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Crítica / Javier Perianes y Falla - por Juan Berberana

Madrid - 25/01/2026

El onubense Javier Perianes es, sin lugar a duda, el mejor intérprete de la música española para teclado de la actualidad. Por eso, cada concierto que dedica a este repertorio se convierte en una referencia. Si, además, opta por construir el programa con la inteligencia, con la que lo hizo en su última presencia en el Ciclo de Grandes Intérpretes, el concierto se convierte en un acontecimiento.

Hablamos de inteligencia porque, en el pequeño homenaje que Perianes dedicó a Manuel de Falla (este año se cumple el 150 aniversario de su nacimiento), lo hizo relacionando, en cada parte del concierto, su música con dos de sus mayores influencias creativas: la de Chopin y la de Isaac Albeniz. Chopin fue uno de los referentes del gaditano en su juventud. Falla estudió piano con José Tragó, discípulo en segunda generación del polaco. Además, la obra de Chopin simbolizaba perfectamente una de las aspiraciones de Falla en aquellos años, la de construir un nacionalismo musical puro, esencialista, con un innegable anhelo de universalidad.

Por eso la primera parte del programa combinó piezas de Chopin, con sucesivas del gaditano. El Nocturno opus 27 de Chopin vino precedido del Nocturno de Falla. A las dos Mazurkas del polaco (opus 7 y 67, 2 y 1) la Mazurka de Falla. Más compleja fue la conexión entre la Serenata Andaluza y el Vals opus 34 de Chopin. De cualquier manera, la combinación fue absolutamente reveladora. Nos hubiera gustado escuchar a Perianes su análisis musical de esta construcción. Lo cierto es que, más allá del acierto, Perianes nos volvió a deslumbrar de ese Chopin “con sordina”, que empieza a ser una seña de identidad de su ejecutoria. Especialmente melancólico, trascendente, intencionadamente íntimo. En el Falla juvenil estuvo milagroso. Hay que recordar que no son piezas fáciles, en términos técnicos (como ocurre en mayor medida con las Cuatro Piezas Españolas de la segunda parte), y Perianes sobrevuela sobre ellas con una pasmosa naturalidad. Lleva muchos años demostrándonos lo bien que entiende su poética musical (han pasado ya 10 años de su grabación de las Noches en los jardines de España, junto a Pons. Un auténtico hito). Sin duda, lo mejor de la primera parte.

Sin embargo, donde la audiencia (algo más de media entrada) tenía más expectación, era en la segunda parte dedicada a la dualidad Falla/Albéniz, por escucharle en vivo una breve selección de la Iberia del catalán. Es sabido que la relación entre ambos fue breve (en París), pero intensa. Truncada por la muerte de Albeniz, el gaditano contó los años previos con su apoyo en el ámbito musical e incluso económico. Falla pudo asistir, de primera mano, a la composición del final de la Iberia. Y también cabe recordar que dedicó a Albéniz las Cuatro piezas andaluzas (terminadas en 1909, año del fallecimiento del catalán, con tan solo 49 años…), con las que Perianes inició la segunda parte del programa. Y fue, sin duda, lo mejor del concierto. Una música donde Perianes supo entender, como pocos, ese espíritu de esencialismo musical al que aspiraba Falla. Pero también la innegable influencia del impresionismo que, de manera inevitable, absorbía de sus relaciones en el París de principio de siglo (Montañesa). Brillante, preciso, apasionado, aunque sin el más mínimo exceso. Fantástico. Quizás algo por debajo (lo contrario hubiera sido imposible) en la selección de Iberia con la que cerró el programa: Evocación, El Polo, Almería y Triana. Perianes realizó una lectura prodigiosamente articulada. Detallista, inmensamente poética. Melancólica, cuando lo requiere, y radiantemente extrovertida cuando Albéniz se lo demanda.

Propinas, como correspondía, también de Albéniz y Falla. Un concierto absolutamente ejemplar. Moderno en su construcción e infalible en su ejecutoria. Siguiente parada, el gran Grigory Sokolov, que regresa al eje central de su repertorio con Beethoven y Schubert.

Juan Berberana

 

Javier Perianes, piano.  

Obras de Chopin, Falla y Albéniz

Auditorio Nacional, Madrid.

Ciclo Grandes Intérpretes (Fundación Scherzo).

 

Foto © Marco Borggreve

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