Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Toda una manifestación sinfónica de experiencia vital - por José Antonio Cantón

Alicante - 01/05/2026

La orquesta ADDASimfònica de Alicante ha alcanzado una de sus actuaciones más relevantes de la presente temporada con un programa que, tal como ha sido elegido y después interpretado por Josep Vicent, su director titular, ha significado todo un manifiesto sinfónico de cómo se puede llegar a un determinado grado de liberación vital a través de la música, haciendo que ésta recomponga la estabilidad emocional de intérpretes y oyentes funcionando como un apasionante estímulo y a la vez balance que trasciende cualquier sanación espiritual. Esta pretensión puede parecer desproporcionada, dado el carácter diletante casi exclusivo que se le dio a esta disciplina artística a partir de la reorganización de su creación, interpretación y escucha que tuvo que adoptar a partir del idealismo ilustrado que surgió en la Era Contemporánea con los poderosos argumentos surgidos de esos dos gigantes del pensamiento filosófico como fueron Immanuel Kant y Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

Esta pequeña introducción a este comentario sirve para situar las intenciones del último programa de la brillante orquesta alicantina que se inició con una selección de danzas de la Suite del Sombrero de Tres Picos de Manuel de Falla, seguida de dos obras han sido las que han significado ese propósito liberador de la música; el Concierto para Cuarteto de cuerda y orquesta, “Liberi tutti” del compositor turinés Nicola Campogrande y la Cuarta Sinfonía, Op. 20 “La inextinguible” del gran músico danés Carl Nielsen, dos creaciones musicales de un marcado carácter reivindicativo en las que el mensaje musical trasciende su realidad para situarse más allá de la pura percepción del oyente, que siente como sus sones le traspasan con sensible naturalidad.

Con una marcada función de introducción, la música de Falla abría el concierto mostrando las cualidades de la orquesta en toda su amplitud desde la contundente dirección de su titular, que supo sacar máxima expresividad a la Introducción de la primera suite, enfatizando su carácter de fanfarria. La pasión se hizo presente en el sustancial aire de fandango de la Danza de la molinera para describir seguidamente con singular color orquestal el número dedicado al Corregidor antes de la farruca que sustancia la Danza del molinero, en la que el director intensificó toda la potencia de su zapateado interno para terminar con el esplendoroso y trepidante Final que dejaba al espectador en la mejor receptividad para percibir el mensaje desmitificador que contiene la obra de Nicola Campogrande, cuyos contrastes expresivos iban a surgir de inmediato.

Con el recuerdo del feliz estreno absoluto de su Segunda Sinfonía en el ADDA en otoño de 2022, este compositor italiano estrenaba en esta ocasión en España su obra Liberi tutti en la que su música surge como una aventura del espíritu sin necesidad de acudir a ningún tipo de información intelectual previa. El temperamento emocional y la capacidad musical de Josep Vicent son las más indicadas cualidades para la materialización de tal propósito. Así dejó constancia desde los primeros pentagramas del Moderato con el que se inicia esta obra pensada también para cuarteto de cuerda, entendido como un elemento solístico disruptivo de enriquecedor efecto musical. Este cometido ha sido ofrecido en esta ocasión a los integrantes del Meta4 Quartet, uno de los cuartetos fineses en la actualidad de mayor reconocimiento artístico a nivel internacional, que supo entender de manera orgánica la traducción que el director ha realizado de su función liberadora dentro de la obra, contagiando de energía al resto de la orquesta, que vino a demostrar la extraordinaria convicción y entrega al leguaje musical contemporáneo de este grupo. En el Largo central, el siempre controlado aparente caos anterior quedó disuelto ante la permeabilidad sonora entre los dos elementos concertantes que difuminaba con sorprendente agrado la frontera entre la expresividad íntima del cuarteto de cuerda y la expansión sonora de la orquesta. Este difícil equilibrio quedaba en todo instante bien indicado con enorme cuido y eficacia desde el pódium. En el Allegro final pudo manifestarse en toda su plenitud el desprejuicio que anima esta obra ya desde su propio título, generándose una luminosidad musical que una orquesta como ADDASimfònica puede ofrecer con meridiana seguridad técnica, como lo hizo en esta ocasión, poniéndose de manifiesto la afinidad de Josep Vicent con el comunicativo estilo de Campogrande, dejando que la música fluyera con la natural biensonancia que la caracteriza para conectar fácilmente con el público. El resultado final fue todo un ejemplo de luminosa musicalidad en el equilibrado diálogo de los dos formatos instrumentales, que dejaba una sensación de libertad tanto en su ejecución como en su escucha, lejos de cánones y rígidas consideraciones preestablecidas. Una vez más se pudo disfrutar de la versatilidad tanto del director como de la orquesta en toda su plenitud, significando todo un ejemplo de cómo se adentran en la música de nuestros días con tal seguridad de lectura que la transforman en una expresividad de alto nivel.

Entrando en las inquietudes que desprende la Cuarta Sinfonía, Op. 29, “La Inextinguible”de Carl Nielsen, Josep Vicent planteó su ejecución como un extenso poema sinfónico en el que sus movimientos, sin solución de continuidad, se producen sostenidos por un impulso vital ininterrumpido. De tal modo, el maestro afrontó de inmediato la explosividad generada por las tensiones opuestas que se presentan en su Allegro inicial, distinguiendo los distintos gérmenes motívicos que aparecen en su desarrollo, haciendo un excelente planteamiento de los conflictos que en él se suceden. Motivó el Poco allegretto subsiguiente resaltando la naturaleza evocativa que lo caracteriza, llevando a la sección de viento madera a una excelsa interpretación de sus compases, al equilibrar con verdadera destreza los reguladores dinámicos que indica el compositor, que contrastaban así con la violencia del primer movimiento. El director generó en sus evoluciones de gesto toda esa tensión dramática que requiere el Poco adagio quasi andante que ocupa el tercer lugar de esta sinfonía, tiempo clave para entender su mejor lirismo ocupado por un curioso tejido contrapuntístico de rica armonía en las fluctuaciones de la cuerda que sólo era contrastado con las puntuales intervenciones solemnes del metal. Llegó al Allegro final generando desde su inicio esa expectativa del gran duelo entre los dos juegos de timbales que terminaría siendo el momento álgido del concierto, en el que quedó reafirmado al máximo el sentido vitalista de la obra. Dos músicos de verdadera raza, los timbaleros Salvador Soler, titular de la orquesta, y Joan Quesada, ofrecieron toda una épica exhibición en tan enervante conclusión final de este movimiento reafirmando la tonalidad de la obra, que así hacía honor y justificaba su aparentemente pretencioso sobrenombre de La Inextinguible, que hay que entender como siempre viva. Josep Vicent ha conseguido con esta versión uno de los momentos estelares de la temporada, que viene a reafirmar una vez más la imparable proyección artística de ADDA-Simfònica de Alicante en su segura, inequívoca y entusiasta trayectoria por consolidarse como una de las mejores orquestas que pueden representar a nuestro país a nivel internacional.

José Antonio Cantón

 

ADDA-Simfònica de Alicante

Solista: Meta4 Quartet (cuarteto de cuerda)

Dirección: Josep Vicent

Obras de Manuel de Falla, Nicola Campogrande y Carl Nielsen.

Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 17-IV-2026

117
Anterior Crítica / Simon Boccanegra triunfa en Las Palmas - por Juan Francisco Román Rodríguez
Siguiente Crítica / De los himnos humanos al ¡Aleluya! - por Luis Mazorra Incera