En el contexto del IX Festival RESIS celebrado en A Coruña, el estreno absoluto de Undersongs de Chaya Czernowin a cargo de SIGMA Project constituyó uno de esos acontecimientos que, más allá de su inmediatez, parecen destinados a inscribirse en la historia de la música contemporánea. No se trataba únicamente de la presentación de una nueva partitura, sino de la culminación de un proceso de gestación excepcionalmente dilatado (trece años de intercambio, experimentación y pensamiento compartido) que ha permitido a la compositora desarrollar una escritura profundamente imbricada con la identidad sonora del cuarteto. Además, SIGMA Project ha sido responsable del primer estreno de una obra de Chaya Czernowin en España, así como del encargo de su primer cuarteto de saxofones. Como me contó la compositora, en el pasado había recibido unas cuatro o cinco propuestas para escribir una obra para este tipo de formación, pero no fue hasta la propuesta de SIGMA cuando el proyecto terminó de materializarse.
Czernowin viajó expresamente desde Estados Unidos, donde reside y ejerce como profesora de composición en la prestigiosa Harvard University, para asistir al estreno de su obra en Galicia, una región que visitaba por primera vez. Tras su estreno en RESIS, Undersongs se interpretará en agosto en la Quincena Musical de Donostia, en octubre en el Museo Guggenheim de Bilbao, en noviembre en el festival Weit Neue Musik Weingarten (estreno en Alemania) y, en septiembre de 2027, en el Festival de Otoño de Varsovia (estreno en Polonia), una de las citas históricas de la música contemporánea europea. El proyecto cuenta con el apoyo de la alemana Ernst von Siemens Music Foundation.
Hablar de Undersongs implica referirse a una forma de creación que trasciende el modelo tradicional de encargo. Aquí no hay una obra “aplicada” a un conjunto, sino una obra que emerge específicamente de él, de sus posibilidades técnicas, de su imaginación tímbrica y de su compromiso con la música de nuestro tiempo. SIGMA Project, como ningún cuarteto de saxofones en el mundo, encarna los valores de la música de nueva creación más interesantes, con una larga trayectoria de estrenos absolutos que ya son parte indispensable del repertorio para cuarteto de saxofones. Es constante su presencia en circuitos internacionales de primer nivel (desde el Teatro alla Scala de Milán hasta el Teatro Colón de Buenos Aires), así como una muy destacada producción discográfica. Todo ello ha contribuido a situar a SIGMA Project en una posición singular dentro del ecosistema de la música contemporánea, siendo frecuentemente comparado con el papel que el Cuarteto Arditti ha desempeñado en el ámbito de la cuerda.
Uno de los aspectos más llamativos de Undersongs es la naturaleza del virtuosismo que exige. Lejos de cualquier concepción tradicional basada en la velocidad, la precisión digital o la espectacularidad gestual, Czernowin propone un virtuosismo de la atención, de la escucha extrema, de la resistencia física y mental. La duración continua de la obra (en torno a los cincuenta minutos sin interrupción) convierte la interpretación en un auténtico ejercicio de concentración sostenida, cercano a una práctica meditativa. No es casual que la compositora haya desarrollado parte de su trayectoria en Japón. Esa dimensión de “concentración zen” se traduce aquí en una economía de gestos donde cada sonido parece surgir de un espacio interior profundamente controlado.
Formalmente, Undersongs se despliega como un gran laberinto sonoro, un espacio en el que la orientación resulta deliberadamente problemática. No hay secciones claramente delimitadas, ni puntos de referencia evidentes; en su lugar, la obra avanza mediante una lógica de transformación continua, donde los materiales aparecen, se deforman y desaparecen sin llegar nunca a fijarse del todo. La metáfora del “túnel” resulta especialmente pertinente: el oyente se adentra en una profundidad donde la percepción del tiempo se altera, donde la linealidad se disuelve en favor de una experiencia cercana a la deriva. En este paisaje, las “canciones” a las que alude el título no se presentan como entidades completas, sino como fragmentos, restos, huellas de algo que apenas llega a manifestarse. Pequeños motivos melódicos emergen de la textura como recuerdos fugaces, inmediatamente absorbidos por una corriente sonora que los desdibuja. Esta dialéctica entre aparición y desaparición genera una tensión constante en la escucha. Cada indicio de identificación se convierte en un acontecimiento, en un punto de anclaje efímero dentro de un entorno esencialmente inestable.
