El Réquiem de guerra de Benjamin Britten es una obra intensa y emotiva, escrita como reivindicación del pacifismo, el entendimiento y la concordia en una época del siglo XX marcada por la inestabilidad política, en una Europa que todavía lloraba a las víctimas de dos guerras que marcarían el devenir de toda una era.
A esta intensidad emocional se suma, además, la complejidad musical y organizativa de una representación que exige dos orquestas y un gran coro sobre el escenario, así como un coro infantil con armonio «algo alejado», según rezan las instrucciones del propio compositor. En fin, multitud de mecanismos para una obra considerada el culmen vital y artístico de Britten.
Todos estos engranajes funcionaron con una precisión raramente vista en el Auditorio Nacional en una de las últimas apariciones de David Afkham como director titular de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Y no solo fue precisión técnica: esta fue una de las excepcionales ocasiones en las que pudimos palpar emoción más allá de las notas y los silencios escritos en el papel.
El Réquiem, sin duda, invita a ello. Sobre el texto litúrgico de la misa de difuntos, Britten incluye poemas de Wilfred Owen, un joven soldado muerto pocos días antes de la finalización de la Primera Guerra Mundial, que añaden un sincero dramatismo a la pura liturgia.
Esta sinceridad, plena de emoción en la comunicación de las palabras, estuvo a cargo del tenor Andrew Staples y el barítono Stéphane Degout, sencillamente excelsos en sus interpretaciones. En particular, la policromía vocal de Staples llamó la atención por su riqueza de matices y su capacidad para transitar desde registros más operísticos hasta tintes de rapsoda, con extremo cuidado y aplicando en cada momento la intensidad necesaria. Degout hizo gala de una voz elegante y sólida que, incluso en los momentos de dinámicas más piano, llenaba la gran sala del Auditorio con plenitud.
La concertación de este gran réquiem es compleja, pero David Afkham resolvió con pericia las dificultades propias de la mezcla de texturas, volúmenes, idiomas y tramas. Además, Afkham destapó el tarro de las esencias y, dentro de la máxima corrección de la que suele hacer gala, modeló con creatividad y sensibilidad gestual algunas de las secciones más frágiles e interesantes, como los a cappella del coro, en los que presenciamos una conexión pocas veces establecida.
El Coro Nacional, ampliado con las voces del Coro de la ORCAM, tuvo un desempeño sobresaliente. El hecho de reunir a una agrupación de vocación claramente sinfónica con otra de carácter más camerístico consigue limar algunas aristas sonoras que a veces merman la calidad del sonido del CNE. Las sopranos tuvieron un sonido más redondo y blando; lucieron las contraltos en sus momentos más expuestos y destacó una cuerda de tenores flexibilidad y exenta de estridencias.
En perfecta combinación con el coro, la soprano estadounidense Nicole Heaston dio una auténtica lección de canto y música. Situada en las gradas de la orquesta, en un lugar acústicamente privilegiado, desarrolló sus secciones con una emisión, dicción y musicalidad pasmosas.
En la parte vocal, los Pequeños Cantores de la ORCAM completaron el elenco ofreciendo una emisión sana y blanca —lo que se espera de un grupo infantil— y aportando en la lejanía la dulzura que necesita una obra cargada de tragedia. Daniel Oyarzabal, como acostumbra, fue el sustento ideal para el coro de niñas y niños, siempre al servicio de la música, con su empatía y atención habituales.
Sería injusto, en este caso, mencionar o destacar a una sección o componente de la colorida* Orquesta Nacional. La maquinaria funcionó prácticamente a la perfección y el hecho de disponer de una pequeña orquesta que interviene junto con los solistas garantizó volúmenes apropiados y contención sonora.
En una nota personal: aún estoy intentando rescatar de mi archivo y de mi recuerdo un concierto mejor del Ciclo Sinfónico, pero no lo consigo. Y sigo, mientras escribo estas líneas, reviviendo la emoción de un evento extraordinario e irrepetible.
Daniel De la Puente
* Las mujeres de la Orquesta Nacional y algunas integrantes del Coro Nacional siguen saliendo a escena elegantemente vestidas «de calle» ante la ausencia de soluciones para su indumentaria de concierto por parte de la Administración. Reivindican que, al contrario de lo que sucede con sus colegas hombres, no reciben la ropa adecuada para desarrollar su trabajo en condiciones deseables.
Coro de la Comunidad de Madrid, Pequeños Cantores de la ORCAM
Orquesta y Coro Nacionales de España
Nicole Heaston, soprano / Andrew Staples, tenor / Stéphane Degout, barítono
David Afkham, director
Miguel Ángel García Cañamero, director del CNE
Javier Carmena, director del Coro de la ORCAM
Ana González, directora de los Pequeños Cantores de la ORCAM
Réquiem de guerra, op. 66, de Benjamin Britten
Auditorio Nacional de Música, sala sinfónica, 21 de junio de 2026