La edición de este año 2026 del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid está descubriéndonos apasionantes joyas musicales del barroco europeo en interpretaciones de algunos de nuestros grupos historicistas más reconocidos. Esto es una gran alegría tanto para intérpretes como para los melómanos que acuden a estas citas musicales por el acercamiento a repertorios poco transitados en nuestros escenarios, llenos de belleza y de profundidad espiritual, pero sobre todo por quienes están resultando ser sus intérpretes, los grupos españoles históricamente informados. Esto último resulta de especial relevancia porque hasta ahora la inmensa mayoría de nuestros programadores tenían en mente que nuestras agrupaciones solamente podían interpretar satisfactoriamente los repertorios ibéricos del pasado, dejando la interpretación del repertorio europeo para consolidadas formaciones de fuera de nuestras fronteras, que aunque son de reconocida calidad para la consecución de esta música, ahora estamos comprobando que del mismo modo los grupos españoles pueden realizar espléndidos conciertos de estas músicas, que ha sido una de las asignaturas pendientes anheladas por las agrupaciones patrias. Debemos agradecer este gesto tan necesario hacia nuestros intérpretes a Josetxu Obregón en este su primer año como programador del festival madrileño.
El programa que pudimos disfrutar en el comienzo de esta semana del festival, titulado Bach antes de Bach, nos llevó de viaje a la Alemania de profunda fe cristiana y a su honda expresión musical tan arraigada en su cultura, a través de compositores que abarcan una cronología bastante extensa, desde Heinrich Schütz (1585-1672, unos de los padres del barroco alemán, hasta los inmediatos antecesores de Johann Sebastian Bach, tanto por pertenecer al extensísimo clan de compositores de su familia, como por pertenecer a una generación muy próxima temporalmente a la del genio de Leipzig, como Philipp Heinrich Erlebvac (1657-1714) o Johann Christoph Bach (1642-1703), primo carnal del padre de Johann Sebastian Bach.
En el programa sacro escuchamos tanto composiciones en latín, con pronunciación del solista a la alamana, como en la lengua vernácula germana tan fundamental para la liturgia luterana que heredaría Bach. Como como pudimos comprobar, las piezas más tempranas presentan una influencia directa de la música italiana, mientras que las posteriores beben de la tradición polifónica alemana, confiriendo un estilo que llegará a su culmen con la obra del gran Johann Sebastian Bach.
Como solista vocal de la velada pudimos disfrutar de las virtudes de quien es nuestro contratenor más afamado y docto de nuestra historia reciente, Carlos Mena, cuya trayectoria como cantante y como docente es difícil de hallar entre nuestros músicos. Debemos destacar que las cualidades de Mena siguen en plena forma, algo excepcional para la voz de un contratenor, habitualmente más frágil y delimitada temporalmente. Especialmente el registro medio del Carlos Mena se mostró pulcro, brillante y con esa belleza sonora tan reconocible como inspiradora. Su fraseo es de una ejemplaridad propia de quien imparte la cátedra de canto histórico de la Schola Cantorum Basiliensis, esto es, magistral. El estilo y la aproximación a esta música de distinta concepción estética fue, asimismo, de una naturalidad absoluta. Su expresión y sensibilidad fueron especialmente sobresalientes en las obras más solemnes y dolientes, como en Ach, dass ich Wassers g’nug hätte, un lamento de Johann Christoph Bach, una de las obras más complejas y bellas del siglo XVII alemán, que resultó absolutamente patético y emocionante.
Tiento Nuovo, la formación fundada y dirigida por Ignacio Prego, contó con una formación der instrumentistas de primera línea. Como concertino nos deleitamos con la maestría en el violín de Emmanuel Resche-Caserta, quien demostró sus habilidades junto a su sensibilidad artística especialmente en la Sonata para violín II y bajo continuo de Johann Heinrich Schmelzer, quien con una naturalidad pasmosa imprimió una velocidad endiablada a los pasajes de disminuciones más virtuosos, pero también mostró un cálido y noble sonido en los pasajes lentos y melodiosos, en una composición repleta de contrastes y múltiples y cambiantes afectos, que fueron realizados de un modo completamente satisfactorio. Su pulcritud en la afinación y la igualdad sonora en todo el registro del instrumento fueron igualmente loables.
El grupo instrumental en su conjunto interpretó las complejas y densas obras con un aplomo y una conjunción excelentes. Debemos destacar las composiciones de textura más rica que nos permitieron disfrutar de sonoridades muy especiales. Así, la Sonata II a 6 de Heinrich Ignaz von Biber fue un auténtico espectáculo repleto de sonoridades especiales y riqueza polifónica, puesto que al estar escrita para seis instrumentos con su propia parte cada uno -dos violines, dos violas, un violone, un violonchelo-, más el bajo continuo, la extraordinaria mente creadora de Biber confeccionó una joya sonora de bellísimas combinaciones, tanto graves como agudas, tanto plenas en sus secciones masivas, como sutiles y dialogantes en las secciones más íntimas. Todos y cada uno de los instrumentistas de Tiento Nuovo demostraron su calidad tanto individual como de unicidad grupal para con esta pieza. Una absoluta delicia. Al ya mencionado Emmanuel Resche-Caserta se le sumaron en la cuerda, como solistas, el también violinista Víctor Martínez, los violas Miriam Hontana y Daniel Lorenzo, Ismael Campanero en el violone y María Martínez en el violonchelo.
Ignacio Prego dirigió, en esta ocasión desde el órgano positivo, con firmeza en el tempo y con entusiasmo en las dinámicas y en la articulación. Consiguió esa sonoridad tan especial, de música de espiritualidad elevada, que confieren esos acordes tenuto organísticos. Debemos aplaudir, además, su idea de interpretar esta música con un ensamble español, algo que me atrevería a asegurar, felizmente, que es la vez primera que lo hace uno de nuestros grupos.
El bajo continuo quedó conformado, asimismo, con dos músicos de sobrada solvencia y con habilidades expertas en la realización de arpegios bellos y coloristas que confieren esa riqueza tan especial a la armonía del todo, el clavecinista Alberto Martínez y el tiorbista Ramiro Morales.
Los aplausos entusiastas de una atestada Basílica de San Miguel arrancaron una propina a todos los intérpretes de la velada, la preciosa aria de Johann Michael Bach Ach wie sehnlich wart’ ich der Zeit, para voz solista, cuerdas y continuo.
Simón Andueza
Bach antes de Bach
Carlos Mena, contratenor.
Tiento Nuovo, Ignacio Prego, órgano y dirección.
Obras de Johann Rosenmüller, Johann Christoph Bach, Dietrich Buxtehude, Heinrich Ignaz von Biber, Johann Heinrich Schmelzer, Heinrich Schütz, Franz Tunder y Philipp Heinrich Erlebach.
XXXVI Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.
Basílica Pontificia de San Miguel, 13 de abril de 2026, 20:00 horas.
Foto © Simón Andueza