La escritura de Czernowin se caracteriza por una extraordinaria capacidad para organizar los materiales sonoros en el tiempo. A diferencia de otras propuestas donde la acumulación de técnicas extendidas puede derivar en una cierta saturación, aquí los recursos se distribuyen con una precisión casi arquitectónica a lo largo de todo el extenso arco temporal. Multifónicos, sonidos de aire, llaves percutidas, trémolos, glissandi microtonales o slaps aparecen en momentos estratégicos, integrados en un discurso que evita cualquier forma de exhibicionismo gratuito. Esta gestión del material contribuye a generar una sensación de respiración interna, de expansión y contracción que articula la obra sin necesidad de recurrir a contrastes convencionales. En este sentido, resulta especialmente significativa la renuncia de la compositora al pathos en su acepción tradicional. No hay aquí una narrativa emocional que conduzca al oyente hacia un gran clímax o una resolución cadencial; en su lugar, se propone una actitud contemplativa, una escucha que se sitúa en el umbral entre el sonido y el silencio.
Las afinidades con el universo de Luigi Nono, en particular con su cuarteto Fragmente-Stille, an Diotima, son perceptibles en la manera en que el silencio adquiere una función estructural. Sin embargo, mientras que en Nono el silencio suele estar cargado de una dimensión ética e incluso nostálgica, en Czernowin parece operar como un espacio de indeterminación energética, como un lugar donde el sonido se repliega sobre sí mismo hasta rozar su desaparición sin sentimentalismo. Los numerosos cortes y suspensiones que atraviesan la obra generan una forma profundamente fragmentada, comparable a un muro agrietado o a una superficie que se descompone en múltiples planos.
Desde el punto de vista tímbrico, Undersongs constituye un auténtico laboratorio sonoro. La utilización de toda la familia del saxofón (del sopranino al bajo) permite explorar un espectro de frecuencias extremadamente amplio: desde los registros más agudos, obtenidos mediante la presión de los dientes sobre la caña, hasta las profundidades casi tectónicas de los instrumentos graves. En este contexto, los slaps de los saxofones barítono y bajo adquieren una presencia casi física. Su ejecución hizo vibrar el espacio acústico de la sala, generando resonancias que se prolongaban más allá del ataque inicial, como si el sonido se desdoblara en el tiempo. Los oyentes percibieron los slaps casi con un efecto de retardo (delay) electrónico. La sonoridad acústica se transformaba dentro del “catedralicio Domus” en una materia plástica muy particular. Esta dimensión espacial del sonido se ve reforzada por la composición de grandes campos sonoros, cuya cualidad casi estática remite inevitablemente a la pintura de Mark Rothko. Se trata de superficies en las que el color tímbrico se convierte en el elemento principal, donde la variación es mínima pero constante, y donde la percepción se desplaza en un continuo ir y venir entre lo microscópico y lo macroscópico. En estos pasajes, la música parece situarse en un estado liminar, suspendida entre la presencia y la ausencia.
No menos relevantes son las secciones de extrema delicadeza, donde los cuatro saxofones convergen en unísonos frágiles, apenas sostenidos, atravesados por microintervalos que generan batimientos y modulaciones internas de gran sutileza. Estos momentos contrastan con otros de mayor densidad, en los que los multifónicos y los sonidos de aire crean texturas complejas, casi granuladas, donde la identidad de cada instrumento se difumina en favor de una masa sonora colectiva. El resultado global es una forma que podría describirse como un “espejo roto”: una estructura sin jerarquías evidentes, donde cada fragmento parece contener el reflejo de los demás, multiplicado y distorsionado. Esta concepción formal exige del oyente una actitud activa, una disposición a habitar la incertidumbre, a aceptar la imposibilidad de una comprensión totalizadora.
