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Crítica / El clarinete de Widmann ante el abismo - por Juan Carlos Moreno

Barcelona - 24/02/2026

El pasado 21 de febrero, la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) interpretó un programa de extraordinaria exigencia bajo la batuta de la joven directora lituana Giedre Slekyte. La velada se abrió con una obra que, como todas las de su autor, se interpreta demasiado poco: Nachtstück, título de la versión de concierto del interludio de la ópera Der Ferne Klang, de Franz Schreker. Es una página de una belleza sobrecogedora, fascinante por su riqueza armónica y tímbrica, y no menos por su característico lirismo finisecular, tan expansivo como ambiguo e inquietante. La versión de Slekyte trató de resaltar esas cualidades de la partitura ante una nutrida OBC, aunque no siempre logró equilibrar sus diferentes planos sonoros ni resaltar con la fluidez necesaria el modo en que Schreker trata la orquesta, un gigantesco conjunto de cámara capaz también de alcanzar efectos masivos.

La siguiente obra recurría también a una amplia plantilla orquestal, especialmente en su sección de percusión, aunque tratada de una forma muy diferente. Se trataba de Zones of Blue, de Olga Neuwirth, un encargo del festival Musica Viva de Múnich, la Orquesta de Cleveland, la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo, el Grafenegg Festival y L’Auditori. Su autora la califica de “rapsodia para clarinete y orquesta”, en lo que probablemente sea un guiño a la Rhapsody in Blue de Gershwin, aunque su inspiración parta sobre todo de la literatura norteamericana de Allen Ginsberg y Tennessee Williams.

La partitura es tan compleja como exigente, con secuencias abstractas que llevan los instrumentos de la orquesta al límite al lado de otras dominadas por ritmos agresivos y sonoridades jazzísticas. La fusión, aunque sea por contraste, funciona, si bien lo que realmente hace que la obra se siga con interés es la sobresaliente labor del solista, un Jörg Widmann que se ve abocado a un auténtico tour de force, tal es la variedad de cambios de técnica y registro, desde los efectos de boca a frases casi cantábiles, exigidos por la compositora. Widmann se entrega a fondo, vence y convence. La prestación de Slekyte, una batuta bregada en la interpretación de obras contemporáneas, fue también notable, extrayendo de la OBC un sonido contundente e incisivo.

Quizá como compensación a tanta exigencia, la obra escogida para culminar la velada era mucho más amable: la Sinfonía n. 1 en si bemol mayor, op. 38 de Robert Schumann. Slekyte optó por dar de ella una lectura muy vivaz en lo que a tempi se refiere, así como ágil y flexible en los ataques, dinámicas y tratamiento de los temas. El calor melódico del Larghetto fue especialmente notable, lo mismo que el Scherzo, en el que resaltó el trabajo de la sección de maderas, todo para culminar en un Allegro animato e grazioso de una gozosa ligereza.

Juan Carlos Moreno

 

Jörg Widmann, clarinete.

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Giedre Slekyte.

Obras de Schreker, Neuwirth y Schumann.

L’Auditori, Barcelona.

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