El duodécimo programa de abono de la OSCyL en su sede vallisoletana, se centró en tres partituras escritas entre 1876 y 1944 por tres compositores representativos del último Romanticismo ruso, Chaikovski, Rajmáninov y Prokófiev, todas de espíritu diferente por la personalidad de cada uno y su momento vital, pero con un nexo común: el tormento del hombre que en cada una se expresa. Para este repertorio y con esta Orquesta, ¿quién mejor que su Director Asociado Vasily Petrenko? Como así se produjo, el Auditorio volvió a presentar dos llenos absolutos, por la seguridad que el público ha adquirido, que el binomio OSCyl-Petrenko garantiza sesiones de interés y calidad, que esperemos se confirmen este fin de semana inmediato en el Teatro Arriaga y el Palacio Euskalduna bilbaínos, donde sonará también este binomio y este repertorio.
Se contó además con la colaboración del pianista Behzod Abduraimov (Taskent, Uzbekistan, 1990), Medalla de Oro en el Concurso Internacional “Van Cliburn” y en el Internacional de Piano de Londres, Artista Residente en el Centro Internacional de Música de la Universidad de Park, que hacía su presentación aquí como solista en Rapsodia sobre un tema de Paganini en La m., op. 43 de Rajmáninov para piano y orquesta, que sonaba por séptima vez en el historial de la OSCyL.
El último de los “24 Caprichos para violín, op. 1 de Paganini, tan del gusto de tantos compositores que lo han versionado, tuvo atractivo también para Rajmáninov como creador e intérprete, a través de 24 variaciones que, distribuidas en tres secciones: 1 a 10, 11 a18 y 18 a la 24, se asimilan a un Concierto de piano y orquesta en tres movimientos, primero y último en La m. y el central en Re m.. Rajmáninov mezcla hábilmente el tema de Paganini, con el “Dies irae” de la Misa de difuntos gregoriana en el piano, en las 7, 10, 22 y 24, aludiendo a la salvación o condenación eterna con sus tormentos. La versión fue fantástica.
Petrenko estableció relaciones con criterio, dando a cada variación fieles tempo y carácter, asumidos absolutamente por el solista, de mecanismo infalible, pulsación sensible y pedal medido, volumen competidor con el amplio orgánico orquestal y, en la esperada XVIIII, tan oída en el cine, su andante cantábile tuvo esa desgarradora atmósfera rusa con la simple inversión del tema de Paganini, sin sentimentalismo alguno, sólo tensión y sensibilidad. La OSCyL mereció capítulo aparte, aquí y en todo el concierto pues, en un programa largo, intenso y difícil, mantuvo un alto grado de concentración en todo momento, logrando sus 57 cuerdas y arpa un sonido diáfano, homogéneo, afinado, justo y expresivo, similar en virtudes al de sus colegas “de atrás”, percusión incluida, respondiendo a las exigencias y contenciones que desde el atril llegaban, siempre anticipados los ataques, acentos y reguladores, en prestación de mucho nivel.
El pianista Abduraimov fue aclamado repetidamente, pues brilló con naturalidad en los muchos obstáculos técnicos que el autor propone (él mismo intérprete superlativo), tanto que hubo de añadir una pieza recibida igual, tras compartir el rotundo éxito con todo el elenco sinfónico.
Por delante fue el op. 32 de Chaikovski Francesca da Rímini, poema sinfónico con el que puso en música el impacto que le causó el Canto V, el Infierno, de “La Divina Comedia” de El Dante, incluyendo la tragedia del S. XIII de Francesca da Polenta, obligada a casarse con Giovanni Malatesta “El lisiado”, a quien amor le hizo engañar con su cuñado Paolo; el marido clamó venganza y quiso matar a espada a su hermano , pero élla se interpuso y murieron ambos. Chaikovski planteó cuatro cuadros: un Andante lúgubre sobre el descenso de Dante al Círculo II del Infierno, con los metales de desesperados condenados, que con gran acierto plantearon la tragedia desde el inicio; allegro vivo para la tormenta infernal que cuerdas veloces reflejan como un caos que castiga por siempre a los reos de lujuria; relato de Francesca, que en andante cantábile pone en el solo de clarinete el núcleo lírico de la Fantasía por la relación trágica entre los amantes; y un Final que recupera la tormenta y arrastra a la pareja al averno, ydonde se hace dramática con los 10 acordes obsesivos que hablan de la pena eterna, con trombones y tuba aterradores y redondos, reforzados por timbales y la gran caja en explosivo final. La lectura fue modélica por todos y así lo apreció el público en su sonora acogida.
Sólo 10 años después de la Rapsodia tocada, escribió Prokófiev en un mes, acabándose la II Guerra Mundial, su Sinfonía nº 5, en Sib M., op. 100, tomando modelo en “la 5ª” de Shostakóvic, pero con la personalidad particular de su figura, empleando ideas o materiales de sus propias obras, como el Trío en Re M. de su ballet “Cenicienta” o de “la batalla del hielo” de su Cantata “Alexander Nevski” o el aire de “la muerte de Teobaldo” de su ballet “Romeo y Julieta”. Así los cuatro movimientos reflejan lo que él mismo dijo que quería reflejar: “un himno al hombre libre y feliz”, lo que era un tormento interno para los habitantes de la Rusia de la época.
Petrenko volvió a mostrar su conocimiento de tema y escritura y su técnica precisa, elegante y musical, para lograr ese sonido orquestal brillante o acariciador, según convenga, que funciona como un órgano donde cada pieza tiene su lugar en conjunto y a solo. El Andante, que da carácter a toda la Sinfonía, tuvo a flautas, fagotes y oboe, destacados; sólo el piano estuvo un punto tímido, por poner algún pero. En el Allegro marcato la protagonista total fue la OSCyL, con ritmo e intención y un P. Pavaci como experto y eficaz concertino invitado; el lírico Adagio anduvo idéntico camino<, y en el Allegro giocoso destacaron clarinete, flauta, el coral de las cuerdas, y las trompetas dando la ironía apropiada; la coda final volvió a mostrar a la orquesta magnífica en escritura tan virtuosa y difícil que cierra la Sinfonía de manera triunfal, como el efecto en la audiencia produciendo múltiples saludos y salidas. Vasily Petrenko volvió a mostrar sus poderes.
José Mª Morate Moyano
Behzod Abduraimov, piano
Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) / Vasily Petrenko
Obras de P. I. Chaikovski, S. Rajmáninov y S. Prokófiev
Sala sinfónica “Jesús López Cobos” del CCMD de Valladolid