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Crítica / Trascendencia, novedad, repertorio - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 14/01/2026

Un perfecto sándwich programático rodeó al Undécimo cuarteto de cuerda de Georg Friedrich Haas. Toda una escolta de trascendencia y gran repertorio, la definida por nada menos que, de un lado, la enigmática e impulsiva Gran fuga de Ludwig van Beethoven (para empezar con fuerza, poder y… trascendencia) y, de otro, el inspirado crisol, relativamente innovador: Cuarteto de cuerda en sol menor de Claude Debussy.

Y sí, el Cuarteto Seikilos, conformado por Ivan Gornemann y Pablo Quintanilla, violines; Adrián Vázquez, viola; y lose violonchelos Lorenzo Meseguer, junto a Fernando Arias en la obra de Haas, presentaron en el inicio de este año del ciclo Series 20/21 del Centro Nacional de Difusión Musical, la obra de estos tres músicos, con especial interés en la de aquél elegido como compositor residente de la temporada 25/26 del citado CNDM, que ocupaba su centro.

La Gran fuga de Beethoven tiene todos esos tenaces y acentuados compromisos, técnicos y estéticos (aún hoy), que la hacen especialmente valiente e intemporal, más aún para un arranque de programa “en frío”. Nos descubrimos por ello. Un programa que, de esta exigente guisa inicial, tanto para los intérpretes como para el propio público, parecía haber comenzado mucho antes de su enervado arranque.

Una obra energética, también la de Haas, servida totalmente a oscuras en lo visual hasta la iluminación del bloque cadencial final. Esta curiosa característica visual acentuó la percepción sensorial concentrada de una intensa sonoridad, potenciada por la singular duplicación de los violonchelos (en vez de la tradicional de los violines) en un cuarteto de cuerda ciertamente peculiar. Una sonoridad qué oscilaba de dicho potencial rítmico a un juego de armónicos sugerente, de resonancias tan “extáticas” como exóticas.

El Cuarteto de Debussy respondió, con una marcada decisión de inicio, a su expresa indicación de carácter en partitura: Animé et très décidé. Precisa indicación que dio lugar a momentos de puntual brillantez en la concertación de las secciones más perfiladas de este primer movimiento, que se rubricaron con una contundente, hoy especialmente lograda, resolución “en punta”.

Bien ritmado sin lugar a dudas, y vivo (Assez vif et bien rythmé), en una extrovertida versión que ampliaba, en tempi exigentes y mantenidos, con sano espíritu lúdico de Scherzo, la visión más formal y “acabada” del movimiento anterior. Estimulantes concertación y reflejos elevaron nuevamente esta compleja maraña contrapuntística que aquí, propone el francés.

Expresivo… dulcemente… dicta el carácter en partitura: Andantino, doucement expressif. Con su preciso y precioso lirismo y compacta sonoridad de conjunto, siguió este bello movimiento que entronca la obra, felizmente, con la tradición melódica francesa. Una obra que había surcado otros derroteros estéticos más orientales en la propia Europa en los tiempos anteriores. Un momento contrastante pues, con la celeridad precedente, donde los cuatro atriles tienen su oportunidad de lucimiento puramente musical al margen de la técnica, con una cuidadas disposiciones armónicas de sutil afinación, que se remataron con relativa fragilidad.

El cuarto y definitivo movimiento (Très modéré) arranca con templada concentración, sintético en todos los sentidos, tanto respecto de esta misma obra como, incluso, en lo que depara la tradición de este trascendental género de cámara, para pronto emplearse en el vértigo propio de su posición conclusiva, hoy especialmente acentuado.

Una obra que no defrauda nunca, más aún servida con este grado de entrega, determinación y pulcritud. Energía y tempi exigentes que se resolvieron con especial notoriedad en este centelleante último movimiento con, incluso, su exhausto punto final de aceleración, nuevamente ”en punta”.

De propina, por cierto… contraste… distensión y… “guiño al pop-art” (sic)... ecléctico y arabizante.

Luis Mazorra Incera

 

Cuarteto Seikilos: Ivan Gornemann y Pablo Quintanilla, violines; Adrián Vázquez, viola; Lorenzo Meseguer y Fernando Arias, violonchelos.

Obras de Beethoven, Debussy y Haas.

CNDM-Series 20/21. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín

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