Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Sinfónica de Tenerife, Paul Lewis y Víctor Pablo, de héroes y soldados - por Darío F. Ruiz

Santander - 29/08/2025

El Festival Internacional de Santander entró en la recta final de su septuagésimo cuarta edición con el concierto que la Orquesta Sinfónica de Tenerife y Paul Lewis bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez ofrecieron la noche del jueves 28 en la Sala Argenta del Palacio de Festivales. En los atriles, con el argumento de una misma tonalidad, el Concierto para piano n.º 5 “Emperador” de Beethoven y la Sinfonía n.º 9 de Shostakovich y repartidos por el escenario, diversos micrófonos que llevaron muy lejos, a través de la señal de Radio Clásica, lo que allí pasaba.

El celebérrimo Emperador se presentó en una lectura de tiempos por lo general ágiles, al menos si los comparamos con los de Bernstein y Zimerman: 20’12’’ de Pérez frente a los 20’45’’ de Bernstein en el primer movimiento, 7’43’’ frente a 9’07’’ en el segundo, y 8’20’’ frente a 10’46’’ en el tercero. Esa urgencia, esa premura, unida a ciertos detalles de articulación —como el sforzando que nos pareció apreciar en los tresillos del tutti de la sección central del primer movimiento o el marcado staccato de la cuerda, incluso en los primeros compases del segundo— acentuó ese carácter marcial que el propio Beethoven quiso dejar claro anotando en el margen de la partitura las palabras “¡Canto de triunfo para el combate. ¡Al ataque! ¡Victoria!”. Fue la suya, en definitiva, una interpretación titánica, pero no se lea esto en su acepción de desmesurada o excesiva, sino como adecuada al carácter rebelde y desafiante de ese periodo en la obra del genio de Bonn en la que ya vislumbramos un nuevo horizonte estético.

Por su parte, Paul Lewis se ratificó desde los primeros compases como el gran maestro que es, imprimiendo el justo tono improvisatorio a esa sucesión de arpegios, trinos, escalas y acordes partidos que constituye la introducción. El pianista inglés nos ofreció, como acostumbra, un Beethoven rebosante de colores y acentos personales, con un acusado sentido del rubato y un timbre cristalino que refleja un equilibrio expresivo entre sobriedad y libertad, lejos de la exuberancia de una Khatia Buniatishvili en el concierto de Tchaikovsky, pero igualmente dotado de voz propia. Por eso, el público santanderino, degustador de pianos y pianistas, solicitó calurosamente una propina que Lewis no tardó en conceder: parte del Allegretto en do menor D.915 de Schubert (3’31’’), cantado con el mismo sentido de medida y claridad.

En la segunda parte, la no menos belicosa Sinfonía n.º 9 de Shostakovich encontró en Víctor Pablo Pérez un director muy atento a su cambiante expresividad. En el Allegro inicial (5’43’’), de aire neoclásico, Pérez estuvo particularmente inspirado en la exposición del tema jovial que le sirve a la cuerda para dialogar con las maderas hasta la irrupción del trombón, enérgico, casi burlón. Otro tanto podemos decir del segundo movimiento, (Moderato, 8’29’’) y la creciente tensión que fue generando poco a poco. En los tres últimos, encadenados sin interrupción, la orquesta canaria dibujó a sus órdenes un monumental, perfectamente delineado arco de contrastes que, comenzando con un enérgico Presto (5’04’’) y pasando por el solemne y oscuro Largo (2’39’’) llegó al brillante Allegretto final (6’21’’).

Los aplausos, de nuevo, fueron nutridos y la propina, muy coherente, no se hizo esperar: la sobrecogedora marcha fúnebre de The good citizen de Shostakovich (8’10’’). Triunfo de la orquesta insular y su director y antesala de otros tres conciertos sinfónicos que pondrán fin a esta edición, dos de ellos con la Gewandhaus de Leipzig y Andris Nelsons en el podio. Ahí es nada.

Darío Fernández Ruiz

 

Orquesta Sinfónica de Tenerife

Paul Lewis, piano

Victor Pablo Pérez, director

Obras de Beethoven y Shostakovich

74 Festival Internacional de Santander

Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria

 

Foto © Pedro Puente / FIS

16
Anterior Crítica / Tres conciertos dispares, feliz remate de un Festival - por Luis Mazorra Incera