El Canto elegíaco para coro y cuarteto de cuerda de Ludwig van Beethoven extendió, musicalmente, el sentido minuto de silencio y dedicatoria iniciales a las víctimas de los trágicos accidentes ferroviarios acaecidos en España. Dedicatoria del concierto que, en el ciclo Tiempo de cámara de la ORCAM, se realizara en nombre de los presentes Coro y solistas dirigidos por Martina Batič, y, en su conjunto, de la propia Fundación Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, organizadora del ciclo. Austeridad y concisión beethoveniana, reflexión y estoicismo objetivos, en una versión serena y cohesiva.
El Salmo XLIII de Felix Mendelssohn dispuso, in crescendo, mayor entidad formal sobre el tapete de la sala de cámara del Auditorio Nacional de Música, dividiendo el coro antifonalmente y expresándose con dinámicas más amplias y flexibles. Una lógica discursiva llevada con plasticidad desde el podio junto a una calidad vocal y articulación de la que fueron partícipes todos.
El Canto de triunfo de Miriam de Franz Schubert desplegó, ya con la soprano solista Silvia Naranjo, aquellas mismas cualidades con momentos logrados envueltos en la belleza y pericia funcional que se le supone a este baluarte de la música austriaca.
Equilibrio y continuidad en la proyección vocal y el diverso fraseo y articulación en todas y cada una de sus diversas secciones, tanto en la solista como en el coro.
Una partitura pujante, extrovertida, con un piano ciertamente destacado en las manos de Karina Azizova. Una obra de gran dinamismo ofrecida con brillantez por los citados: “... muerto el auriga, muerto el tiro de caballos…”. Junto a esta estimulante sección, otras de sorprendente inspiración händeliana, como la más faraónica y suntuosa que siguiera a la antes aludida para, así, volver simétricamente, “... con címbalos y cuerdas…” hacia convincentes episodios fugados como colofón (“Groß der Herr!”).
Los Valses de amor de Johannes Brahms contaron con la colaboración de la soprano Manón Chauvín y el tenor Lluis Frigola, el coro y el piano. Un piano, esta vez, a cuatro manos, añadiéndose así, a Karina Azizova, Duncan Gifford.
Una obra coral ofrecida de tiempo en tiempo, aquí, en Madrid. Proyección vocal, homogeneidad, urgente dinamismo (— “¡No! ¡No hay forma de entenderse con la gente, que todo lo interpreta tan retorcidamente…!”), direccionalidad expresiva y precisa concertación en ese difícil arte de conjugar el compromiso pianístico de esta guisa desdoblada y compartida al teclado, con el nutrido grupo vocal, sus inevitables inercias y la necesaria flexibilidad conjunta de un fraseo romántico: — “Si yo fuera un hermoso y pequeño pájaro…”.
La extrovertida y rítmica Vida de gitanos para coro, también con piano (Azizova), de Robert Schumann, contó con la colaboración solista de la soprano Sandra Cotarelo, la contralto Andrea Rey, los tenores Karím Farham y Lluis Frigola, y el bajo Vicente Canseco. Un breve, pero contundente manifiesto romántico donde los haya, de entusiasmo e indómita libertad para rematar (salvando el obligado bis) un intenso concierto por repertorio, coherencia y homogeneidad estéticas, y sólida interpretación.
Luis Mazorra Incera
Coro de la Comunidad de Madrid / Martina Batič.
Anne Marie North y Ema Aleexeva, violines; Eva Martín, viola; María Martínez, violonchelo; Karina Azizova y Duncan Gifford, piano.
Obras de Beethoven, Brahms, Mendelssohn, Schubert y Schumann.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto: La directora Martina Batič.