Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Sokolov y la no innovación en el repertorio - por Juan Berberana

Madrid - 27/02/2026

La reseña al concierto anual de Grigory Sokolov, en el ciclo de Grandes Intérpretes (en definitiva, el programa en el que centrará su gira anual) del año pasado, la titulamos “Sokolov y la innovación en el repertorio”. Era así, tras varios años en los que el ruso estuvo incorporando piezas en sus programas que pueden calificarse de inusuales (Byrd, Purcell…). Un esfuerzo de resultados desiguales, pero no por culpa del pianista, sino más bien por la endeblez de algunas de las obras. Este año parece volver a la ortodoxia (como ocurrió en 2024), al dedicar el programa a dos de sus autores favoritos, Beethoven y Schubert. De ahí el título elegido para este año. Peros: ninguno, probablemente. Lo que ocurre es que quizás nos supo a poco. Las dos piezas fundamentales del programa, la Sonata num. 4 de Beethoven y la Sonata num. 21 de Schubert ya las conocíamos, en las manos de Sokolov, desde hace más de 25 años. A principio de los 90 (cuando el ruso empezaba a impresionar a los públicos de occidente, tras una primera juventud alejada del relumbrón mediático) las incorporaba con frecuencia en sus programas y, con el tiempo, el sello Naive las llevó al disco (las primeras grabaciones oficiales en vivo del ruso, en puridad).

Lo que sí pudo compensar ese subjetivo déficit, era comprobar si los años habían modificado en algo la concepción de ambas obras. La respuesta es: apenas. Es curioso la dispar evolución que algunos genios de la interpretación han tenido con el paso de los años. Pocos (pienso más en los directores de orquesta, donde el cansancio y las limitaciones físicas de la edad condicionan menos que en los intérpretes de instrumentos) conservan la misma visión musical en obras tan marcadas como las comentadas, con una diferencia de tiempo tan amplia en su ejecución. En esto Sokolov parece también ser fiel a sí mismo.

Por eso nos maravilló, pero no nos sorprendió, la grandeza de su ejecutoria. La Sonata de Beethoven es una de las obras más rompedoras, para piano, de la juventud del de Bonn. Beethoven todavía trabajaba con el piano del clasicismo (estructura en exclusiva de madera, teclado de solo cinco octavas…) y esta Sonata lo lleva a sus límites físicos, como pidiendo algo más que le permitiera poner en valor toda su desbordante creatividad. Una obra que suena con mayor lógica (y desde luego menos tensión) en un piano moderno que en uno de la época. Sokolov opta por una lectura relajada. Ajena a esa supuesta tensión. Incluso en el Largo (probablemente el momento de mayor exigencia). Su Beethoven es de una ortodoxia absoluta y de una belleza musical innegable. Más rutinarias resultaron las Seis Bagatelas opus 126 (que aspiró a interpretar sin pausa entre obras, aunque el público no se lo permitió).

La mayor expectativa estaba, sin duda, en volver a escuchar la crepuscular obra de Schubert. Y fue, en esta inmensa Sonata, donde más nos sorprendió la similitud en la lectura (al menos en lo que mi memoria me permite) con la grabada hace 35 años y registrada por Naive. Sokolov siempre ha optado por una lectura lenta, repleta de introversión y melancolía. Pero en todos los movimientos. No solamente en el extenso moderato inicial y en el posterior andante. Igualmente mantiene este impulso calmo e introspectivo en el Scherzo y Allegro final. Otros grandes (pienso en Richter, con quién se le suele asociar) diferenciaban de manera marcadamente intencionada los dos primeros movimientos de los subsecuentes. En el caso de Richter, incluso más reposados los dos primeros, aunque nerviosos y apremiantes los dos finales. Lo cierto es que el Schubert de Sokolov sigue siendo de una nobleza y belleza incomparable. En eso no ha cambiado. Como tampoco ha cambiado el concierto paralelo de propinas, como siempre nutrido de piezas incluidas en los programas de años pasados (Chopin, Brahms…). También en esto el ruso es el mejor…

Auditorio Nacional hasta la bandera. El ruso cuenta con esa cualidad (ya quedan poc@s) de atraer a un público variado solo con el reclamo de su nombre. Presencia de la que parece dejará de ser Vicepresidenta del Gobierno (se agradece su interés por la música clásica, francamente. Como también se agradece que haga cola a la entrada pacientemente, como el resto de asistentes) y añadido, en el escenario, de una treintena de invitados (entendemos que de la organización) que, en algunos casos, no supieron guardar la debida compostura que su ubicación requería (con comentarios entre ellos, mientras el artista interpretaba).

Siguiente parada, la joven pianista rusa Eva Gevorgyan (21 años). Mi consejo, para aquellos que no encontraron localidades para disfrutar del gran Sokolov, es que no pierdan la ocasión de disfrutar de otros pianistas. Es más fácil encontrar entradas y también se disfruta enormemente.

Juan Berberana

 

Grigori Sokolov, piano.

Obras de Beethoven y Schubert

Auditorio Nacional, Madrid.

Ciclo Grandes Intérpretes (Fundación Scherzo)

 

Foto © Álvaro Panda

89
Anterior Crítica / Incisiva Elisabetta, lírica Stuarda en Bilbao - por Darío Fernández Ruiz
Siguiente Crítica / Sólida interpretación historicista - por José Antonio Cantón