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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Salvados por Savall: confesión general e indulgencia plenaria - por Darío Fernández Ruiz

Santander - 25/03/2026

La Sala Argenta del Palacio de Festivales santanderino acogió el pasado domingo 22 de marzo uno de esos conciertos que, más que escucharse, parecen vivirse en un plano distinto, como si durante dos horas la música suspendiera o incluso nos redimiera del ruido y las fatigas del mundo exterior. Frente a la histérica realidad que nos rodea, la propuesta de Jordi Savall, Le Concert des Nations y la Capella Nacional de Cataluña —en esta tercera edición cántabra de sus academias YOCPA— fue un auténtico bálsamo, una experiencia de rara coherencia y penetración estética.

El programa, de inequívoco carácter cuaresmal, invitaba a una suerte de retiro interior y se abría con el oratorio Cristo en el monte de los olivos de Ludwig van Beethoven, obra irregular pero fascinante, escrita —como cabe sospechar— en quince días. La lectura de Savall supo acentuar ese tránsito de lo convencional a lo revelador: desde una introducción de discreta elocuencia, de ecos haydnianos, hasta unos coros finales de discípulos que, súbitamente encendidos, parecen rasgar el velo y mostrar al Beethoven más teatral, al compositor que intenta plegarse a las exigencias de la música sacra y que, al mismo tiempo, no teme abrazar su instinto operístico. Fue precisamente en ese ascenso, en esa sublimación de un drama que se libra por dentro, donde la interpretación encontró su pulso más convincente.

En la segunda parte, la inspiración alcanzó una altura difícilmente superable con Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Joseph Haydn, página de una espiritualidad depurada hasta lo esencial. Aquí Savall, profundo conocedor de la obra —ahí está su celebrada grabación para Alia Vox—, desplegó todas las virtudes que tantas veces hemos alabado y que le han convertido en referencia para los aficionados más curiosos e indagadores: el sutil equilibrio entre planos sonoros que su batuta, como vara de un nuevo Moisés, separa y ordena para evitar que se confundan en un marasmo indistinto, una belleza tímbrica que nunca cede a la complacencia, el nervio rítmico siempre vigilante, la nobleza del fraseo y, sí, esa palabra tantas veces usada —sensibilidad— que en el movimiento justo y sereno de sus manos recupera todo su sentido. Hubo momentos en los que uno tenía la impresión de asistir no tanto a una interpretación como a una revelación y le parecía, como a Salieri en Amadeus, que oía una música de auténtico perdón llenar el teatro, confiriendo a todos una perfecta absolución.

A circunstancia tan propicia -teniendo en cuenta el calendario litúrgico- contribuyó en gran medida la Capella Nacional de Cataluña, que, preparada por Lluís Vilamajó, ofreció una lección de empaste y ductilidad impresionante, capaz de tronar con autoridad o de plegarse en un susurro casi intangible, siempre al servicio de la palabra y del sentido dramático. A su lado, en el apartado solista, los cinco cantantes intervinientes rayaron a gran nivel, comenzando por la primorosa soprano Elionor Martínez, la expresiva mezzo Lara Morger o los prometedores tenores Emanuel Tomljenovic y Ferran Mitjans y concluyendo por el sólido barítono Manuel Walser.

Pero más allá de los logros técnicos —indiscutibles—, la sensación que nos queda, transcurridas ya unas horas, es que Savall nos ofreció algo más profundo: una forma de salvación a través de ese sonido verdadero en cuya búsqueda sigue afanado sin reparar en que quizás ya lo ha encontrado. En un juego pueril e inevitable con su propio nombre, podría decirse que el maestro Savall volvió a salvarnos —aunque solo fuera por un momento— mediante la belleza. Y no es poco: salir de la sala con la sensación de haber sido reconfortado, de haber participado en una vivencia que nos reconcilia con lo mejor de nosotros mismos, es el mayor triunfo al que puede aspirar la música.

Darío Fernández Ruiz

 

Le Concert des Nations, la Capella Nacional de Cataluña, Elionor Martínez, Lara Morger, Emanuel Tomljenovic, Ferran Mitjans, Manuel Walser y Jordi Savall.

Obras de Beethoven y Haydn.

Sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander

 

Foto © Eric Altimis

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