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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / La verdad de los paisajes fabulados - por Justino Losada

Madrid - 12/01/2026

El paisaje imaginado con los personales matices, culturales, sentimentales y, en definitiva, existenciales, de quien lo imagina, ha sido el eje vertebrador del último programa de la actual temporada de conciertos 25/26 de la Orquesta Nacional de España. A tal efecto, se urdió un conjunto de obras, de compleja coloración cambiante, que contaba con el estreno de Das Eismeer del compositor vigués Eduardo Soutullo (*1968), el Poème de l’amour et de la mer de Ernest Chausson (1855 -1899), con la participación de la soprano orleanesa Véronique Gens, y los poemas sinfónicos Fontane di Roma y Pini di Roma de Ottorino Respighi (1879-1936) dirigidos por el joven director vallisoletano Roberto González-Monjas, actual titular de la Orquesta Sinfónica de Galicia, la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo y la Orquesta del Musikkollegium Winterthur, que debutaba al frente de la Orquesta Nacional.

El romántico ideal de romper con el determinismo geográfico y sus negativas consecuencias han sido claves en Das Eismeer, obra de estreno y encargada por la Orquesta y Coro Nacional de España a Eduardo Soutullo. De título homónimo al cuadro de Caspar David Friedrich que representa el naufragio, posiblemente de uno de los barcos expedicionarios de William Parry a la búsqueda del Paso del Noroeste, Das Eismeer es una sugerente alegoría, como indica Luis Suñén parafraseando al autor en las notas, consecuencia de la arrogancia del ser humano en sus intentos de dominar la naturaleza. Con claras intenciones sinfónicas, esta música despliega con una incansable agilidad –cuasi cinematográfica, podríamos decir- mediante un empleo compacto, muy buen balanceado en términos instrumentales, de la orquesta que, en sus figuraciones gestuales y melódicas refiere, por momentos, a Messiaen y Dutilleux. Da la sensación, incluso, de que esta obra pudiera ser un intrépido interludio entre otros dos movimientos más contemplativos, habida cuenta lo concentrado del discurso, que, en cualquier caso, pone de manifiesto el muy buen oficio de Soutullo. Con gesto enérgico y excelente soltura afrontó González-Monjas este estreno frente a una espléndida Orquesta Nacional que, muy solícita, supo ofrecer los matices y aspectos de la partitura.

Continuaba el concierto con el Poème de l’amour et de la mer obra que redactara Ernest Chausson entre 1882 y 1890 sobre poemas de Maurice Bouchor en forma de recreación sentimental del paisaje marino. Música de oscuro dramatismo y coordenadas armónicas wagnerianas, el Poème acusa también la influencia del modelo franckiano en torno al empleo recursivo del material así como una evocadora orquestación, muy evidente en las maderas, que preludia el simbolismo de Debussy. Así, la perfumada atmósfera de La fleur des eaux, primer movimiento de la obra, terminará por acumularse en varios clímax de corte rapsódico antes del camerístico y ominoso Interludio que sirve de puente al tercer tiempo, el extático pero también solemne y taciturno La mort de l’amour, llorado por la sublime sección final, Le temps des lilas. La voz de la soprano Véronique Gens, experta en este repertorio, aportó con idiomática dicción, y muy buen criterio, una mezcla de emoción y expresividad fosca que, sin caer en excesos, presentó el color vocal que esta música necesita. Muy imaginativo, Roberto González-Monjas, puso su técnica a disposición de Gens, acompañando con una amplia paleta de colores y ofreciendo una interpretación de relieve y gran contraste anímico por parte de una entregada Orquesta Nacional de España. El único pero, al menos en el concierto del viernes, fue un balance que, tal vez, debería haberse mejorado entre la orquesta, a veces demasiado potente, y la solista.

La segunda parte se dedicó a los dos poemas sinfónicos más celebrados de la trilogía romana de Ottorino Respighi: Fontane di Roma y Pini di Roma. Boloñés de nacimiento, Respighi se instala en Roma en 1913 al ser nombrado docente de composición del Conservatorio di Santa Cecilia y pronto se inspira en el paisaje urbano de su ciudad adoptiva para homenajearla. Tres años después, en 1916, compone Fontane di Roma, música profundamente evocadora de la Roma de su tiempo en diálogo con su pasado monumental y mitológico. Con excelente control dinámico, enfiló González-Monjas la brumosa y cautivadora Fontana de Valle Giulia all’alba, para delinear con energía, brillo y precisión la cascada y el jugueteo mitológico de la fontana del Tritone al mattino. Manejó igualmente con tanta maestría como adrenalina el acúmulo de tensión ante el carro de Océano que doma las aguas bajo el sol de la muy straussiana Fontana de Trevi al meriggio, para concluir con una perfumada alegoría del atardecer en La Fontana de la Villa Medici al tramonto.

Muy bien amoldada a las texturas y el color respighiano, la Orquesta Nacional de España volvió a demostrar que se encuentra en un fantástico nivel. Ello se evidenció de nuevo ante una rutilante lectura de Pini de Roma, obra de 1924, en la que Respighi torna a evocar espacios romanos a lo largo del tiempo. Con contagioso entusiasmo dio comienzo el músico vallisoletano el lúdico y stravinskiano Pini de Villa Borghese, repleto de canciones infantiles para avanzar, en un color sinfónico más oscuro con el gregoriano y lírico Pini presso una catacombe delineado exitosamente en forma de arco por la Nacional. En el precioso I Pini del Gianicolo sobresalieron las maderas, en especial el fantástico clarinete de Enrique Pérez Piquer, que, gracias a la flexibilidad agógica de González-Monjas, de ligero rubato y elegante empleo del legato en la cuerda -que permitió un muy bonito fraseo- se recreó una fragante y mágica atmósfera. Tras la aparición del ruiseñor, la marcha de I Pini di Via Appia se construyó con marcada rítmica y una abrumadora gradación dinámica que llevo a un impresionante final muy aplaudido por el público. Se cerraba así el sobresaliente debut de Roberto González-Monjas y, en consecuencia, otro muy buen concierto de la Orquesta Nacional de España demostrándose, como apuntara Poliades, el narrador de Las Mocedades de Ulises de Álvaro Cunqueiro, que, si la única mentira proviene de lo que no se sueña, se imagina o se evoca, es la fantasía la que siempre resulta certera, como lo es también la verdad de los paisajes fabulados.

Justino Losada

 

Véronique Gens, soprano

Orquesta Nacional de España

Roberto González-Monjas 

Obras de Soutullo, Chausson y Respighi

Orquesta y Coro Nacionales de España. Temporada 2025/2026

Auditorio Nacional, Madrid

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