Los Caballeros de Sangreal (Chevaliers de Sangreal) de la película El código Da Vinci, tema épico de Hans Zimmer, colocó el programa de la organista Anna Lapwood en una “tesitura fílmica” a la que volvería de tanto en tanto, siempre con sus entusiastas presentaciones previas al público en idioma de “influencer” mediático.
Era el programa que presentara en Madrid, de una riqueza más tímbrica que formal, en el ciclo Bach Vermut auspiciado por el Centro Nacional de Difusión Musical.
Un concierto que, sobre todo, exploró diversas posibilidades de registración del órgano Grenzing de la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música, con saludable libertad estética respecto al uso de los cuatro manuales y el pedal, en un repertorio de arreglos para el órgano, tan solícito y solicitado, con especial predilección hacia agradecidas bandas sonoras relativamente recientes.
Mad Rush (Prisa enloquecida) de Philip Glass devolvió la atención, al menos temporalmente, a música escrita también para órgano y, en su extensa versión original, para el Dalai Lama, aunque con sus resonancias fílmicas también. Alternancia en bloques de flautados y secciones de potente registración y renuente polirritmia. Texturas contumaces, persistentes que marcaron una época mínimal, junto a movimientos socio-culturales paralelos en el último tramo del siglo pasado.
La Sinfonía para órgano basada en “El señor de los anillos” se incorporó furtivamente al programa, con sus épocas y épicas, en una secuencia temática que funcionaba sin necesidad de excesivo desarrollo de sus temas. Una incorporación que (como ella misma explicó) propiciaba el uso de las trompetas de batalla (trompetas horizontales en fachada “en posición de artillería”, o, si quieren, en la forma de “alas de ángel”, se ha dicho, propias de la estética singular del órgano ibérico).
Por su parte, la melosa Flight de Rachel Portman, se siguió de un largo y tenso crescendo más conceptual en Limina luminis (2023) de Olivia Belli, con su colapso final y una aguda nota pedal en lo armónico, sostenida con ingenio instrumental.
Un suspiro para volver a la popularidad y contundencia final de una Suite de las andanzas de los Piratas del Caribe, de Zimmer de nuevo, buscando aquí la leve y animosa interacción con el público. Si con Jack Sparrow nos devolvió a uno de sus temas más populares, con One day se escucharon al paso, secuencias armónicas del arranque del concierto con aquel código Da Vinci del mismo autor.
La propina se sumergió en Interstellar, del universo sonoro de Zimmer, tan celebrado internacionalmente.
Luis Mazorra Incera
Anna Lapwood órgano
Obras de Belli, Glass, Portman, Zimmer.
BACH VERMUT / CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Elvira Megías