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Crítica / Turandot pone el cierre a la temporada de Las Palmas - por Juan Francisco Román Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria - 24/06/2026

Turandot en la versión tradicional finalizada por Franco Alfano cerró la temporada de los Amigos Canarios de la Ópera, en el centenario de su estreno en Milán de la mano del celebérrimo Arturo Toscanini. Sin ser una de las piezas de Puccini mas representadas en nuestra ciudad, esta era la séptima ocasión, el rol titular ha sido asumido por interpretes que han descollado en su momento como la princesa de hielo, encabezadas por la gran Ghena Dimitrova. En esta ocasión ha sido Liudmyla Monastyrska.

La ucraniana posee los mimbres vocales requeridos, voz de tintes dramáticos, con cuerpo en todos los registros, graves sólidos, robusto registro central y agudos poderosos que superan sin problemas la densa barrera de coro y orquesta, aunque el sonido pierda armónicos y su omnipresente vibrato se haga más evidente. Una Turandot terrorífica y de dicción poco inteligible, de inmediato impacto para el espectador, que la interprete matizó con medias voces y pianísimos que intentaron humanizar al personaje y hacer creíble el abrupto final feliz. Angelo Villlari, voz de lírico-spinto, potente y sonora, atendió sin problemas el componente más extrovertido de Calaf, cantando con arrojo y entrega, valiente en las subidas al agudo no escatimó, aún con evidentes dificultades en el primero, los do del dúo de los enigmas ni el optativo de “Ti voglio ardente d’amor”, haciendo frente al torrente vocal de Monastrysska sin resultar empequeñecido.

Pero la componente poética de Calaf quedó ignota, resintiéndose pasajes tan emblemáticos como “Non piangere Liu” o “Nessun Dorma” encorsetados en el fraseo y escasamente modulados. María Belén Rivarola fue una Liú sensible y musical, de agradable sonoridad lírica, que tuvo sus mejores oportunidades en los dolientes “Signore escolta” y “Tu che di gel sei cinta” expresivos, pese a sus problemas para mantener notas largas en pianísimo. Baopneg Wang nos dejó un Timur sombrío y algo bronco. Felix Park, Ping, Alvaro Diana, Pang y David Barrera Pong, armaron un conjuntado y afinado trio de ministros, del que destaco la pasta baritonal del primero, excelentemente contrastado su “Ho una casa nell, Honan” del segundo acto. Centrados en sus cometidos los secundarios Manuel García, Altoum y Julián Padilla, Mandarín.

El coro infantil de la OFGC aportó el esperado toque de inocencia a su intervención del segundo acto, mientras los coros de la OFGC y de Amigos Canarios de la Ópera se desempeñaron con ardor en las páginas más espectaculares, pese a un empaste problemático y la acritud de las sopranos en los agudos, más notorios en los pasajes delicados o en los coros por secciones.

Daniel Piscopo, escenografía y dirección escénica, recurrió a dos monumentales escaleras laterales para enmarcar la acción, muy colorista en su abigarrado vestuario, que completó con proyecciones y una intencionada iluminación, aunque, como es habitual, fue incapaz de dotar de dinamismo y sentido al movimiento escénico.

La dirección musical de Sesto Cuantrini, atenta a cuadrar escenario y foso, con elementos del coro que repetidamente se adelantaban en sus entradas, supo dotar a cada escena de su carácter, sin terminar de hacer lucir la deslumbrante escritura sinfónico-coral pucciniana, pese a contar con una Filarmónica de Gran Canaria que le proporcionó un soporte seguro con pasajes solistas de innegable refinamiento instrumental.

Juan Francisco Román Rodríguez

 

Liudmyla Monastyrska, Angelo Villari, María Belén Rivarola, Baopeng Wang, Felix Park, Álvaro Diana, David Barrera, Julian Padilla, Manuel García.

Coro de Amigos Canarios de la Ópera. Coro OFGC. Coro Infantil OFGC.

Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Sesto Quatrini.

Escena: Daniel Piscopo.

Producción Amigos Canarios de la Ópera.

Teatro Pérez Galdós

Las Palmas de Gran Canaria

 

Foto © Nacho González

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