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Crítica / Tchaikovsky al más puro estilo navideño - por Luis Suárez

Vila-seca (Tarragona) - 03/01/2026

El director (y contrabajista) germano-egipcio, Nabil Shehata dirige a la Franz Schubert Filharmonia en un delicioso programa, para celebrar la entrada del nuevo año, en obras que a muchos/as nos pueden retrotraer a la más pura infancia. Las “Suites” de los Ballets de Tchaikovsky nos son ofrecidas en una sesión sin solución de continuidad en el recinto histórico del Celler de Vila-seca, Tarragona. Un ejemplo de aquitectura funcional modernista, cerca del Castell de Vila-seca y tiene la consideración de Bien Cultural de Interés Local. El edificio se construyó en el año 1919, obra del arquitecto Pere Domènech i Roure (hijo del arquitecto Lluís Domènech i Muntaner).

“El Cascanueces, Op.71” fue un encargo que inicialmente no quería aceptar, basado en una historia que consideraba “infantil” y estrenado con una recepción tibia. Hoy, sin embargo, es el Ballet más representado del mundo y una cumbre de la orquestación decimonónica. En 1891, tras el éxito de “La Bella Durmiente”, el director de los Teatros Imperiales de San Petersburgo encargó a Tchaikovsky una ópera, “Iolanta” y un Ballet para una misma velada. Se basó en la adaptación de Alejandro Dumas del cuento original de E.T.A. Hoffmann, “El Cascanueces y el Rey de los Ratones”. Durante el proceso de composición, Tchaikovski descubrió en París un nuevo instrumento: la celesta. Quedó fascinado por su sonido "celestial" y pidió que lo trajeran en secreto a Rusia para que ningún otro compositor (especialmente Rimski-Kórsakov, uno de los mejores orquestadores de todos los tiempos) se le adelantara. Este instrumento daría voz al famoso número del "Hada de Azúcar". Curiosamente, la “Suite, Op.71a” del ballet se estrenó antes que la obra al completo y fue un éxito instantáneo, lo que ayudó a cimentar la fama de la música antes de que se viera la danza. La misma se compone de una “Obertura miniatura”: sin violonchelos ni contrabajos, para mantener un sonido ligero y "de juguete". Una amplia selección de “Danzas características”: Incluye la Marcha, la Danza Rusa (Trepak), Árabe, China, Hada de Azúcar y la Danza de los Mirlitones.

Termina la suite de concierto con el celebérrimo “Vals de las Flores”: una de las piezas orquestales más perfectas de la historia. La introducción de arpa resulta icónica y su desarrollo melódico muestra la capacidad de Tchaikovsky para elevar una danza social a la categoría de sinfonismo puro. A diferencia de otros Ballets de la época que eran simples acompañamientos para el baile, la partitura de Tchaikovsky tiene entidad sinfónica propia. Es música que cuenta una historia incluso si cierras los ojos y no ves a los bailarines. Esta “Suite” es una pieza obligatoria para entender cómo la orquesta puede convertirse en un pincel capaz de retratar texturas (azúcar, madera, seda...).

“El Lago de los Cisnes. Op.20” es la obra que redefinió el Ballet clásico. Antes de Tchaikovsky, la música de ballet se consideraba un acompañamiento secundario, decorativo y sencillo. Él, sin embargo, aplicó una mentalidad sinfónica, creando una partitura con la profundidad de una ópera o una gran sinfonía. En 1875, el Teatro Bolshói de Moscú le encargó a Chaikovski su primer Ballet. Aunque declaró que aceptó "en parte por el dinero" (800 rublos), también sentía un deseo genuino de probar suerte en este género. Se basó en cuentos populares alemanes y eslavos sobre mujeres-cisne. Curiosamente, en 1871 ya había escrito un pequeño Ballet doméstico titulado “El Lago de los Cisnes” para sus sobrinos, del cual recicló el famoso "Tema del Cisne". Tchaikovsky estudió minuciosamente la música de "especialistas" en Ballet de la época (como Leo Delibes) para entender la rítmica necesaria, pero decidió romper las reglas inyectando leitmotivs (temas que representan personajes o emociones), una técnica asociada a Richard Wagner. Fue el primer Ballet donde la música no solo marcaba el paso, sino que dictaba el arco emocional. La dualidad entre el Cisne Blanco (Odette) y el Cisne Negro (Odile) se refleja magistralmente en la partitura a través de contrastes armónicos y rítmicos.