La interpretación de SIGMA Project estuvo a la altura de las extraordinarias exigencias de la partitura. Más allá de la impecable resolución técnica (como es habitual en el conjunto), lo que realmente impresionó fue la capacidad del cuarteto para sostener la tensión interna de la obra, para mantener viva esa energía latente que recorre toda la composición. La coordinación entre los intérpretes, la precisión en los ataques, la gestión del silencio y la sensibilidad en los matices dinámicos evidenciaron un grado de compenetración que solo puede alcanzarse tras años de trabajo conjunto. Con Undersongs, SIGMA Project reafirma su posición como uno de los conjuntos más comprometidos con la creación actual, consolidando una trayectoria que incluye hitos como los cuartetos Poética del laberinto de Alberto Posadas o Khôra de José María Sánchez-Verdú. Obras de gran extensión y exigencia, que pueden compararse a la nueva obra de Czernowin.
El dispositivo escénico del concierto añadió una dimensión especial. Un diseño de luces en el suelo enmarcaba al cuarteto, cuya música desborda “invisiblemente” ese marco. Además, se proyectó un delicado y muy conseguido trabajo de vídeo. Este se basaba en imágenes en directo de los intérpretes, sometidos a un fuerte zoom hasta alcanzar niveles de abstracción, que se combinaban con luces de diversas tonalidades muy plásticas. Lejos de ilustrar la música, estas proyecciones contribuían a intensificar la percepción de lo sonoro, generando una especie de sinestesia en la que imagen y sonido se entrelazaban sin jerarquías. Recordemos otra gran partitura de Czernowin de gran formato, que se titula precisamente The Fabrication of Light. El dispositivo escénico del concierto en el Festival RESIS, sin duda tenía algo de esa “fabricación de la luz” (esa es la traducción del título).
Al finalizar la obra, la recepción por parte del público (en una sala completamente llena) fue tan significativa como la propia interpretación. A pesar de la radicalidad de la propuesta y de su evidente exigencia, la obra fue acogida con un prolongado y entusiasta aplauso. Este hecho invita a cuestionar ciertos prejuicios aún presentes en la programación musical, según los cuales las propuestas más arriesgadas estarían condenadas al fracaso. La respuesta obtenida en este concierto demuestra, por el contrario, que existe una disposición real hacia la escucha de experiencias intensas y transformadoras. En este sentido, la labor del Festival RESIS (creado en 2018 por el compositor Hugo Gómez-Chao) merece ser destacada. Apostar por una obra de estas características asume una gran y poco frecuente responsabilidad: la de generar contextos en los que la música contemporánea pueda desarrollarse en toda su complejidad, sin concesiones ni simplificaciones.
En definitiva, el estreno de Undersongs no solo representa la incorporación de una obra mayor para el repertorio del cuarteto de saxofones, sino también la confirmación de que la música puede abrir espacios de experiencia profundamente transformadores. En un tiempo marcado por la inmediatez y la saturación, propuestas como esta nos recuerdan la potencia de la escucha atenta, la capacidad del sonido para generar mundos y la vigencia de una creación contemporánea que, lejos de agotarse, sigue reinventándose en cada gesto.
Joan Gómez Alemany
Festival RESIS - Museo Domus, A Coruña, 2 de mayo de 2026
SIGMA Project (Cuarteto de saxofones: Andrés Gomis, Ángel Soria, Alberto Chaves y Josetxo Silguero)
Chaya Czernowin – Undersongs (estreno absoluto)
Foto © Xurxo Gómez-Chao