Con un grado de concentración que sólo puede entenderse desde el que se ha de tener en un profundo acto de oración, la violista Isabel Villanueva se dispuso a iniciar su recital y por ende el Ciclo de Cámara de la presente temporada del Auditorio de Diputación de Alicante (ADDA) con su versión de un himno monódico escrito por la mística alemana del siglo XII Hildegard von Bingen que sirve de introducción a su último trabajo fonográfico titulado Ritual, publicado en el sello GRAN SOL de la plataforma Viola Power, en el que hace toda una declaración del concepto de rito entendido desde la música, contrastando estilos de autores que distan entre sí centenares de años con el denominador común cual es el difícil entender el arte de los sonidos en el espacio y en el tiempo como un ejercicio cultual de profundo y sustancial significado cuasi litúrgico.
El elocuente silencio del público que asistía a su concierto en la sala de cámara del ADDA cargaba la atmósfera de su excelente acústica de un sobrecogimiento que se palpaba materialmente como elemento consustancial a la enorme belleza de esta singular pieza que lleva por título el primero de sus versos, O virtus sapientiae, un himno musical en el que la abadesa presenta y convierte la virtud de la sabiduría en un atributo santificador que rige en el universo desde el primer acto de creación divina. Sólo el recogimiento con el que la violista ofrecía su discurso imponía un grado de atención que sobrepasaba el sentido de la escucha llevándolo a una dimensión en cada uno de los espectadores a una pura experiencia personal.
En un arriesgado ejercicio de contraste, Isabel Villanueva se adentró en el concentrado pensamiento musical del compositor rumano-húngaro György Kurtág (1926) con tres de sus aforísticas creaciones que integran los veinticuatro números de su obra Signos, juegos y mensajes para solo de viola, que determinan la variada esencialidad de su creatividad musical, como quedó de manifiesto en una excelente lectura de la vigésimo primera, In Nomine-All'ongherese, invitando desde su enigmático discurso cadencioso a una actitud meditativa en el oyente, cerrando así el grupo de tres que constituía esta primera aproximación a Kurtág dispuesta en el orden del programa.
Éste llegaba después a uno de sus momentos singulares con la adaptación para viola de la Segunda Partita para violín en Re menor, BWV 1004 de Juan Sebastián Bach con la que la intérprete supo demostrar la irradiada capacidad tímbrica de su instrumento, construido por el lutier germano-italiano Enrico Catenar el año 1670 en Turín, comunicando el vital aire de danza de la Allemande que abre la obra, el sutil estilo italiano que requiere la Courante subsiguiente, la emotividad que consiguió ante la belleza de los acordes que contiene la zarabanda, situada en tercer lugar, y los contrastes dinámicos que acentuaba en la giga antes de introducirse en la atmósfera de la imponente chacona, uno de los monumentos musicales más grandes surgidos de la mente humana. El compromiso adquirido con esta obra por parte de Isabel Villanueva es digno de admiración por cómo desentraña las partes y el todo de su soberbia estructura, haciendo que las posibilidades armónicas y contrapuntísticas fluyeran en todo momento con un grado de sonora espiritualidad que hacía honor a la tensión ceremoniosa que impregnaba a este muy bien pensado programa de muy calculados efectos emocionales para el público.
Seguidamente la violista volvió a Kurtág con la interpretación de la decimoquinta pieza de la colección antes mencionada que está dedicada a la memoria de Tamàs Blum, director de orquesta húngaro que supo valorar las cualidades creativas del compositor, motivo por el que éste le tuvo siempre en gran consideración personal y profesional. En ella Isabel Villanueva demostró su depurada técnica de la doble cuerda haciendo que de la viola surgiera una sorprendente espacialidad y amplitud acústica.
Para cerrar su actuación, esta gran intérprete navarra escogió una de las obras de violín solo más relevantes del siglo XVII como es el celebrado Passacaglia del compositor bohemio Heinrich Ignaz Franz von Biber que cierra aisladamente y en solo su famosa colección conocida como Sonatas de misterio para violín y continuo en Sol menor C90-105, que significó todo un colofón a tan arriesgado, comprometedor y excelso programa, definitivamente completado por una magistral repetición como bis de la oda de Hildegard von Bingen con la que Isabel Villanueva inició su recital para goce de un público plenamente entregado a la destilación musical surgida de esta singular instrumentista, llamada a consolidarse como uno de los más significativos valores musicales de su generación.
José Antonio Cantón
Recital de Isabel Villanueva (viola)
Obras de Hildegard von Bingen, György Kurtág, Johann Sebastian Bach y Heinrich Ignaz von Biber
Sala de Cámara del Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 11-I-2026