, todo fue un poco caótico y accidentado, pero, afortunadamente, quedó a nivel de anécdota gracias a la profesionalidad de la OBC y Ludovic Morlot.
La versión que el director dio de El pájaro de fuego hizo gala de una narratividad fluida y brilló a la hora de destacar la exuberante paleta de colores y ritmos de la partitura. En ese sentido, ninguna sorpresa, pues Morlot ha demostrado a lo largo de todo el tiempo que lleva al frente de la OBC que este repertorio no solo no tiene secretos para él, sino que disfruta abordándolo.
No obstante, si un compositor hay por el que Morlot siente una afinidad especial, ese es Ravel. Si la temporada pasada escogió L’Heure espagnole para el concierto de clausura, esta vez ha sido el turno de la otra ópera del compositor, L’Enfant et les sortilèges. La batuta se dejó llevar aquí por el entusiasmo ante la deslumbrante fantasía tímbrica raveliana, lo que provocó que en más de una ocasión la orquesta engullera a los cantantes.
El nivel de estos, no obstante, fue convincente. Destacaron especialmente Chloé Briot como el Niño, Liv Anna Redpath como el Fuego, la Princesa y el Ruiseñor, papeles en los que mostró facilidad para las agilidades; Rinat Shaham, una Gata de armas tomar; Nicolas Courjal, muy expresivo como Butaca y Árbol, y Martin Bakari, eficaz como el Viejo de la Aritmética. Rihab Chaieb, la única del reparto que apareció con la partitura, cumplió, pero resultó más envarada tanto a nivel escénico como vocal, mientras que Jean-Sébastien Bou (Reloj y Gato) y Sylvia Schwartz (Poltrona, Lechuza, Pastora) no siempre lograron que sus voces se escucharan por encima de la orquesta. El Orfeó Català y su sección infantil estuvieron impecables.
Así, con un sencillo “maman” musitado por el Niño en piano, la OBC cerró una temporada que solo cabe calificar de muy positiva, tanto por el nivel mostrado por la orquesta como por la calidad de los solistas y batutas invitados, y el alto nivel de la gran mayoría de programas.
Juan Carlos Moreno
Chloé Briot, Rihab Chaieb, Liv Anna Redpath, Rinat Shaham, Sylvia Schwartz, Jean-Sébastien Bou, Nicolas Courjal, Martin Bakari, Aniol Botines.
Orfeó Català. Cor Infantil de l’Orfeó Català.
Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Ludovic Morlot.
Obras de Stravinsky y Ravel.
L’Auditori, Barcelona.