La visita anual que Leonard Slatkin, principal director invitado, hace a la Filarmónica de Gran Canaria se saldó con otra velada exitosa. Abrió programa Schubertiade, pieza propia, encargo de la Orquesta Sinfónica de Hiroshima, en la que fragmentos de obras de Schubert conviven con música de nueva creación. Dividida en tres partes, incluye citas entre otras de la Sonata para piano en Si bemol, interpretada fuera de escena, la Sinfonía Inacabada o la Serenata, que pueden presentarse de forma literal o transformadas. De unos 15 minutos de duración, mantiene al espectador intrigado ante un magma sonoro del que se desprenden fragmentos claramente identificables en continua rotación y obtuvo una lectura tensa y de contornos bien perfilados aplaudida por el público.
Posteriormente escuchamos una de las obras más aclamadas e interpretadas de la música estadounidense del pasado siglo, Primavera Apalache de Copland, la suite extraída del ballet completo, con una distribución de la cuerda poco frecuente 10/10/8/8/6, más parejas de maderas y metales, arpa, piano y tres percusionistas. La música estadounidense es una de las grandes especialidades de Slatkin, que nos dejó una lectura cuidadísima, de carácter camerístico en muchos pasajes, diáfana en las texturas y precisa en la articulación, que destacó la evocación paisajística, pero también la plasmación de melodías tradicionales y sonidos propios del mundo rural estadounidense, que el propio Copland contribuyó a crear en su vertiente sinfónica, seguida e imitada luego en una interminable lista de películas y series televisivas.
El programa finalizó con uno de los grandes totems de la música del siglo XX, La Consagración de la Primavera de Stravinsky. Escuchamos una lectura singular ya desde el mismo inicio con un solo de fagot muy libre en la plasmación rítmica y melódica de su parte, que destacó por la extrema claridad de texturas conseguida en una pieza famosa por la densidad de su instrumentación, que frecuentemente desemboca en lecturas aparatosas, emborronadas y de escasa diferenciación tímbrica. Todo lo contrario a lo conseguido por Slatkin. Las múltiples partes instrumentales se escucharon con claridad, desvelando detalles que en otras lecturas pasan desapercibidos, manteniendo una pulsación rítmica indesmayable, que plasmó con precisión los frecuentes cambios rítmicos, otro de los grandes caballos de batalla en la ejecución de esta pieza, ofreciendo una amplísima paleta de volúmenes sonoros que basculó entre el pianísimo al borde del silencio hasta el fortísimo más ensordecedor, sin que la diafanidad de texturas instrumentales se viera afectada.
La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, reforzada en su plantilla, respondió con entrega y atención dejándonos una lectura de elevado virtuosismo instrumental, con escasos gazapos, lo que deja en excelente lugar al conjunto grancanario, y en la que se lucieron las secciones y solistas de la descomunal orquesta en una interpretación para recordar.
Juan Francisco Román Rodríguez
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Leonard Slatkin.
Obras de L. Slatkin, Copland y Stravinski.
Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.