La segunda visita del maestro italiano Ruben Jais al Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) invitado por ADDA-Simfònica después de la buena impresión que dejó en los aficionados alicantinos el pasado marzo de 2024 con la Pasión según San Juan de J.S.Bach, la ha dedicado a dos grandes figuras del clasicismo como son Franz Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart con la cantata Berenice che fai?, Hob XXIVa:10 y la Sinfonía 49 en Fa menor, Hob. I:49 “La Passione” del primero, y la Sinfonía 25 en Sol menor, K. 183 y el famoso motete Exultate, jubilate, K. 165 del genio de Salzburgo contando con la participación de la cantante Roberta Mameli cuya presencia en el escenario alicantino había suscitado gran expectación dada la belleza y dificultad de canto de las obras anunciadas y las particularidades de las sinfonías dentro del repertorio de los dos excelsos compositores.
Pronto quedaron despejadas las dudas que se podían tener con la preciosa pieza de Haydn con el casi inmediato ataque de la soprano al Allegro con la que se inicia la cantata, demostrando la cantante romana una destacada seguridad de elocución que venía resaltada por una gran capacidad de colocación de la voz, virtud necesaria para el lucimiento al que predispone esta pieza de verdadero virtuosismo vocal. Éste quedó muy bien matizado en el Largo que sustenta la ternura que se expresa en el aria siguiente como contraste al audaz y vehemente sentido del inicio de la obra. Con el heroico sentido dado a la declamación que requiere el recitativo Me infelice! Che fingo?, situado en el tercer lugar de la partitura antes de la esplendorosa aria final, Perché, se tanti siete, la cantante dejó una sensación de absoluta plenitud expresiva impulsada por la orquesta que, lejos de servir como simple acompañamiento, se sumergía plenamente, ante las indicaciones del maestro Ruben Jais, en cada idea de la composición.
Con un acentuado seguimiento de los contrastes dinámicos y la estructura armónica de la Sinfonia “La Passione” el director determinó una lectura que fue fiel a la pureza estilística del autor, llevando a la orquesta a reflejar con fidelidad tal propósito desde una perfecta asunción de los precisos postulados de la obra, adaptando su sonoridad a los patrones clásicos con gran eficacia expresiva. Así supo transmitir el carácter de tensión contenida que el maestro Jais quiso enfatizar en el Adagio, tras cuya lamentación energizó el sonido de la formación alicantina en la ejecución del Allegro di molto siguiente, llevando la cuerda a lucirse en todo el esplendor de articulación de que es capaz. Del tercer movimiento destacó principalmente el tratamiento dado a los vientos en el trío dejando una sensación de luminosa sonoridad. El director impulsó con implacable energía el Presto final dejando una sensación de apasionado clasicismo que luego tendría su continuación en la segunda parte del concierto que fue dedicada a Mozart.
La programación de su vigésimo quinta sinfonía significa siempre un acontecimiento artístico de primer orden dada la trascendencia emocional de esta obra que prestigiosos tratadistas la califican de maestra, por la ruptura que en ella se da con el clasicismo temprano al prevalecer los sentimientos por encima de la forma. Tal pretensión creativa ha sido muy respetada por el maestro Jais tratando de equilibrar las cuatro trompas, de diferente tonalidad por parejas, con la intensidad de los oboes y la sincopada cuerda, combinación que tiende a desencajar la métrica del compasillo en el Allegro con brio inicial así como en el Allegro final, movimientos en los que el compositor delata un aire dramático y nervioso articulado por un uso considerable de tremolando y melodías inquietas y angulares, no siempre favorecidas por la conjunción deseable del sonido de los cuatro instrumentos de metal antes señalados. La interpretación entró en una mejor respuesta en los movimientos centrales, especialmente el Menuetto que el director indicó con un especial sentido dramático. Con este mismo aire terminó su interpretación dejando al oyente en un estado de inquietud que la orquesta pudo transmitir con eficaz expresividad.
El concierto entró en su momento más relevante con la segunda intervención de Roberta Mameli cantando el motete Exultate, jubílate que, para la tesitura de los castrati, compuso Mozart en Milán el año 1773. Su calidad de soprano especializada en Mozart confirmó la superación del desafío que significa siempre la interpretación de esta variada obra, haciendo con brillantez el aria con la que se inicia, que da nombre a esta pieza de curioso contenido religioso, realizada con alegre y regocijante apasionamiento. Seguidamente fue preparando, desde cierta contención dinámica del recitativo Fulget amica diez, el tercer pasaje Tu virginum corona, un aria en tempo andante en la que la soprano demostró su enorme capacidad lírica, para terminar con el momento más esperado de esta pieza, el Alleluia, en el que hizo todo un despliegue de virtuosismo y coloratura, poniendo punto final a un concierto que significó todo un ejemplo de cómo las pasiones humanas tuvieron cabida en la creación musical clásica de finales del siglo XVIII con plena carta de identidad. Director, solista y orquesta han realizado en esta ocasión un gran trabajo para dejar patente la enorme belleza alcanzada en tal empeño por Haydn y Mozart.
José Antonio Cantón
ADDA-Simfònica de Alicante
Solista: Roberta Mameli (soprano)
Director: Ruben Jais
Obras de Franz Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart
Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 23-XII-2025
Foto © Christian Warren Ganser