Es difícil creerlo hoy, pero su estreno fue un desastre. Los críticos dijeron que la música era "demasiado complicada", "demasiado ruidosa" y "poco bailable". La coreografía original de Julius Reisinger fue calificada de mediocre. Tchaikovsky murió en 1893 pensando que su Ballet había sido un fracaso. No fue hasta 1895 (dos años después de su muerte) que los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov reimaginaron la obra en San Petersburgo, creando la versión que conocemos hoy. Este Ballet no es solo una historia de amor; es una exploración de la lucha contra el destino. Escuchando la “Suite, Op.20a”, la paleta orquestal, dirigida por Nabil Shehata, hace sentir en cómo el tema del cisne se transforma: comienza suave y lírico, pero termina en el Acto IV como un grito heroico y trágico de toda la orquesta, profundizando en la narrativa musical donde se ratifica que esta suite no es solo una colección de melodías pegadizas; es el manifiesto de Thaikovsky sobre cómo el ballet debe ser tratado con el mismo respeto intelectual que una sinfonía. “El Tema del Cisne” es, posiblemente, el motivo más reconocible de la historia del ballet. A destacar la perfecta lectura del oboe solista de la orquesta para presentar el tema; su timbre nasal y melancólico evoca perfectamente la vulnerabilidad de Odette. El uso del arpa y el tremolo de las cuerdas crea una atmósfera de "agua estancada" y neblina. Es una lección magistral de cómo generar una imagen visual pura a través del sonido. Una obra esencial que transformó el ballet de un entretenimiento social en una forma de arte profundo y psicológico.

“La bella durmiente, Suite Op.66a” Este Ballet fue, desde su concepción, una obra monumental, refinada y consciente de su propia grandeza. A diferencia de sus otros Ballets, este nació de una colaboración estrecha y armoniosa entre Tchaikovsky y el legendario coreógrafo Marius Petipa. Ivan Vsevolozhsky, director de los Teatros Imperiales, quería un espectáculo que celebrara el esplendor de la corte de Luis XIV aplicado al estilo ruso. El tema elegido fue el cuento de Charles Perrault. Tchaikovsky escribió la obra entre 1888 y 1889. Estaba tan entusiasmado que decía que esta era su mejor obra. El estreno en 1890 en el Teatro Mariinsky fue un éxito rotundo, aunque el Zar Alejandro III solo le dedicó un frío "muy bonito", algo que hirió profundamente al sensible compositor. La “Suite” es una destilación del Ballet (que originalmente dura casi 3 horas) en cinco números que muestran el abanico emocional de la obra. De nuevo Tchaikovsky utiliza el sistema de leitmotiv (temas asociados a personajes). El tema del Hada de las Lilas y el de Carabosse se transforman a lo largo de toda la obra, dándole una coherencia que antes no existía en el Ballet. La interpretación de la partitura es densa pero nunca embarrada. El uso de la madera es especialmente brillante, dando a cada hada un color instrumental único. Comienza con el tema agresivo del Hada Carabosse (el mal), marcado por metales y maderas en registro bajo, que es inmediatamente "barrido" por el tema melodioso y ascendente del Hada de las Lilas. Es un ejemplo perfecto de lucha temática en la música.

El “Adagio d'Action (El Adagio de la Rosa)” es considerado una joya de tensión sostenida. La melodía crece gradualmente con el uso de las cuerdas y el arpa, creando una sensación de nobleza y expectación. Es la definición de la "majestuosidad" rusa. “El Gato con Botas y la Gata Blanca” utiliza los oboes y fagotes para imitar los maullidos y arañazos. Es una pieza que requiere una lectura de humor musical que demuestra que el compositor no siempre era el hombre atormentado de las Sinfonías; tenía un sentido del humor fino y técnico. “Panorama” es un movimiento de una belleza hipnótica. Sobre un ritmo pulsante y constante en el bajo, las cuerdas despliegan una melodía infinita que representa el viaje del Príncipe Desiré en barca hacia el castillo. La orquesta vuelve a mostrar perfectamente su fluidez impresionista, adelantada a su tiempo. El final llega con el “Vals” archi famoso del Acto I. La interpretación vuelve a estar a la altura con una lectura grandiosa y rítmica. A diferencia del vals de “El Cascanueces” (que es fantástico), este es social y cortesano. Es la culminación del brillo orquestal de finales del XIX para terminar a lo grande en este hermoso concierto navideño.

Luis Suárez

Franz Schubert Filharmonia
Nabil Shehata, director.

Suites de los Ballets de Tchaikovsky. Op.71a, 20a y 66a.

Vila-seca, Tarragona. 29/12/202

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