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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Y la nave va - por Juan Gómez Espinosa

Madrid - 30/04/2026

El cuarteto como un barco. Con esta comparación abrió la velada el violinista Cibrán Sierra. Barco que se alegra al cruzarse con otro, pero que también siente dolor ante la pérdida de un gran timonel como fue Günter Pichler, fundador de esa nave legendaria bautizada como Alban Berg Quartet. A la memoria de ese gran maestro estuvo dedicado el concierto del Quiroga. Este homenaje dice mucho de la condición humana de la agrupación. Condición humana y humanista, ya que el evento se estructuró en torno a dos tonalidades hermanadas, Mi b Mayor y Do menor. Dos familias de alturas con las mismas notas alteradas, aunque, mientras la primera recoge todo el brillo posible, la segunda profundiza en la oscuridad.

El Cuarteto Quiroga es pura, rabiosamente humano en sus interpretaciones. No existe frase melódica ni armonía que sus componentes no luchen. No existe pieza que no merezca recibir aliento. Se valen de técnicas individuales magistrales, pero también de una capacidad de análisis gramatical y emocional fuera de lo corriente. Quedó demostrado en la primera pieza, el Cuarteto en Mi b Mayor op.20, n.1 de Haydn. Por supuesto, la obra está perfectamente escrita (¡es Haydn!) pero, sin un empuje como el de estos cuatro portentos, podría ser solamente correcta o incluso aburrida. El Quiroga presentó en ella lo que sería la tónica de la tarde, lo que supone en realidad la tónica de su labor cualquier día: imaginación desbordante en articulaciones, fraseos, tempi y matices. También, la cantidad de perfección e imperfección justas (algún derrape en ataques o afinaciones), porque nada hay más humano que la imperfección. Todo, repito, gracias a una técnica fabulosa (de las que se permiten impurezas), pero también a una actitud lúdica ante los pentagramas. Y entre frase y frase, ese milagro que constituye el comunicarse casi por telepatía a la hora de coincidir en discursos imprevisibles. Con otros cuartetos puedes adivinar las intenciones. Con este, imposible. Y esa es parte de su magia.

Humanidad y humanismo, pero también humanitarismo. La segunda pieza, el Cuarteto n.8 de Shostakóvich, es un grito de dolor ante el sufrimiento del fascismo y las guerras. Y emplea el Do menor para gritar en el abismo. Sierra de nuevo se dirigió al público. Esta vez invitó a todos a ver a las víctimas de las tragedias del siglo XX como a las actuales, las que mueren en Gaza, Líbano, Ucrania, Sudán del Sur. Y Shostakóvich acertó en su profecía porque no fue una profecía, sino la constatación de que el ser humano daña al ser humano. Y el Quiroga acertó con unas cuerdas rasgadas hasta lo sangriento. Al final, diez segundos largos de silencio e inmovilidad sintetizaron aquel grito. El público que no se levantó para aplaudir se quedó hundido en la butaca.

La segunda parte la ocupó de nuevo la luz de Mi b. El Cuarteto n.12 forma parte de esa última tanda de seis que tanto devastan la tradición como se abren al futuro. Beethoven siempre es Beethoven, y parte de su esencia consiste en que le habría encantado ser del todo luz o del todo sombra, pero no lo consiguió. Demasiado crítico para lo primero, demasiado amoroso para lo segundo. Por eso su acritud y su vehemencia en los abrazos. Así fue Beethoven en su vida y en cualquiera de sus páginas, incluso en las más nimias. Este cuarteto no es nimio en absoluto, sino gigantesco, abrumador en los movimientos vivos pero, sobre todo, en su amplísimo Adagio. El Quiroga ni se amilanó ni mostró señal alguna de cansancio. La misma capacidad "minera" en armonías, fraseos, articulaciones y estructuras.

Tras el concierto, Sierra de nuevo tomó la palabra para preguntar qué se puede tocar después de ese Beethoven. La respuesta, en forma de propina, fue Bach, la Sonatina de su Cantata BWV 106, Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit, también conocida como Actus tragicus. Música que parece, y sólo parece, recogerse con sencillez. Preludio a la humanidad.

Lo he escrito en otras ocasiones y lo repetiré: el Quiroga es uno de los dos mejores cuartetos de cuerda españoles. El otro es el Casals. Mientras este barco navega con elegancia, el primero se lanza riéndose contra las tormentas. Formas diferentes de navegar, pero ambas extraordinarias. Lo defenderé siempre. No hay más que observar el arco de Helena Poggio, alargado hasta el infinito o cortado en decenas de células; el virtuosismo en la viola de Josep Puchades; a Cibrán Sierra bailando sobre la banqueta todos los pulsos para recogerlos a la perfección; a Aitor Hevia lanzando ondas telepáticas al resto de la tripulación. Soy persona de paz, pero estoy dispuesto a llegar a las manos con quien lo discuta. Bueno, en realidad no podría. Estaría yo insultando a la humanidad de estos músicos.

Juan Gómez Espinosa

 

Círculo de Cámara. Temporada 25/26.

Obras de: Franz Joseph Haydn (Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, op. 20 nº.1 Hob. III:31), Dmitri Shostakóvich (Cuarteto nº8 en do menor, op. 110) y Ludvig van Beethoven (Cuarteto de cuerda n.º 12 en mi bemol mayor, op. 127).

Intérpretes: Cuarteto Quiroga

Fecha y lugar: 26 de Abril de 2026. Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes  de Madrid.

 

Foto © CBA / Nacho Martín

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