Tercera ópera de la temporada 2026 de los Amigos Canarios de la Ópera, Simón Boccanegra, en la versión habitual revisada por Verdi y Arrigo Boito en 1881. Tras décadas minusvalorada hoy es reconocida como una de las grandes del genio verdiano, incluyéndose dentro del puñado de obras maestras que pondrán cierre a su trayectoria, ralentizada en sus últimos años con piezas cinceladas en sus mínimos detalles, incorporando un concepto dramático que se aleja de la ópera de números cerrados, buscando un desarrollo dramático progresivo y orgánico, en sintonía con lo que por esos años hacía Wagner en Alemania, incluyendo una orquesta más rica en colores y texturas que deja atrás el mero apoyo a las voces y una vocalidad que, sin abandonar el virtuosismo canoro, cambia su enfoque de la brillantez exterior a la profundización en la caracterización de los personajes y su sicología.
Obra de tintes oscuros, odios y venganzas que se mantienen y acrecientan en el tiempo sin resolverse hasta el final, su carácter sombrío se refleja tanto en los timbres orquestales como en la elección de las voces protagonistas, dos barítonos y un bajo frente a la habitual pareja juvenil, soprano - tenor, y por supuesto en la elección del protagonista, un barítono que debe aunar potencia y cuerpo vocal, con capacidad para el matiz y el más elegante canto ligado.
Simón Boccanegra fue el ya conocido en Las Palmas y cada vez más lanzado internacionalmente Ariunbaatar Ganbaatar, auténtico barítono verdiano de los que cada vez hay menos, voz poderosa y rotunda, timbradísima, homogénea y sin fisuras con graves consistentes, centro corpóreo y agudo excelentemente proyectado, respondió tanto en las grandes escenas dramáticas donde se exigía volumen y autoridad, como en las dolientes y reflexivas, aunque aquí aún hay margen para la mejora, refinando el fraseo y ampliando el uso de los reguladores de intensidad y claroscuros, que doten de mayores matices al personaje.
Es de destacar que salvo Ganbaatar, los otros cuatro protagonistas estrenaban rol, algo habitual en los últimos tiempos en nuestra ciudad, y refrenda el nivel alcanzado en nuestras temporadas que proporciona a los artistas la seguridad para enfrentarse a nuevos desafíos, aunque comprensiblemente son propuestas en plena maduración que no han alcanzado todo su potencial.
Miren Urbieta-Vega, Amelia, fue de menos a más, empleando inteligentemente su voz de soprano lírica bien asentada, partiendo de un aria de salida correctamente planteada pero un tanto constreñida, se creció en los posteriores dúos con Simón y Gabriele, impetuosa en la gran escena de la rebelión, para culminar un último acto de bella línea canora donde se apreciaron algunos signos de cansancio, limitando el uso de medias voces y filados, que hasta entonces había prodigado con excelentes resultados. Una cierta falta de redondez en algunos momentos, trío del tercer acto, con pérdida de armónicos y algún pasaje en el grave falto de consistencia, la insistencia de Verdi en este registro pone a prueba a todas sus intérpretes, fueron puntuales debilidades de una cantante en línea ascendente.
Riccardo Fassi, Fiesco ha ido ganando presencia y aplomo físico y vocal, desde sus primeras apariciones en nuestras temporadas, manteniendo un timbre fresco, de auténtico bajo, sin asomo de vibrato que maneja con inteligencia y soltura, evitando forzamientos innecesarios y dañinos, marcando con acierto la evolución del personaje desde su ira inicial a la humanización final, aunque es de esperar que el paso de los años le aporten mayor densidad y volumen, especialmente en el grave, aun así hoy nada desdeñables, consustanciales al atormentado Fiesco.
Fabián Lara, Gabriele Adorno posee una voz privilegiada de tenor lírico, cálida y de muy grato color en toda su tesitura, especialmente un registro agudo impactante y excelentemente proyectado, que le posibilitó superar holgadamente los grandes concertantes sin pérdida de redondez. Intérprete ardoroso, le beneficiaría algo más de contención en los pasajes poéticos, incorporando a su paleta una mayor gama de colores y una línea más relajada, que le permita recrearse en un registro central en ocasiones oscurecido ante la brillantez del agudo.
Germán Olvera, aprovechó las oportunidades que le proporcionó el malvado Paolo para lucir sus ricos medios baritonales, juveniles pero con encarnadura suficiente para roles verdianos como este, empleando un fraseo intencionado que evitó caer en la trampa de la sobreactuación. Esperamos escucharlo en roles de mayor desempeño.
Jeroboam Tejera, Pietro; Francisco Navarro, capitano Balestrieri y Marina Díaz, ancella, desempeñaron impecablemente sus cortos cometidos
Francesco Iván Ciampa dirigió con mano firme y segura diferenciando las situaciones de las sucesivas escenas, atendiendo a las mutables necesidades de los cantantes con flexibilidad métrica y un certero control de las dinámicas, sin rehuir la contundencia cuando la situación lo requería, al frente de la Filarmónica de Gran Canaria de la que obtuvo matices delicados y atmosféricos que enmarcaron la acción en los momentos poéticos con resabios paisajísticos pero también acentos turbulentos en los de mayor tensión dramática. El Coro de Los Amigos Canarios, notable en proyección sonora, especialmente en los grandes concertantes pese a su exiguo número, generalmente empastado y seguro, sección masculina en el prólogo, pero también la compleja escena de la rebelión del primer acto, donde mitigaron la tendencia de las sopranos a los agudos destemplados, más notoria en los coros internos.
La escena de Renato Bonajuto se desarrolló dentro de las coordenadas habituales en nuestra temporada, tradicional, apegada al lugar y época históricos, incluyendo atractivas proyecciones de las costas y el mar genovés al comienzo de cada escena en el telón de boca y en los fondos del escenario, que lograron ampliar la capacidad evocadora de unos decorados espartanos y poco agradecidos, basados en grandes paneles móviles de tonos grises que modulaban el espacio escénico y tuvieron el acierto de permitir los cambios de escena con rapidez, tocando fondo en un primer acto escasamente atrayente por lo limitado del espacio disponible y un torpe movimiento escénico del coro que restó verosimilitud a la rebelión güelfa y su enfrentamiento con Simón Boccanegra.
Juan Francisco Román Rodríguez
Ariunbaatar Ganbaatar, Miren Urbieta-Vega, Riccardo Fassi, Fabián Lara, German Olvera, Jeroboám Tejera, Nora Carrasco, Francisco Navarro. Coro de Amigos Canarios de la Ópera. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria/Francesco Iván Ciampa. Escena: Renato Bonajuto. Producción Amigos Canarios de la Ópera.
Teatro Pérez Galdós
Las Palmas de Gran Canaria